Cuba, COVID-19 y el equilibrio del globo

Manuel Juan Somoza

La Habana | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Parto del convencimiento pleno de que la humanidad sobrepasará el nuevo Coronavirus como antes hizo con otras pestes inmundas.  Y no es optimismo sato, ni locura de repentina primavera, la humanidad cuenta con conocimientos y recursos suficientes para imponerse, aunque a estas alturas todavía pesen demasiado las estupideces de quienes solo viven para sacar cuentas y repletar sus bolsillos. Esos también entrarán en caja porque nadie, absolutamente nadie, podrá salvarse solo.

Los chinos consideran que será en junio cuando al menos podamos suspirar.  Donald Trump, optimista o más tolete que de costumbre, vaya usted a saber, dice que en abril los estadounidenses deben volver al trabajo porque de lo contrario caerá la economía. Los japoneses pospusieron las Olimpiadas. Y en esta diminuta isla del Caribe, de donde han salido más de 200 médicos, enfermeras y técnicos de la salud hacia 15 países a fin de ayudar a plantar cara a la pandemia, en abril regirá una economía de guerra con planificación centralizada día a día a fin de repartir lo poco que se tiene, así como restricciones al consumo interno y a las importaciones.

Pero saldremos de este desbarajuste y cuando lo hagamos es probable que nos encontraremos con un nuevo equilibrio mundial. ¿Qué países saldrán fortalecidos?, ¿cuántos tendrán que pedir agua por señas?, ¿qué lecciones sacará la humanidad?, ¿qué ocurrirá con los éxodos forzados, con el hambre crónica en muchas partes, con la miseria y las guerras regionales?.  Imposible adelantar conclusiones, de momento solo hay tendencias a seguir.

Cuando la pandemia saltaba de China y del resto de Asia para instalarse maldita en Europa con su centro en el norte de Italia; cuando los empresarios no querían suspender el fútbol, no por los aficionados como suelen decir, sino por las ganancias que representa; en momentos de marchas multitudinarias en Madrid por el 8 de marzo; mientras en América imperaba la calma, Miguel Hernán, profesor de epidemiología y bioestadística en la Universidad de Harvard llegaba a una conclusión dramática.  Del lado de acá del mundo se “ha desperdiciado un mes para preparar el enfrentamiento a la enfermedad”. Y eso se está pagando bien caro. Desde finales de diciembre, los chinos se fajaban casi solitos con el virus, nosotros dormíamos con tranquilidad y esa falta de previsión de quienes tienen la obligación de prever -para eso también les pagamos-  embarcó al viejo continente al extremo de que ahora el repudiado ejército rojo ruso ha ido en ayuda de Lombardía   -¿y la OTAN?-, en tanto médicos y especialistas chinos debieron asesorar a los italianos en el enfrentamiento.

Lo del ejército ruso en Italia y lo de los chinos asesorando ya por muchas partes –al final Trump dejó a un lado su reticencia y se dignó a hablar con Xi Jinping- es una de las nuevas tendencias que ha disparado la pandemia. Hace varias primaveras, en torno a un Johnnie Walker etiqueta negra pregunté a un entrañable y experimentado amigo: “¿Qué buscan los chinos con la modernización?”. Y él, que regresaba de la segunda de sus largas temporadas de trabajo profesional en el gigante asiático, como antes hizo en India y en Afganistán cuando entraron las tropas soviéticas, me respondió sin pensarlo dos veces: “Pasarle la cuenta a Occidente por lo mucho que los han jodido”.

Todo se irá desentrañando cuando el Covid-19 inicie la retirada. Lo que toca ahora es estar protegido, ayudar con lo que se pueda y observar las tendencias. Estados Unido dejó su cuestionada neutralidad y entró en la Segunda Guerra mundial cuando europeos y rusos habían pagado una altísima cuota (en este momento es el país con mayor transmisión del virus). Después lanzaron su Plan Marshall para ayudar a Europa Occidental, frenar a la Rusia soviética y de paso llevar a su favor el equilibrio del mundo. Veremos entonces cómo queda la distribución de poderes en el globo cuando finalice este maldito 2020.