Las controversias de trovadores
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Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

 

 

 

 

Quéjate a la culpable de tu infortunio

Y no a La Habana que te dio el galardón.

Si allá en oriente también cantan torcazas

Do gimen sinsontes,

Aquí en La Habana

Son las tardes rosadas…

Corona hace mención a María Petronila, que recién había abandonado a Sindo. Otro compositor de la época, el oriental José Cardona, a quien llamaban “Manolico” Dos Cabezas, y que en aquel momento se encontraba preso, también le respondió a Sindo:

“Contestación de La Habana”

Sindo sublime de glorias y honores,

Celaje divino que sirve de espejo,

Así como el mar nos da sus reflejos,

Y las olas bulliciosas no manchan sus colores.

Habana, región de terrestre perfidia

Donde la envidia hace su creación,

Si allá en La Habana también cantan torcazas,

Aquí en Oriente son muy ricas sus minas

Y extensos sus montes.

Si allá son grana y de rosa

Y está el galardón de ser capital,

Aquí están las cunas de los grandes patriotas,

Y aquí la invasión surgió hasta triunfar.

Según Sindo Garay, las controversias de los trovadores eran muy originales. “Nosotros teníamos como armas la música y la poesía, y con ellas discutíamos las cuestiones que suscitan estas fraternales disputas. Recuerdo que una noche en el parque Trillo de La Habana, un poco antes de iniciar el recorrido que acabo de relatar, un grupo de cantadores nos pusimos a discutir sobre las llamadas “contestaciones”. Se fueron encandilando los ánimos y la cuestión acabó en una reyerta tremenda en la que la policía tuvo que intervenir. Los hechos se repitieron en varios lugares, evidenciando el regionalismo que influía a los trovadores. La cosa llegó a tal extremo, que el ministro de Gobernación, que en ese entonces era Facundo Regüeiferos, prohibió que continuaran efectuándose polémicas de este tipo. Un poco más tarde, me dio algo así como un sentimiento y quise desagraviar a mis congéneres”.

“Habana querida”

Por tus calles, Habana querida,

He vivido mis noches bohemias

Y jamás he lanzado blasfemias

Que pudieran tu honor maltratar.

Cual fantasma que vaga en las noches

Volveré tu recinto a cruzar

Y esta tierra sagrada y bendita

Con mis lágrimas vuelvo a regar.