El papel de tu vida

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Son muchos años los que llevabas creyéndote sino el rey del mundo por lo menos el principito. De pronto, sin necesidad de que se nos venga una pandemia encima, notas que algo ha cambiado. Ya no eres el triunfador, el que la gente busca porque sabe que puedes enseñarles algo. De golpe y porrazo, te das cuenta de que te han borrado del mapa de la gente importante. Ya no estás en la agenda de casi nadie y por mucho que miras, indagas, notas que no cuentas para nadie, ni para los más allegados. Te pasas las noches pensando por qué la cama es más grande, el teléfono más silencioso y los que fueron amigos permanecen silenciosos. Un día un gran actor francés me explicó que lo que más pánico le daba es que su teléfono estuviese silencioso. Ya ni le llamaban a horas indebidas para proponerle aquel papel por el que hubiese dado media vida. Llegó un momento en que apenas salía, temiendo perder una llamada y decenas de veces al día levantaba el teléfono para ver si funcionaba. Llegó a la conclusión de que la culpa era del aparato. Claro que le llamaban pero el aparato estaba defectuoso. Se compró el más moderno además de un portátil que nunca había utilizado y que le costó mucho aprenderlo. Durante algunos días se lo pasó bien simulando llamadas para probar. Hasta que se cansó. Pero los teléfonos siguieron silenciosos y las amables muchachas de telefónica perdían ya la paciencia con sus llamadas acusándolas de no pasarle las comunicaciones. Una mañana en la que lucía un sol de buen augurio, el teléfono fijo sonó por fin. No se lo creía. Dejó que llamara varias veces antes de descolgar tímidamente.

 

–Buenos días. Mire le llamamos para ofrecerle una póliza deceso. Es lo que hay mejor en el mercado actualmente. Tiene usted todos los servicios, incluso el traslado de doce personas…

Y para que le voy a decir el precio, es in-cre-i-ble.

Quedó con el teléfono en el aire sin saber qué hacer. ¿Y si fuese una productora que quería probarlo antes de ofrecerle un papel? Entonces siguió la conversación. La muchacha estaba encantada y él, de vez en cuando, lanzaba una frase con fuerza y talento. Cuando colgaron estaba seguro de que dentro de un ratito volverían a llamar para formalizar la contratación de su papel. Sonó el timbre de la puerta. Se precipitó y encontró a un joven con gorra que le entregó solemnemente una carpeta. Apenas se fue la abrió. Era la póliza de deceso todo muy bien detallado. Sonrió un poco amargamente pero luego lo entendió todo. Le daban la posibilidad de componer un papel difícil, el del hombre que está a punto de morir y adquiere la certeza de que su entierro será de primera. Pasó tres días ensayando hasta que estuvo seguro de que nadie podría hacerlo mejor. Entonces llamó al número de la voz bonita. La muchacha estaba encantada.

-Le llamo porque ya me sé el papel. ¿Cuándo quiere usted que nos veamos?

Hubo un silencio en la línea del teléfono fijo recién sacado de la caja y la muchacha volvió a hablar.

-Pero señor, usted ya nos ha comprado una póliza de deceso. ¿Necesita algo más? ¿Tal vez otra para alguno de sus allegados?

De pronto comprendió. No era ninguna productora. Le habían vendido una póliza de seguro de muerte y ya está. Le invadió una angustia muy fuerte por el pecho. El médico le había dicho que pese a sus 78 años, cuidándose, su problema cardíaco no le molestaría. Doce horas después, el teléfono volvió a sonar, el fijo, pero él ya no podía responder. Estaba tirado en el suelo apretando convulsivamente la bonita póliza que le habían vendido. Al día siguiente se presentó en el piso la policía acompañada de un señor que era el hijo del actor.Los agentes dieron cuatro vueltas por el piso mientras el heredero trataba de arrancarle a su padre el papel que tenía apretujado en la mano derecha. Entonces, el imbécil del hijo sonrió y enseñó el papel a uno de los agentes con una sonrisa satisfecha:

-Fíjese qué hombre más precavido era mi pobre padre. Había suscrito incluso una póliza de deceso…