Periodistas y héroes
image_pdfimage_print

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Cuando en 1960, el Director General de la Agencia France Presse (AFP), es decir el gran periodista Jean Marin, decidió expandir sus teletipos y conquistar América Latina con un equipo de periodistas de lengua española, nadie podía prever que aquella nueva Redacción iba a convertirse en un hervidero de grandes talentos literarios alimentado por personajes de relevancia política y literaria que nadie sospechaba. Tuve el honor, sí, señor el honor, de haber sido uno de los primeros contratados para aquella nueva aventura en la que contábamos con las delegaciones que la AFP, que ya se situaba entre las tres agencias mundiales más importantes del mundo, tenía por toda Latinoamérica. Mi primer contrato, firmado el 4 de febrero de 1960, dice que me contrataban por un mes de prueba, renovable “si daba satisfacción”. Al final de la carta-contrato se señalaba como poscriptum imperativo que si la visita médica a la que tenía que someterme previamente no era satisfactoria, mi contrato sería inmediatamente anulado.Creo que me salvó en este aspecto el hecho de que mi dieta era exclusivamente o casi a base de huevos duros, el alimento más barato entonces en París. Fui uno de los mosqueteros admitidos a dar la batalla en América Latina. Los otros tres con los que me senté por primera vez en la Redacción era gente que yo no conocía, refugiados de la Guerra Civil de España y poco después estuvo por allí un tal Mario Vargas Llosa, que era peruano y ahora es Premio Nobel de Literatura. Pero bueno, tenía que haber de todo un poco. Allí conocí al llegar, o poco después, a un catalán llamado Rafael Font Farran, al que no le hice mucho caso porque él se tomaba todo aquello a cachondeo, bajo la batuta de otro exiliado de la Guerra Civil de España (1936-1939), Rafael García, un enorme cronista futbolístico que me enseñó una de las más bellas expresiones del argot deportivo: la catedral del fútbol.Cuando ya llevo veinte años jubilado, fuera de la AFP, me han recordado la existencia de aquel tipo rechoncho llamado Font, que no dejaba de reírse nunca y que te contaba chistes medio en catalán y medio en español. Lo había completamente olvidado pero merece que se le recuerde e incluso quizá le pondré una placa en mi memoria. Ha sido otro de los grandes periodistas de aquella época, Marcelo Aparicio, ya jubilado también, quien me lo ha recordado de pronto en una tarde de invierno en mi isla africana. A él se lo ha recordado a su vez un libro que por lo visto le ha dedicado al papá un hijo de Font Farran, Don Rafael. Y me he quedado helado. Porque si en la AFP Latina de los primeros tiempos teníamos héroes de la guerra civil que no sabías dónde meterlos, Font, siempre calladito de sus cosas, dicharachero y casi invisible, era en realidad un político combatiente de la guerra que ganó Franco pero de alto rango.

Ahora que España anda más que revuelta con las pretensiones de algunos catalanes de ser independientes, el pobre Font Farran, nuestro compañero de Redacción ya no está.Y nosotros sin saber que era un monstruito de la política. Nacido en Sitges, copio de Wikipedia, el 26 de mayo de 1912 falleció el 19 de noviembre de 2003. “Es el autor de una historia marxista de España y de una historia del nacionalismo catalán”, advierte su reseña. Y entonces agrega que fue un dirigente político, abogado y periodista. Casi nada.Nuestro contertulio Font tiene una vida de película. Se refugió en Francia, como miles y miles de españoles, y estuvo en un campo de exiliados en Bélgica, de donde se escapó. Poco después en París se unió a la resistencia francesa contra la ocupación alemana en las filas del Partido comunista internacionalista. Luego lo dejó y se afilió al POI (Partido obrero internacionalista). Fue uno de los líderes del grupo troskista español.

Una biografía como la suya creo que solo la tienen grandes combatientes de la guerra civil española. Estuvo metido en la Cuarta Internacional , de la que se largó, aunque unos años más tarde regresó al POUM. Termina la biografía que he copiado a uña de caballo, es decir saltándome muchos párrafos, diciendo que en 1977 se jubiló como periodista de la redacción de lengua española de la AFP en París. Es decir que la pandilla de jovencitos periodistas que andábamos por el tercer piso de la AFP, yo tenía veintiún años, y él como quince años más, y con un curriculum político y humano que de haberlo sabido le hubiese hablado de usted. Pero durante todo aquellos primeros tiempos del servicio español (Desk Amsud para los iniciados) era un redactor gordinflón, cachondo, que siempre tenía un chiste en la boca y una invitación para ir a Sitges, su pueblo natal.

Total, que era un héroe escondido que había desembarcado en el periodismo después de haber luchado por todos sus ideales, porque creo que tenía muchos.Y nosotros, pobrecitos, que nos tomábamos por personajillos hubiésemos tenido que reconocer que lo éramos pero de tebeos cómicos, a la vista de aquel hombre sin pretensiones que había escrito una parte de la historia de la España de la guerra y de la postguerra. Y que tuvo la sabiduría de dejarlo todo cuando todo acabó para meterse en su pueblo, el maravilloso Sitges, donde una vez me invitó a su casa, para morir.Pero ha tenido la suerte de ese hijo maravilloso que le ha sacado del anonimato. Y hoy por fin sabemos quién fue el cachondo Font Farran. El hijo también merece una mención, Rafael Font Vaillan y su librito, de 83 páginas se titula “Adelante, adelante, vida de un revolucionario”.Otro catalán, héroe y periodista fue Antonio Tellez, que según su biografía tenía 16 años nada más cuando ya formaba parte de lo que en la Guerra Civil española llamaban por lo visto y que supongo que con mucho humor “La quinta del biberón”.

Se refugió en Francia y cuando estalló la II Guerra Mundial (1939-1945) se metió en la resistencia francesa contra los alemanes. Le conocí ya con muchos más años y como periodista en el Servicio Español (nunca se le llamó latinoamericano hasta que los tiempos cambiaron) donde fue un redactor ejemplar salvo a lo que tocaba a la Iglesia Católica. Estuvieron a punto de echarlo porque durante una crisis vaticana que sacudió al mundo cristiano, él no hizo caso del acontecimiento y al día siguiente el jefe de servicio estuvo a punto de tener un ataque cardíaco cuando Téllez le “explicó” que no había transmitido nada de lo que llegaba del Vaticano “porque eso son cosas de curas”.

El jefe del servicio, Jean Huteau, otro grande del periodismo, estuvo a punto de tragarse la pipa. Pero no quisiera terminar este recuento de héroes periodistas sin citar al mejor de entre todos, Jean Marin, que dirigió la AFP durante 21 años. Cuando estalló la II Guerra Mundial y el General Charles de Gaulle decidió dirigir la resistencia desde Londres y, como la cosa más natural del mundo, Marin le acompañó para dirigirse regularmente a sus compatriotas franceses desde los micrófonos de la BBC. Eso no le impidió combatir en el frente y en 1954 era nombrado director de la AFP.

Era un tipo de estatura impresionante, de una seriedad todavía más superlativa al que nunca le vi gastar una broma durante las conferencias de Redacción de la mañana a las que casi todos asistíamos, por deferencia, con corbata.Eran los buenos, los excelentes tiempos de Departamento español de la AFP (Desk Amsud), antes de que la dictadura implantada en Argentina por el General Videla tuviese la fatal consecuencia para nosotros de provocar una estampida de profesionales de la pluma, que tras pasar por España aterrizaron en nuestra Redacción y desde aquel momento el aspecto del servicio que tanto trabajo nos había costado estructurar cambió radicalmente. Este servicio se trasladó por oscuras razones en Montevideo y desde entonces… Tuve oportunidad de visitar los locales al otro lado del mundo. El jefe de aquel boliche me invitó a venir a despedirme de ellos en cuanto supo que me marchaba definitivamente de la AFP. En un edificio muy moderno, me enseñaron con mucho orgullo una bonita redacción, pero que ya no era la Place de la Bourse de París, y estuvimos “celebrando” con abundante champán el hecho de que me fuera, ya que yo había sido uno de los que más se habían opuesto a aquel traslado a la capital uruguaya, que, por cierto, me pareció de un aburrido mortal.Me pregunté como el gran poeta Mario Benedetti había aguantado en aquel lugar del mundo. Supongo que porque él tenía su poesía. Pero como yo no tenía nada que declamar tomé el avión y volví a Brasilia, mi último destino, de donde días después otro avión me llevó a París, donde solo visité al director general de la AFP para contarle algunas cosas sabrosas y a la encantadora Jefa de Recursos Humanos.