Cuba se va de caza por ciudades y montañas

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Desde hace 59 días, cuando irrumpió en Cuba el virus inmundo de la mano de  tres turistas italianos, voy por igual de la esperanza al susto y no dejan de sorprenderme los científicos cubanos. Han estado ahí, entre más silencios que elogios, desde que a Fidel se le ocurrió que éste sería “un país de hombres de ciencia” y como solía hacer se puso al frente de la creación de los primeros polos científicos. Y ahora, cuando la pandemia ha llevado a Estados Unidos a tener más muertos en dos meses que en todos los largos años de la guerra en Vietnam y la bola pica y se extiende, en momentos en que los pronósticos económicos globales son escalofriantes y en este país nos adentramos en otra crisis de esas que reflotan aquello de “apaga y vámonos”, estos señores de palabras cortas y pensamiento enorme no solo mantienen con vida la salud del país, sino que van por mucho más. A partir del arsenal desarrollado durante décadas, ya cuentan con kits propios para diagnosticar el nuevo coronavirus, y como en esta isla pobre y bloqueada por EU todo tiene que ser a lo grande, la invención será aplicada gratuitamente a grupos poblaciones aparentemente sanos, desde las ciudades hasta las montañas “para saber cómo se mueve la infección en el país”, en el decir del doctor Francisco Durán, especialista en epidemiología y septuagenario hipertenso que cada mañana camina hasta al Centro de Prensa Internacional de La Habana para informar a los cubanos de cómo va la lucha nacional contra la covid-19. Los isleños están –estamos- erizados con las personas asintomáticas que sin saberlo portan y transmiten el virus, y los hombres y mujeres de ciencia no se conforman con que la curva de contagios prevista por matemáticos y sociólogos ande por debajo del mejor de los escenarios previstos para este mes. “Ahora que estamos ganando esta pelea no podemos descuidarnos”, insiste el presidente Díaz-Canel. El 8 de mayo, el país cumulaba mil 741 contagios, y descontando 74 fallecidos, mil 78 curados, y los extranjeros evacuados mantenía ingresados 587 casos activos.

Según Durán, en la caza masiva se combinarán el tradicional diagnóstico por PCR, con el nuevo sistema de diagnóstico rápido de tecnología nacional y marca SUMA, que comenzó a utilizarse en el país con los enfermos de SIDA y “ha sido transformado en tiempo record” a fin de enfrentar la nueva epidemia. “Las fortalezas de ese sistema son muchas, entre ellas que obviamos todas las calamidades que nos impone el bloqueo y contamos para procesar las muestras con laboratorios en cada municipio del país”.

Indudablemente vivo en un país de sorpresas y contrastes, donde comprar una libra de pollo o un litro de aceite de soya o tres jabones de tocador es una Odisea mayor que la que se inventó Homero. Isla pequeñita ésta que ha estado durante casi 60 años entre las prioridades para destruir su estilo de vida de todos los mandamás de Washington. Plaza a la que se le exige más y más. Y al mismo tiempo lugar en que sin bulla –otra rareza en un país que parecería no poder vivir sin ella-, unas señoras y unos señores que hablan menos, mucho menos de lo que son capaces de crear, se han dispuesto a hacer lo que nadie ha hecho todavía:  irse de caza por todas partes para que el bicho que nació en China no siga jodiendo los de aquí y a los de más allá.