Cuba y los sueños
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

¿Y por qué Julien Assange no pide asilo político en Cuba? El periodista de Wikileaks, aquel que nos dio a conocer la tropelía de monstruosidades que se cometían a través del mundo y a la máxima altura, desde Cancillerías a Presidencias, está, o eso dicen, a punto de ser extraditado a Estados Unidos, adonde los amiguitos de los norteamericanos, los británicos, le mandarán aún a sabiendas de que irá directamente a un agujero que ya debe de haberle preparado el benefactor de los humildes, Donald Trump. Bueno, tampoco sabe uno si en La Habana lo acogerían con los brazos abiertos y con los líos y la mala voluntad de unos y otros cualquiera asegura que Julien no haría mejor, finalmente, pidiendo asilo en Andorra.Se me ha ocurrido en esta noche de insomnio lo de Cuba porque, aunque ustedes no se den cuenta o hagan como que no lo ven, este país se está convirtiendo en una paradoja social, diplomática y de todo un poco.Resulta, de pronto, sin previo aviso, que a los cubanos, que les costaba Dios y un riñón coger un autobús, comprar gasolina o ejercitar cualquiera de esos derechos que se refieren a los desplazamientos de las personas, tienen ahora la posibilidad de comprar coches extranjeros, sí, desde luego extranjeros, porque en Cuba todavía no los fabrican.El caso es que ya se pueden adquirir sin necesidad de ningún permiso gubernamental, lo cual, si es verdad, ya es un logro de tebeo. El único problema, según los más exquisitos, es el precio. Cuestan una burrada más que en Europa. Pero bueno, con un esfuerzo y ahorrando en todos esos productos alimenticios y otros que tanto escasean en los mercados…

En el extranjero no se han dado todavía cuenta de que la maquinaria de una nueva forma de hacer las cosas está zumbando en Cuba a toda vela. ¿Quién hubiera pensado hace solo unos meses que se podría comprar un automóvil en La Habana como si fuera un kilo de frijoles, más difíciles de encontrar a ratos? Estamos de acuerdo en que, según las noticias que nos llegan a nuestra malherida Europa, los precios no son para todo el mundo, pero la verdad es que nunca un automóvil ha sido para cualquiera.Estas consideraciones, desde Julien Assange a los neumáticos de los automóviles, van en el sentido de que, vista desde ocho mil kilómetros en línea recta, Cuba está dando muchas sorpresas. ¿El nuevo régimen ha conseguido la multiplicación de los panes en chorizo de cantimpalo y la transformación del agua en rico ron Havana?No sé qué decirles pero todo lo que oímos aquí en Europa alrededor de Cuba deja perplejo. Es como si fuésemos una de las naves de Colón y llegásemos a la Isla por primera vez.El número digital del diario Granma que tengo en la pantalla en esta mañana medio primaveral con arena del desierto en Canarias me deja cabizbajísimo. Solo he visto en su primera plana una foto de Fidel Castro, cuando no hace tanto no sabían dónde meter sus representaciones gráficas.En este número hay una sola de Fidel, otra de su hermano Raúl y una tercera del nuevo líder Díaz- Canel. ¿Cambio de rumbo?Pero el caso es que hace unas cuantas lunas, sorprendí este comentario que les voy a reseñar en el mismo Granma, firmado por una joven mujer llamada Leslier Díaz Monserrat, que no es amiga mía ni se quién es. Vaya esta explicación por delante porque la gente es muy mala y en seguida se peca de comentarios ociosos.

“Admiro –dice–a la gente que no se tira en la cama a ver cómo lo devoran los problemas. Admiro a la gente que se espanta los miedos todos los días al despertar.

“Al final la vida es eso, imponerse, dibujar caminos, no dejar que corra el tiempo sin hacer, al menos una buena obra.

“La vida tiene el sabor de los besos que das, el calor de los abrazos, el color de la gente que te quiere.

“La vida se construye sobre las huellas que dejas en los demás cada vez que ayudas al otro.”

¡Es pura filosofía capitalista de la que yo practico cada vez que me pongo delante del ordenador! Y yo no sabía que en Cuba había gente, y tan joven, que pensaba como el viejo que suscribe estas líneas. Es como para ponerse peluca turca después de arrancarse el pelo con una pinza afgana. Estoy convencido de que los cubanos, aunque no puedan comprarse el coche ese que vale cuatro veces más que en Europa sueñan, y eso basta. Los europeos estamos acostumbrados a soñar, aunque no sirve más que para amargarse la vida.Hace unos treinta años sorprendí a un montón de chiquillos en la capital de México que se dedicaban al ya casi extinguido oficio de limpiabotas, en una acera muy concurrida adonde daban escaparates de tiendas de las que a ellos los hubiesen echado a patadas.

Y los chiquillos estaban tan contentos. Parecían interpretar una película de Luis Buñuel, sabiendo que cuando hubiesen terminado el rodaje del día irían a ducharse y a ponerse guapos para irse de paseo.Creo que eso se llama esperanza. Pero esa esperanza está en todas partes. En Cuba, en México y en esta isla europea en la que yo baño mis preocupaciones y mis miedos.Yo también sé que nunca tendré el Mustang aquel de Bullit con el que siempre soñé. Tanto que he roto mi carné de conducir. Pero sé que podría tenerlo si le echara imaginación.En definitiva, se puede ser tan feliz con la imaginación como con la realida