“¡¡¡Tiburón!!!”
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

España acaba de vivir una de las más trágicas Semana Santa de toda su historia. Por primera vez fuera de acontecimientos como la guerra civil, los famosos pasos, sobre los que se pasean anualmente por estas fechas por las principales ciudades del país pero sobre todo las del sur a Jesús, María y otros personajes ce la epopeya de Jesucristo tallados primorosamente desde hace varios siglos, se quedarán en sus garajes en espera de tiempos mejores. Para España, la Semana Santa, además de ser el acontecimiento religioso del año es uno de los momentos más importantísimos para la industria del turismo. Aunque España atrae durante todo el año a millones de visitantes, la Semana Santa es el super gran negocio turístico de primera importancia y que todo el mundo espera, empezando por los propietarios de bares y de tiendas diversas. Por otra parte, con el buen tiempo que suele reinar en esta época, las playas se llenan de visitantes, que por la tarde y noche asisten a las procesiones en las que cofradías poderosas y muy bien organizadas pasean por todas partes a los principales personajes de la Pasión. Este año no habrá Semana Santa debido al coronavirus y las calles de estos días de fiesta religiosa y pagana estarán aburridamente vacías, ya que la autoridad prohíbe las congregaciones para evitar la acción del virus mortal. Las playas, donde los propietarios de los chiringuitos (bares) se preparaban a llenar sus arcas, están vacías, e incluso están prohibidas porque se teme que el bichito venido de china y que ha provocado cientos de muertos en todo el mundo tengas ganas de jugar en la arena. Es como si el famoso actor Roy Scheider, disfrazado de sheriff de una isla a la moda de Estados Unidos hubiese aparecido repentinamente por la arena gritando “¡¡¡Jack!!! (Tiburón) y la gente saliese espantada del agua porque los tiburones estaban al acecho. Los enormes bichos que se tragaban a los bañistas asustan menos que los ejércitos de coronavirux.

Aquella película filmada en 1973 por Steven Spielberg la recordarán estos días con inmensa amargura todos esos propietarios de chiringuitos (bares playeros) que esperaban estas fechas para asentar sus finanzas. Pero los fieles católicos, que son multitud sobre todo en el sur de España, la provincia mayor del país, no han querido renunciar a esas fechas para la que miles y miles de cofrades, participantes de las cofradías (poderosas asociaciones religiosas de Semana Santa) se habían preparado durante todo el año, con la misma intensidad que se preparan unos Juegos Olímpicos o un campeonato del mundo de cualquier especialidad deportiva.

La actitud de las autoridades ha sido muy firme. No habrá procesiones para evitar la concentración de miles y miles de personas durante toda una semana en las calles de ciudades como Sevilla o Málaga. No hablar. No se quiere que el coronavirux aproveche la oportunidad para ponerse las botas. En España ya no se sabe dónde meter a los muertos. A diario llegan aviones cargados con mascarillas para proteger a los viandantes y de todo tipo de material médico que se compra en cualquier parte del mundo.

Se calcula que la multitud de las procesiones que duran día y noche durante siete días podría haber convertido lo que ya es un drama extravagante pero religioso en una espantosa tragedia sin límites. Pero como los andaluces no renuncian fácilmente y han estado preparando todas estas admirables procesiones desde hace un año, se las han ingeniado para que nadie las olvides.La principal cadena radial andaluza transmite las procesiones del año pasado “adaptándolas” a los tiempos del coronavirux y locutores muy bregados en estos menesteres hacen vivir a la gente a través de los receptores de radio esos momentos que para la gente del sur sobre todo son inolvidables e irrecuperables.

Las autoridades no podían, por supuesto, prohibir estas retransmisiones que realmente están realizadas con tal pericia que el espectador se cree en una calle de Sevilla o de Málaga detrás de su “paso” preferido. Las grandes formaciones religiosas, y ricas, que son las cofradías, auténticos imperios religiosos, cuyos dirigentes son respetados y poseen una autoridad que va más allá de lo espiritual, están encantadas con esas dramatizaciones de las procesiones, aunque las calles estén vacían y los taberneros tengan sus establecimientos cerrados.

Pero el sur de España es un país donde la pillería reina por si sola y donde el ingenio es impresionante.La policía ha tenido que parar algunas mini procesiones “clandestinas” y de barrio. El caso más sonado hasta ahora ha sido una misa que fieles sin miedo a nada habían organizado en pleno día en una azotea de un barrio popular de Sevilla.Naturalmente, si la mayoría de los andaluces son fervientes de las procesiones, católicos más o menos ocasionales que repetirían mil veces aquel grito de ¡París vale una misa!, hay gente atea y que no comulga con la iglesia católica ni con sus ritos. Cuando más entusiasmados estaban los fieles de la azotea, la verdad es que eran pocos, con el sacerdote, auténtico, que presidía el acto, una patrulla de la policía se presentó a carga de la brigada ligera y aplicando el principio de que se prohíba que la gente se amontone, se junte más de lo necesario, siempre por el maldito e infiel bicho chino, los echaron a todos. Dicen que no hubo palos y que ante la acción de los anti semana santa que posiblemente fueron los que alertaron a las fuerzas del orden, la misa acabó repentinamente.