Cuba y el Potemkine

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

En el año 2020 existen todavía países donde la prensa es el verdadero baluarte de un poder que ordena y manda a través de páginas escritas, vendidas o regaladas, radios, televisiones, que obedecen como un solo hombre a un poder central, que lo apoya y que se apoya. Son los países comunistas y colaterales. Si esa prensa dice que va a llover y sale el sol, la culpa es de los imperialistas. Y hay que hacerle caso. Porque la prensa oficial nunca se ha equivocado en ningún régimen del mundo. Ni en Estados Unidos. Pero al contrario de China, por ejemplo, de Cuba nos llegan a Europa—algo imposible hace solo unos años años—informaciones divergentes a través de publicaciones digitales que dan noticias sobre la situación del país totalmente distintas de la prensa oficial. Curiosamente ha sido una publicación norteamericana, o quizá no sea tan curioso, FaceBook, extraña batiburrillo que al lado de la candidez de mensajes, bromas, chistes malos, escritos más o menos reivindicativos donde se admiten como una prueba de candidez hasta las faltas de ortografía, la que ha puesto el dedo en la llaga.

Facebook es la publicación que da la mayor publicidad a la prensa oficial, publicando constantemente fotos de actos que parecen sacados de otra vida del periodismo, casi prehistórico. El embajador que presenta cartas credenciales –¿qué diario occidental prestaría hoy atención a semejante memez?—todo tipo de actos propagandísticos aunque sea la maravillosa labor de esas brigadas de médicos cubanos, alabados en el mundo entero, que aunque realizan una labor excepcional fuera de casa son un escaparate de propaganda del régimen que ya no se sabe si es socialista o socialista-capitalista.

Mientras esas fotos preciosísimas del embajador o del ministro aparecen en la prensa oficial, por la que se filtra por Facebook y otros conductos te enteras de la viejecita que estuvo cuatro horas en una maldita cola para que un funcionario pagado por el Estado quisiera darle una botellita de aceite, que probablemente costaría casi su paga del mes. O el kilo de arroz medio podrido que le costó a esa otra ama de casa medio día bajo el sol. Todo ello perfectamente ilustrado hasta con videos.

Cuba no solamente está en guerra contra Estados Unidos, porque así lo manda Washington, sino debería estarlo contra los corruptos que manipulan en las calles de la Habana. Patean si hace falta a la viejecita, deja que la gente se apretuje con el peligro del Coronavirus y roba, a mansalva, descaradamente. La guerra contra la corrupción y todo tipo de abusos que ponen en juego la vida de la gente necesita un castigo ejemplar. No quizá el empalamiento al estilo del siglo XIV en Francia y en la Plaza de la Iglesia pero un paredón aleccionador que reviente a los aprovechadores de la miseria. La prensa oficial cubana ha sido cortocircuitada por Facebook y excelentes publicaciones clandestinas o no pero que no se venden en las calles de La Habana que cuenta esas mamarrachadas indignantes que todos los días o casi se producen en las calles de La Habana y probablemente de otras ciudades. Que se respete a esos ciudadanos que no van a robar sino a comprar. Muchos de ellos pasó muchos años, algunos hasta 60, luchando para que la Revolución triunfase y no fuera un pretexto de Estados Unidos para atacar a un país que no molesta a nadie. Porque no solo falta aceite sino a veces, y es lo grave, ese medicamento sin el cual el viejo se muere de miedo por lo menos. Pero el enemigo está en el interior. En esas tiendas de estado o de lo que sea donde se estafa al que va a comprar, donde se le da, dicen algunas publicaciones, basura en cuanto pueden, y donde nunca hay lo que cualquier cubano, cualquier persona tiene derecho a exigir. Y no es solo el embargo es también la corrupción de los listos que siempre han existido y se aprovechan del mal abastecimiento. Y te dan gato por liebre, según reza un cuento europeo de la II Guerra Mundial.

Que cada tienda tenga una dotación de soldados con los fusiles preparados para romperle el alma al primer traidor. Que se acaben los aprovechadores. Todos los regímenes, comunistas o no, los han combatido siempre con rabia. No creo que en China, ese país adorado por los europeos, se atrevan a cometer tamaños desmanes con la gente. China no tiene un ápice de libertad pero sabe que a la gente hay que darle convenientemente de comer para que produzca. Y a los ladrones un tiro en la cabeza. Cuando leo que un ama de casa habanera consiguió hacer un rico guiso con una patata y no sé que hierbas, algunas de las cuales ella misma cría en su casa, me dan ideas de Acorazado Potemkine. Que saquen de nuevo las bayonetas y que se lleven a los malhechores que engañan a gente que solo quiere comer y vivir. Y que no tengan que hacer colas durante horas para conseguir un poco de gasolina. Déjense ya de cuentos. Pongan las fotos de los ladrones en la primera plana de Granma con sus biografías bien detalladas. Ese día podremos decir que la libertad de prensa ha vuelto a La Habana.

No metan a gente en la cárcel porque su opinión difiera de la oficial. Guarden esos calabozos para los ladrones que probablemente presumen de haber sido héroes y de ser revolucionarios de postín. Sin piedad.

En cuanto a las tiendas, el dependiente deberá tener la obligación de servir lo mejor que tenga y acompañando a la señora de turno con una sonrisa y unos buenos días cordiales hasta la puerta. Y al que se salga del guión, que los soldados les pongan derecho con las culatas de sus fusiles.