Deber , Querer y Tener

José Dos Santos | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

En mi caso particular, como el de muchos cubanos que dependen de otros para su cotidianidad, vivo en callada zozobra los momentos en que mi esposa enfrenta el complejo -y a veces inútil—desafío de buscar vituallas en nuestro entorno, máxime en la medida que la pandemia se acerca a nuestro vecindario.Ya conocimos que el cercano Consejo Popular Acosta, de nuestro capitalino municipio 10 de Octubre, ha entrado en nueva fase de distanciamiento social, que cada vez deja de ser solo recomendable y deviene hecho obligatorio, para lo cual deberán adoptarse medidas más radicales que los regaños y amenazas de multa.

Y de pronto se me ocurre, como diría alguno de mis ancestros adictos a refranes, que “no hay mal que por bien no venga”, ya que a esos ciudadanos les acercarán, de forma organizada, segura y al costo que está establecido, los productos básicos y algún añadido del que se disponga, sin necesidad de “andar las calles”,  la que debe enfrentar mi valiente compañera, no a diario, como hacía antes de que la covid-19 se convirtiera en indeseable y amenazante problema, pero sí cada vez que se entera de… “llegó el pollo (el habitual y el añadido)”, o “el queso crema a granel” –como sucedió hace un rato– o cualquier otro artículo necesario para el día a día. Yo lamento mucho lo que afronta y trasluce en sus habituales narraciones, llenas de razonamientos (porque no es de las que se queja por deporte) y trato de sacar de ellas consideraciones que podrían ser consejos, si alguien con oído atento las escuchara.  Ese es el caso de los “puestos de viandas y hortalizas” cerrados en nuestro entorno, porque se les obliga a vender su mercancía a precios que no compensan el costo de lo que le suministran  –intermediarios, productores o vaya a saber quienes— sobre los cuales al parecer no se ejerce la misma exigencia. Los molotes, más que colas, pululan en mi desierto y avejentado barrio, a pesar de que no hay la indisciplina y negligencia que existe en otros puntos de la ciudad –de las que conozco por comunicación de amistades. No se siente aún que las experiencias mostradas en abundancia en los medios de prensa nacionales, en otros territorios, tengan algún impacto entre los encargados de la materia en mi entorno.

Ella y yo respaldamos la convocatoria nacional de QUÉDATE EN CASA, para así contribuir al paulatino control de la pandemia del nuevo coronavirus.  No solo debemos, sino queremos cumplir con ese sensato llamado a favor de la salud de todos. Sin embargo, esos deseos se frustran, en especial en su caso, cuando TIENE que salir para garantizar lo imprescindible y seguir voluntariamente encerrados.