Turquía: Guerra y paz
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

En el Magreb, zona del norte de África, el presidente de Turquia, Recepp Tayyip Erdogan, ha conseguido que lo tomen por un liberador, un resistente frente a Occidente.El juicio es del escritor franco-argelino Kamel Daoud en el semanario francés Le Point. Islamista discreto, aunque su esposa siempre aparece en público con la cabeza cubierta, este hombre de 65 años ejerce la Presidencia del país con mano dura desde 2014. El 15 de julio de 2016 hubo un intento de golpe de estado mientras él estaba de vacaciones. Entonces probó que su aparente discreción no era más que apariencia a la hora de hacer frente a una insurrección. Hubo 223 militares detenidos, destituyó a cientos de funcionarios y más de un periodista está todavía en la cárcel o en situación de no escribir lo que le parece. Últimamente, de forma bastante discreta, sus tropas desembarcaron en Trípoli para ayudar al régimen que domina el antiguo reino de Gadafi.

Algunos observadores lo consideran un estadista sin escrúpulo, al que no le tiembla la mano a la hora de convertirse en soldado. Kamel Daoud habla sin más de “la nueva internacional islamista con sede en Ankara, la capital turca”.Turquía es un país próspero pero quien manda manda. Erdogan no se ha permitido nunca la menor flaqueza. Sabe que la situación geográfica de Turquia es de mayor importancia para países como Estados Unidos y aunque nunca ha podido entrar en la Unión Europea tiene una gran influencia en Washington por su situación privilegiada entre Europa y Asia.El Presidente, que siempre hay tiempo para todo, sabe que la televisión es un arma que envenena y reduce a la nada a los occidentales, que pasan una gran partes de sus vidas aferrados a las historias, por estúpidas que sea, que les emita la pantalla pequeña, en forma de telefilmes o telenovelas.

Esa convicción es sin duda la que le ha llevado a montar una industria de telenovelas que, aparentemente, poco tiene que envidiar a las que existen en Occidente. Lo suyo es más bien           la escuela latinoamericana. Exitos fabulosos cosechados en el mundo entero por historietas como “Los ricos también lloran” es sin duda la que le dio la idea de invadir el mundo, con la paciencia que da la meditación, de esos cuentos para mayores que encantan desde los analfabetos a los académicos.

La propaganda dice que 156 países compran ya las casi cien series que Turquía ha lanzado por el momento.Podría haberse pensado que los autores a los que se les confió este menester optarían por historias que recordaran al cine egipcio, siempre más cerca del neorrealismo que de Hollywood. Pero no ha sido así.España es uno de los países donde esos seriales han hecho ya mella. Un canal de la televisión que todo el mundo tiene en sus televisores emite gratuitamente esas producciones que poco a poco van pareciéndose más a las latinoamericanas. La temática es el amor, la familia, el desamor, el poder y la manera de conseguirlo.

Una mezcla de Falcon Crest y de novelitas de pobres muchachas abandonadas.Pero en general, los turcos ofrecen una temática que requiere la presencia esplendorosa de bellas mujeres, con características muy occidentales, enormes mansiones en contraposición con casuchas, mucho menos frecuentes y todos los actores con barba de varios días, una característica de cierta población turca.La temática siempre tiene el amor por medio, protagonizada por mujeres de todas las edades que exhalan poder. Las más jóvenes acuden a la universidad, ejercen profesiones prestigiosas y las otras viven en especie de harenes donde se preparan los matrimonio convenidos por adelantado como es corriente en muchos países árabes.

Eso sí, por bellas y bien vestidas que estén, las mujeres guardan su distancia con los hombres y algunas exhiben velos que recuerdan a los mandamientos del Islam.Por su parte, los protagonistas suelen ser grandes magnates de no se sabe qué industrias, con más pinta de hombres de negocios más bien sucios.En general hay casi siempre grandes conflictos entre grandes familias que rozan la vida de los gangsters pero a veces el atrezzo, el lujo de las casas y otros detalles dejan bien claro que es el hombre quien manda e inevitablemente se piensa muy a menudo en copìas de películas norteamericanas sobre la mafia. Telefilmes de fácil digestión para un público occidental, que sin duda espera que en cualquier momento le dejen entrar en el verdadero mundo de las grandes familias árabes. Pero esa no parece ser la intención de los productores. Aquí flirteamos entre Occidente y Oriente pero quien manda es un islamista al que los occidentales conceden el adjetivo de moderado.