Euromillones, fútbol y virus

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Los astros mundiales del fútbol también tienen su alma y sus carteras, porque tienen varias. Es incluso posible que piensen en la eternidad, que vayan a misa el que quiera y el que no se vista de penitonto en la Semana Santa. Tienen una gran ventaja. Los que cuentan, los que juegan en los grandes equipos, Paris St. Germain, Barça, Real Madrid, Atlético de Madrid son multimillonarios. Tienen dinero como ganas de tenerlos la mayoría de los periodistas que les hacen carantoñas, que los alaban, que los visten de seda, que los tratan como reyes magos, como intelectuales del balón, de las zapatillas, que son más caras que las que Cenicienta pudo nunca soñar. En Europa andan revolucionados, cabreados, descontentos, porque una pandilla de sinvergüenzas que rigen estos negocios quieren a toda costa que vuelvan a jugar cuanto antes, aunque sea a puerta cerrada, sin espectadores. Pero que los dineros, los millones de euros a raudales, entren por todos los poros ambiciosos que tiene el futbol. Aunque el único espectador sea el mortífero Coronavirus, de nacionalidad china. Pero ya hay futbolistas de élite que saben leer y escribir y que se forman o los forman. Y dicen muchos de ellos que no quieren campeonatos ocultos, donde no haya público, pero donde veintidós jugadores se rocen, se tropiecen, se coman las babas durante la acción mientras el virus chino, el coronavirus, está al acecho. Qué excelente bocado para ese bicho que los chinos nos han regalado recién salidos de sus laboratorios maquiavélicos que no se le hubiese ocurrido ni a un guionista de Fu Manchu, aquellas terribles películas racistas sobre los chinos con coleta. Uno de esos jugadores, una estrella, según me dicen, ha dicho alto y claro: “Yo no volveré a jugar mientras no haya una vacuna contra ese virus”. Y otros se lo están pensando. Pero las grandes federaciones internacionales no se dan por vencida aún a sabiendas que el contagio puede producirse simplemente con que dos futbolistas se rocen un poco fuerte o la saliva o el sudor de uno caiga en el otro.Hay que reconocer que cuanto más lío hay con este tema es en España donde el fútbol es una auténtica locura. Es la primera preocupación de todo macho ibérico.

La verdad es que hace vivir a muchísima gente. No solo a los jugadores, muchos de los cuales son millonarios, sino a entrenadores (tres cuartos de lo mismo) y todo un personal que depende de que los estadios estén llenos con entradas que a veces cuestan más que lo que algunos de los espectadores ganan en un día. Sin contar con los viajes incluso al extranjero para acompañar a sus equipos, que es otro de los rubros más rentables para toda una serie de industrias como agencias de viajes, compañías aéreas, hoteles, cervecerías, bares, etcétera.

Todo esto en nombre del fútbol. Un español preferiría perderse una noche con la más deseable de las mujeres que un partido, sobre todo fuera de casa. Pero los hechos están ahí. Los grandes ases, que tienen a su alrededor más contables que el Banco de Nueva City se han apresurado a disminuirse considerablemente o no sus sueldos, una rebajita para que el club del que dependen no tengan que cerrar falta de pagos.

A estas alturas no se sabe cuándo van a empezar las ligas, aunque los tiburones de la federación española proponen soluciones como que se jueguen varios partidos en un día, sin tener en cuenta las consecuencias coronavirux que pueden tener esos esfuerzos. Algunos jugadores están dispuestos a todos los sacrificios pero los que ya tienen bien cogida la salten por el mango no quieren jugarse la salud a una carta, puesto que la salud, además de posible incapacidad por un tiempo supone para ellos la continuación de una carrera que a veces han tardado algunos años en asentarla suficientemente para ser famosos y poder ir de club en club con fichas millonarias y sueldos de vértigo.

El que se niega a jugar sin vacuna contra el bicho chino sabe muy bien lo que hace. Y lo hace. Prefiere un tiempo de inactividad a infectarse con el virus y empezar un recorrido médico que no sabe adónde puede llevarle.En las largas emisiones que las radios españolas dedican regularmente, todas las noches, a los problemas y otras filosofías del balompié, alguno ha soltado como el que no quiere la cosa que no se fían demasiado de los médicos del club que pueden incitarles a saltar al campo sin que el peligro del contagio haya desaparecido. Y para esto no hay fecha.Pero tarde o temprano el lío se arreglará. Porque, ¿se imaginan la cantidad de periodistas que se quedarían sin trabajo si los estados tuvieran que ser convertidos en pistas de tenis?