Terror

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Son las dos y pico de la mañana en La Habana. La caza de alimentos en colas y más colas donde ronda el coronavirus ha terminado por hoy. Pero ya hay que preparar el desayuno, pensar en la comida del mediodía. Los cubanos siempre han tenido dificultades para aprovisionarse, pero últimamente es peor. Hombres o mujeres van en busca de las nuevas tiendas donde deberían podera bastecerse. Pero hay que hacer frente a las colas, a las peleas, conseguir alimentos de uso común no es nada fácil. Pero los habaneros llevan sesenta años luchando a diario por el menú del día. No andaban las cosas tan mal hasta que apareció el bicho de China, que convirtió el mundo en trincheras donde solo combaten los médicos, enfermeros y el resto del personal sanitario para salvar a los que la autoridad ha mandado quedarse en casa, no moverse de casa, para no dar ocasiones al coronavirus. Cuba, la bella, la tranquila, donde aparte de la escasez de todo llevaba una existencia apacible, con los primeros turistas que por vez primera venían de Estados Unidos, por avión y hasta por cruceros, dejando algunos dólares. Estaba el país en pleno delirio turístico cuando apareció el bicho, el misterioso bicho que nadie hubiese imaginado. Venía de China. Por cierto, no se ha oído al presidente de China, Xi Jinping, decir nada, excusarse, pedir perdón como gente civilizada. Es verdad que él no pertenece al tercer mundo. Viste trajes Armani y sus mujeres, las mujeres de toda la alta burguesía china, pasa regularmente, como las japonesas, vacaciones de compras en las boutiques más prestigiosas en París.

Con las 4.37 de la mañana en mi isla, el último pueblo europeo que abre el Mediterráneo y da paso a África. Todo está en silencio. Una riada de taxis con luces verdes hace guardia en una explanada. Las calles están vacías. Los bares cerrados. Todo está cerrado a cal y canto. Dentro de cuatro o cinco horas abrirán las tiendas, donde hay que entrar ordenadamente, con mascarilla, para conseguir comida más cara que nunca. Las mascarillas ya son una inversión. Se dice que hay gente que se ha hecho rica trayéndolas desde donde sean, algunas apenas servibles, casi de papel transparente, otras más sólidas y algunas hechas a mano en el pueblo.

Cuando amanezca en este pueblo playero, donde el mundo entero venía a bañarse a tomar el sol, donde ya nadie viene, donde todo el mundo está asustado, aterrorizado, será un día más de pánico.

La Habana está a ochocientos kilómetros y a seis horas de diferencia de Madrid, donde también hay muchos cubanos, como en este pueblo donde yo vivo y donde paso el día contemplando las calles vacías, los pocos coches que tienen autorización de circular. Dicen que pronto dejarán que los niños puedan dar un paseo por la calle, supongo que es para que no la olviden, para que los más pequeños sepan que el piso donde viven no es todo el mundo.

Luego… Da pena leer que en Cuba también cae gente víctima del bicho. ¿Qué tiene que ver La Habana con nosotros, que por razones políticas siempre estuvimos en la primera fila del enfrentamiento entre el Este y el Oeste. ¿Dónde estaba China? Cuando vivía Mao Tse Tung se sabía. Ahora solo sabemos que es un país cada día más rico, aunque haya millones de gente que muera de hambre (tiene mil millones de habitantes, decía la leyenda).

Parece que no pasa nada. Aquí, en Europa todo parece tranquilo. En América, en el Caribe la gente duerme, pensando en el día que pronto estará de nuevo para luchar una vez más por sobrevivir.

¿Acaso no saben allá en China que Cuba luchó por crear una Revolución, que no lo hace cualquiera, durante sesenta años? ¿Acaso ignoran que pese a tantos años de luchas y de privaciones, los cubanos han luchado como caballeros, sin usas armas bacteriológicas, y eso que están rodeados, apaleados, por los Estados Unidos, que a estas horas siguen contando sus muertos por el coronavirus.

¿No puede haber paz? ¿De qué sirven las ideologías similares para no distinguir entre capitalismo y comunismo?

¿Hay que morir por el capricho de un señorito con ganas de que le llamen Emperador? ¿La crueldad existe de esta forma tan bárbara, tiene que existir?

Son las cinco de la mañana en Europa del jueves 23 de abril, cuando deberíamos estar celebrando la primavera, con la arena de la playa preparada para los nórdicos. Dicen que este año no habrá playa, no habrá nórdicos, no habrá nada. Nada más que terror.

Terror.