Político guapo, político feo
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Tengo una aversión profunda por los políticos, por casi todos con alguna excepción, desde que iba a un colegio de monjas cuando era niño. No me pregunten porque no sé la relación que había entre las monjas y los políticos. Ningún psiquiatra de los que he consultado ha podido aclararme la relación que hay entre una cosa y otra. Lo peor es que como ahora las mujeres se han metido en política más que nunca –en España es algo estadísticamente probado—la aversión se está convirtiendo en horror por la humanidad doliente, incluyendo a las feministas.Pero, piénsenlo y díganme si conocen algún político guapo –hay algunos cuantos, pero tontos—que merezca la pena y que no sea además un cantamañanas. Personalmente conozco mejor a los políticos franceses, simplemente porque ese es mi país y he visto pasar por los Campos Elíseos a unos cuantos que iban a convertirse en presidentes de la República o que se ponían monos para el desfile del 14 de julio, fiesta nacional. La verdad es que odio a esa casta porque es donde más embusteros he encontrado personalmente. Puede que yo tenga una atracción especial para que se me caigan a mí todos encima. Pero es que da la casualidad que casi todos son feos a más no poder. Sí claro, John Fitzgerald Kennedy, qué monada de muchacho, que bien aseadito iba siempre. Pero además de haber hecho pasar muchas penalidades a la novia de todos nosotros, Marilyn Monroe, estuvo a punto de liarla con el gordo Kruschev, que con su carita de buen campesino ruso de la época de los Zares, estuvo un buen rato con el norteamericano en un tira y afloja para una guerra nuclear por causa de Cuba.

En Francia teníamos al guapetón, pero de verdad, Jacques Chirac, primero alcalde de París y luego el más guapo de todos los Presidentes que podíamos imaginar. Además de cortés, sobre todo con las damas, simpático y buena persona. Todo el mundo le quería, y créanme que en Francia no se quiere así como así, que hay que hacer muchos méritos. Y cuando se murió aquellos parecía el entierro de la cantante Edith Piaf, que en mis tiempos paralizó a París. Como contrapartida tuvimos a Charles de Gaulle, general heroico y ganador, uno de los elementos más decisivos de la II Guerra Mundial, que tenía una voz teatral que daba al traste con cualquiera. Cuando estalló aquel movimiento teatral de Mayo del 68, él estaba al mando del país. A cualquiera las huelgas de los estudiantes le hubiesen durado meses. A él le bastó con un solo mes para liquidarlo. Un buen día, en pleno follón, se corrió la voz de que el Presidente de Gaulle había desaparecido. No estaba en el Palacio del Elíseo ni en ningún sitio conocido. En realidad había tomado un helicóptero del Ejército, probablemente para darle más dramatismo al gesto, y se había largado a una base militar francesa en Alemania. Entonces los muchachitos que querían cambiar el mundo se vinieron abajo preguntándose qué iban a hacer si el General estaba desaparecido.

Reapareció días después por radio. Como era un gran actor, además de uno de los mejores escritores franceses, se metió en un estudio y grabó un mensaje patético y propio para quitarle las ganas de juerga a los niñatos del 68. Y ahí se acabó el choteo. Pero la verdad es que era el hombre más feo del mundo. Yo creo que asustaba hasta a sus propios nietos si los hubiese tenido. Era un personaje tan infinitamente feo que daba compasión. Y pavor cuando abría la boca y decía lo que haría en tal o cual circunstancia. Sus conferencias de prensa en el Palacio del Elíseo parecían paradas militares. En el gran salón, los periodistas se sentaban muy arregladitos y sin hacer ni el ruido del roce de una pluma sobre el papel durante el tiempo que él hablaba, y le gustaba hablar en un lenguaje muy suyo que volvía locas a las Cancillerías para interpretar lo que había querido decir.

Lástima que fuese tan feo.Bueno, también hubo otros que metían miedo. Sarkozy, chiquitillo y con cara de haberse criado en el Bronx de Nueva York, es un señor que no vacila en mandar a la mierda al más pintado, cosa que De Gaulle no hubiese hecho nunca.Tuvimos a George Pompidou, banquero de profesión, con cara de abuelito cachondo que no soltaba el cigarrillo de los labios. Valery Giscard d’Estaing fue el aristócrata de los presidentes. Poseía un castillo y su familia parecía salida de una foto para turistas. A él le tengo más rabia que a ninguno, no ya porque fuese feo, tenía la cabeza muy extrañamente situada, sino porque me fastidió sin saberlo.Cuando yo tomé la nacionalidad francesa, cosa que entonces era muy difícil, quise conservar como nombre-apellido Sergio Berrocal, pero entonces la funcionaria, tan agradable como su presidente, me dijo que solo podía tener UN SOLO apellido. Me tocó las meninges y alcé un poco la voz para preguntarle por qué el presidente, Valery Giscard d’Estaing, llevaba DOS apellidos. Y recibí la respuesta más lógica que jamás he oído: “Pues mire usted, sencillamente porque él es el Presidente…”No voy a seguir con esta galería porque acabo de acordarme que no he mencionado al más feo de todos y de lejos, el eminente Donald Trump. Solo sabiendo que es multimillonario puedes comprender que tenga una mujer tan bonita y fina como la suya.He dejado para el final al más guapo de todos, Fidel Castro. Y no me digan que Che Guevara era más guapo que él. Es cierto en lo absoluto pero carecía del encanto de un Fidel Castro que cuando levantaba la voz se dormían hasta las amapolas. Pero no son más que divagaciones, feas o bonitas.