Cuba y los kits que no llegaron
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Manuel Juan Somoza

La Habana

En medio de tanta tragedia repartida, cuando el tiempo se escapa entre seguir y reportar el curso del virus en la isla sin olvidar la mascarilla y el cloro al salir de casa, pasan casi inadvertidos informes de todos los colores, muchos de ellos tan dramáticos como la misma rapidez con que la pandemia crece. En Ecuador, donde hasta los cementerios son propiedad privada, se queman en las calles a los muertos cuando el sistema sanitario ha colapsado; a Estados Unidos llega la ayuda china y rusa para evitar que ese país sume los 100 mil muertos que auguran los pronósticos; y aquí nos enteramos que un donativo de tapabocas sanitarios, kits de diagnóstico rápido y ventiladores para salas de cuidados intensivos están a la espera de su traslado a La Habana a causa de esa política estadounidense que mantiene inconmovible la soga al cuello de cada uno de nosotros.

El embajador cubano en China, Miguel Pereira Hernández, relató que “el 22 de marzo, a medida que la pandemia seguía avanzando, Jack Ma, fundador de Alibaba, el gigante electrónico chino, destinó a 22 países de América Latina y el Caribe dos millones de mascarillas, 400 000 kits de diagnóstico rápido y 104 ventiladores. Entre los beneficiados estarían Cuba, Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, República Dominicana y Perú. Ma ya había enviado 500 000 kits y un millón de mascarillas a Estados Unidos haciendo caso omiso a los dichos xenófobos y racistas de Donald Trump; todavía el 30 de marzo –prosiguió el embajador –  se anunciaban envíos adicionales de ventiladores, guantes y trajes médicos protectores.  Sin embargo, entre tantas noticias y anuncios, uno de esos envíos no llegó a su destino porque la transportista contratada declinó su encomienda bajo el argumento de que las regulaciones del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra el país de destino (Cuba), recrudecido por la administración de turno en EE. UU, le impedían hacerlo”.

La guadaña sigue su paseo por el planeta a causa de un bichito ante el cual los humanos no hemos creado anticuerpos y para vencerlo solo cuentan la inteligencia, la disciplina ciudadana y la solidaridad global. Imposible suponer o esperar entonces que Trump y su circo entiendan de inteligencia y desprendimiento; hasta hace una semana hablaba el mandatario que EU volvería a la normalidad a mediados de abril, y desde hace 48 horas cambió el discurso y ahora hace esfuerzos por presentarse compungido a la vista de la prensa.  Por tanto, en la mayor isla del Caribe no se esperan milagros de allá,  y con bloqueo y amenazas, con largas colas por escases de alimentos y combustibles,  se aplican cada hora nuevas medidas sanitarias y la mayor parte de la gente las practica a partir de un sistema de salud público que llega desde las ciudades a las montañas. Hasta el primero de abril, para reforzar la detección del virus, se habían pesquisado casa a casa a ocho millones 686 mil 63 personas de una población de 11, 48 millones. Y por otras vías, también de China, se recibieron 100 mil kits para pruebas rápidas que en 24 horas comenzaron a ser aplicados. Quizá por todo ello, en 23 días de enfermedad en expansión aquí solo se han reportado seis fallecidos.

“Las cosas para Cuba siempre son más difíciles”, dijo el embajador Pereira al destapar el envío de la ayuda que no pudo partir, pero hace más de medio siglo en este país se ha aprendido esa lección y aunque hay lamentos cuenta sobre todo la esperanza generalizada de que también de este hueco negro se saldrá, como se ha salido de otros muchos, cuando las voluntades se suman en un solo sentido.