Cuba, presiones, escasez, ansiedad y estupidez

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Ocurre lo que tenía que ocurrir cuando el Emperador del Norte aprieta más las tuercas y agudiza aquí la escasez de combustible, alimentos, medicinas y otros productos de primera necesidad, generalizando la ansiedad y poniendo en evidencia, una vez más, las incapacidades de la economía nacional y la estupidez congénita de esa enorme burocracia que manda en Cuba hasta en el detalle de servir un buche de gasolina. Más de millón y medio de familias están afectadas por falta de gas licuado luego de que Estados Unidos presionó y obtuvo la cancelación de contratos con la empresa extranjera que los suministraba; hay desabastecimiento de leche y derivados por falta de liquidez para pagar en punto a los suministradores foráneos; hoy se distribuyó medicamento por las farmacias del oeste de La Habana y en la barriada de Kohly la gente saltaba de la larga fila para comprarlos a otra similar para adquirir papas por la libre. Los mercados tienen sus estantes casi vacíos y aunque la gente no se va a la cama a soñar con comida, como ocurrió en la crisis anterior de los años 90, la inquietud aumenta y los contrarios al rumbo de la nación quieren hacer zafra. Así ha sido durante los últimos 60 de forcejo -a veces hasta con tiros y bombazos-, entre los que aquí siguen un camino distinto al que proclaman los de allá. Y como ahora son millones los cubanos con acceso a Internet desde sus móviles, pues esos artilugios han devenido parte de la batalla. Si se desprende un balcón y mata a tres niñas, como ocurrió hace semanas en La Habana, desde las redes sociales llegan los llamados a la sublevación; si falta el agua potable en zonas de la ciudad, se habla de barricadas de vecinos que nadie puede confirmar, pero se habla; y si en la oriental Ciudad de Santiago de Cuba la gente se tira a la calle con ánimos de linchar a un tipo acusado de violar a una niña de ocho años y la policía interviene para evitarlo, pues se incita también a la violencia.

Y en esta inquietud social generalizada, que hasta ahora no ha ido más allá ,  tampoco falta la miopía de los burócratas. El doctor José Rubiera, diputado a la Asamblea Nacional, principal caza huracanes del Caribe y una de esas personalidad singulares que se hacen respetar por unos y otros, acaba de escribir en su cuenta en Facebook que después de horas esperando para comprar gasolina tuvo que enfrentar el cierre de la venta porque la persona encargada de venderla tenía que cenar y a su jefe, ¡bendito jefe!,  ni se le ocurrió sustituirla para no echar más leña al fuego de la ansiedad.

 “El bloqueo provoca escasez, el consumo es afectado, se crean sentimientos de ansiedad constantes, los medios contrarrevolucionarios intentan conectar a las personas al odio, les mienten, las movilizan, manejan con destreza los hilos del rencor para convertir a las personas en una bomba de tiempo”, alertó hoy el oficial diario Granma, y agregó “la guerra económica contra la isla se incrementa, siguiendo el recurso de culpar a la víctima. Como bien dice el precepto de guerra no convencional, se debe tratar de lograr el extraño resultado de que la víctima no solo no se queje, sino que termine culpándose a sí misma de su desgracia y aplaudiendo al verdugo”.

Y sí, hay escasez, hay mal humor generalizado, las presiones desde Washington aumentan, y hay burradas persistentes entre quienes tienen en sus manos la facultad de decidir nimiedades que, en tiempo como los que corren, se convierten en granadas explosivas. Y hay también manipulación permanente en las redes para que reviente el coctel. Nada de eso es nuevo, lo nuevo es que quienes dan la cara al país hoy no son los guerrilleros de ayer, que con sus leyendas de victorias ciertas insuflaban confianza al por mayor; lo nuevo es que la composición social del país ha cambiado y está por ver hasta dónde llegará la capacidad de convicción y respuesta de los que ahora mandan. En tanto, las colas siguen, la ansiedad crece y el Emperador ríe