Mi boda con La Habana

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Extraño día de primaverilla loca en mi isla africana donde anoche lloré hasta las 2.30 gmt pensando en cosas de otra vida, pensando en esa Cuba con la que mantengo un noviazgo desde hace treinta y cinco años, pero sin propósito de enmienda porque estamos muy lejos y porque los funcionarios cubanos no parecen que quiera que nos casemos.La cubanía la quieren para ellos y por mucho que les digo que Fidel Castro me dijo un día en el Palacio de la Revolución con gambas apocalípticas mojadas en Havana Club, bueno, me dijo lo que a ellos no les importa. Pero son funcionarios jóvenes que no entienden de amor sino más bien de sexo. Si ellos supieran. Si supieran estos imberbes lo que me contó Don Alfredo Guevara, ¿Qué ya no se acuerdan de él, banda de marranos?, en su suite del Hotel Nacional…Ya sé que a nadie le importa que Cuba y yo nos queramos, aunque haya celos en El Vedado, que es como el Eden de la ciudad, antes de que los nuevos chinos lo estropeen todo y planten maíz con margaritas y rábanos de Macao traídos de contrabando de Hong Kong. Estos últimos tiempos me decepciona mucho mi Cuba, esa que los cubanos no conocen porque es mía solamente y exclusivamente. Además muchos no piensan más que irse un rato a Miami a echar cuatro risas y creerse que han cambiado de hemisferio. O de régimen, porque como Trump es un bicho raro cualquier día se hace comunista norcoreano.Ya sé, pero no me lo repitan más, please, por favor, s’il vous plait, que ya no está Fidel Castro para echarme una mano con cualquiera de sus discursos, porque el tío sabía hablar de todo, de cine, de literatura y de mujeres. Cállense, malas pécoras que por no saber no saben si Granma es un barco o un periódico.El Granma de lectura me está fallando últimamente. Ante me contaba cuentos de reconquista y yo me veía vestido de cruzado habiendo dejado a mi señora en el castillo de la Calle N con su cepo para evitar que tuviese tentaciones pecaminosas, porque ya se sabe que las mujeres, por enfermas que estén a ratos de ese nuevo virus llamado feminismo… Que no, que no, que no te puedes fiar, y menos de una cubana que en seguida te canta las cuarenta y te dice que ella tiene todos los derechos del hombre.

Anoche recibí carta de mi novia habanera. Ella, como es un ente me escribe a través de una preciosa amiga que tenemos en El Vedado y me cuenta cosas primorosas. No entiendo cómo no la han nombrado ya Poetisa de La Habana, Primera Dama de La Habana. Para ella esta ciudad que tiene desde hace cuarenta años casas que se caen o que están por caerse a la par que unos insensatos construyen hoteles super con fibra óptica para el gozo y rebozo de los gays, ustedes perdonen pero me gusta más decir maricones, que vendrán de muchas partes del mundo.

Pero me cuentan que el presidente Trump, Pato Donald para los más íntimos, ha hecho saber a su departamento de Estado que no quiere que los maricones viajen a Cuba con pasaporte norteamericano. Pero ya veremos.Tengo ganas de llorar porque se me ha ido un amigo cubano, un estupendo escritor que ya es autor de uno de los mejores libros sobre Cuba que deberían poder leerse a gritos en la Plaza de la Revolución, “Crónica desde las entrañas”, apunten desbocados  malcriados en la fe de la desdicha del analfabetismo. Un espía mío, al que invité a frijoles con queso suizo de vaca holandesa en un paladar que está subiendo por la Rampa y siguiendo el sol de mediodía, me ha confiado cosas.Me ha dicho el muy desgraciado que este amigo querido, enorme periodista, está preparando otro libro sobre Cuba. Ya lo hemos perdido porque ahora se convertirá en autor con plata y dejará de escribir las sabrosas crónicas que nos mandaba para nuestra revista Newsonmagazzine

Pero es mi sino. Mi matrimonio con La Habana es imposible por culpa de funcionarios retrógrados que me exigen el formulario 521-xc-675, que no encuentro por ningún lado. Lo último que se porque me lo ha dicho una vieja amiga que fue Comandante en las fuerzas Revolucionarias es que ese impreso ya no existe. Que lo mandó quemar su antiguo marido en una monumental borrachera cuando Batista salió corriendo en smoking hacia Miami. Ya sé que hay amores imposibles. El de La Habana conmigo por ejemplo, porque los puñeteros cubanos son muy suyos y no quieren que entre en la familia un francés que transitó por la nacionalidad española y nació, válgame la Virgen de Regla, por la cultura árabe y últimamente cose sus crónicas en un sofá adonde todas las mañanas le visita Jesús el Nazareno.Además, me han revelado otras fuentes de cretinos embadurnados de un helado de crema fresca, el principal obstáculo para mi matrimonio es que mi padre fue jefe de los servicios secretos de Franco, el dictador que los españoles acaban de desenterrar de un lugar que parece Disneylandia.

Mi padre ya murió hace tiempo. Le pegaron un balazo a traición. En su guerrera verde olivo que guardo en un armario de baquelita especialmente construido en las montañas del Rif, allá en Marruecos, está el agujero del tiro traidor.Pero ni por esas. El funcionario de la Circunscripción 2289-¿-xr24 sigue diciendo que no, que no habrá boda. Que si quiero casarme con La Habana que le lleve diez kilos de tomates de los que se cultivan en las cuevas de mi isla africana. El muy imbécil no sabe que allí no hay tomates, sino pepitas de oro diamantíferas. Pero como es un funcionario, raza castrada por Dios… Pero volveré, como decía mi tio MacArthur. Y entonces se va a armar la marimorena. Y nos casaremos en la playa, por el rito de los gatos pardos que Ulises encontró en la isla donde tuvo que hacerle un hijo cuajado de diamantes africanos a una bruja, la más bella que hubo en el mundo.

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