Carta abierta a un amigo cubano

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Querido Pepe.

Imagino que La Habana debe de estar muy bella con las celebraciones y tanto turista. Qué lástima que a última hora no hayamos podido vernos. Pero aquí, en la rica Europa, tampoco atan a los perros con longaniza y los billetes de avión estaban caros. Otra vez será. Tengo muchas ganas de volver a tomar la lancha y visitar de nuevo a la Virgen de Regla. Yo le pido cosas desde aquí, pero estamos muy lejos para que me oiga y, además, supongo que tendrá muchísimo trabajo. Está visto que en todas partes cuecen habas o lo que se pueda. Ahora tenemos unos vecinos hindúes. Fíjate desde donde viene la gente a buscar trabajo a España. Creen los pobres que esto es El Dorado y se llevan chascos morrocotudos. En España hay muchísimo paro y un enviado de Naciones Unidas hizo estos días unas terribles declaraciones diciendo que había visitado en España barrios de ciudades que le hacían creerse en algún barrio de refugiados: “España está a la cola en redistribución de riqueza… Estuve en un barrio pobre con condiciones mucho peores que un campamento de refugiados, sin agua corriente, electricidad ni saneamiento”. Saltando a otra realidad, el relator de Naciones Unidas, Philip Alston, insistió en que uno de los problemas más acuciantes de España es el precio de la vivienda.La verdad es que este es un buen lío. Imagina que en lugares turísticos, que son muchos, toda la costa, que es vasta, la gente echa de sus casas cuando puede a los que viven en ellas desde hace muchos años para alquilarlas a precios prohibitivos a los turistas. Barcelona está tan invadida por el turismo que los barceloneses se quejan de que les han carcomido la vida.

Pero da igual. Casi todos los días, y creo que a veces hasta los telediarios se olvidan mencionarlo por la frecuencia inusitada, llegan refugiados africanos a las costas en lo que llaman pateras, cosas que flotan pero que muchas veces se hunden y lo peor es que la mayoría de los que van en ellas no saben nadar en pleno océano, que desde luego no es una piscina. Los buques de Salvamento Marítimo y Cruz Roja y otras organizaciones caritativas hacen una labor muy linda. Pero lo malo es que no todo es llegar a España, con la intención de seguir hacia otros países europeos. A algunos los meten en centros especiales donde los albergan una temporada y luego tienen que buscarse la vida. Y con el paro, tres o cuatro millones de españoles según quien cuente, es muy difícil ganarse la vida honradamente.

Desde hace algún tiempo también se ven en mi isla muchos cubanos, pero ellas llegan en otras condiciones. Como la mayoría tiene algún lejano pariente español, les es más fácil conseguir un permiso de residencia y algunos obtienen la nacionalidad española con cierta facilidad. Pero cuando llega la hora de buscar trabajo, el problema está ahí.

Lo peor es que la Unión Europea está formada ya por 28 países, una mayoría de ellos pobres pero sus ciudadanos disponen de un pasaporte europeo que les permite entrar y salir de España sin problemas. Los que más entran y se quedan temporadas son, por lo que leemos, porque hay que fiarse de la prensa, digo yo, antiguos combatientes de la guerra de los Balcanes, tipos muy bien equipados y entrenados militarmente que encabezan el ranking de las agresiones y robos violentos. Porque, al fin y al cabo, cuando te roban sin pegarte una paliza, pues bueno, algo es algo.

En ciudades como Madrid o Barcelona los carteristas, en general mujeres y muchachos jóvenes, hacen estragos entre los turistas extranjeros. Pero como ellos se las saben todas, los carteristas no los visitantes, procuran que su botín no pase de 400 euros. Así se las arreglan para que el juez de turno no sea severo, y, según me decía un amigo policía callejero, salen de la comisaría antes de entrar. Pero, mientras, a ti te han jodido el día.

Aquí en el sur extremo de España tenemos dos atracciones principales, la llegada de pateras, cargadas con desgraciados que se recorren media África a pie para llegar a una costa desde donde por unos tres mil euros debidamente pagados a los bandidos de traficantes, los meten en embarcaciones llamadas pateras y los conducen a la costa española. A veces consiguen detener al traficante que dirige la operación y que siempre trata de hacerse pasar por un migrante más. Y a mí me gustaría saben qué tiempo se quedan en la cárcel.

La otra atracción es la llegada de magníficas lanchas ultrarrápidas, tipo “Miami Vice”, que recogen en alta mar hachís o cualquier otra droga procedente en general del vecino Marruecos para llevarla hasta una playa española. Algunos turistas han tenido la sorpresa de ver llegar una de esas rapidísimas embarcaciones mientras se estaban bañando. Se acostumbra uno a todo. Por supuesto, el tráfico de hachís y otras monadas de droga, dicen los especialistas, son consecuencia del paro y de la necesidad de comer. Te cuento lo que me dicen. La verdad es que los bañistas se lo pasan bomba con esas escenas que parecen salida de una película de las de antes.

Ahora que Gran Bretaña se ha marchado de la Unión Europea (por fin, hubiese dicho el General de Gaulle, presidente y héroe guerrero francés, que estuvo mucho tiempo impidiendo la entrada de los ingleses en el primer mercado común europeo), no se sabe qué hará el casi medio millón de jubilados británicos que vive en España.

Hace ya muchos años, siendo yo corresponsal en Madrid de la Agencia France Presse, cada vez que desaparecía de Londres un gangster de alto copete, había que buscarlo en el sur de España. Marbella era donde más les gustaba residir. Todo el mundo sabía que estaban allí y solo salían en la prensa cuando había algún tiroteo u otro ajuste de cuenta. Si no pegaban tiros se les dejaba que disfrutaran.

Ahora Marbella, que ya no es la ciudad tan glamorosa de cuando princesas y otra nobleza en el exilio vivía y negociaba allí, es residencia de muchos rusos que al parecer prefieren estar lejos de la madre patria y de la policía rusa.

Bueno, querido Pepe, te voy a dejar porque empieza a llover y a mí la lluvia me pone el alma a media asta. Imagina que me vine a vivir aquí por el sol… Ah, pero antes algunas noticias de ese fútbol que tanto te gusta a ti. El Real Madrid y el Barcelona siguen siendo los mejores pero todos los días escuchas en las tertulias de la radio las barbaridades que se hacen los jefes de esos dos imperios. De todos modos, he llegado a la conclusión de que es más divertido escuchar cómo Messi tiene hipnotizada a toda una nación que los encantamientos de políticos de siempre. Ah, iba a olvidar lo mejor. Ahora que las mujeres se han apoderado de los mandos, hay ministras y otros altos cargos españolas por un tubo, las señoras y sobre todo señoritas han decidido lanzarse a la conquista del fútbol y ya tienen creo que hasta el proyecto de una federación, o quizá ya la hayan obtenido. El caso es que da gusto verlas jugar, porque al contrario de los hombres, que usan calzones más bien largos y desgarbados, ellas, todas jovencitas, llevan unos pantaloncitos que más bien parecen braguitas, bien ajustados y cortitos. Me recuerda a algunos momentos de cuando yo iba a bailar en La Habana.

Qué tiempos aquellos. Que la Virgen de la Caridad del Cobre te de ganas para seguir buscando gasolina, frijoles o lo que te haga falta. Es el precio que hay que pagar, digo yo, para vivir en una ciudad

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