Cuba y “la pincha de Martí”

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

“Él me dice, tengo una pincha (trabajo) ahí de los bustos de Martí para que te busques una platica para que pases bien el fin de año”. Así escuché decir a Yoel Prieto Tamayo, 29 años, el más joven de los detenidos por su presunta participación en “Clandestinos”, grupo que irrumpió este primer mes del año en el bando de la oposición, o de la disidencia, o de la contrarrevolución cubana, o como se quiera llamar a esa tendencia. Prieto hablaba de su asociado y jefe al parecer, Pánter Rodríguez Baró, 44 años; los investigadores de la policía filmaban y la televisión nacional transmitía fragmentos de las declaraciones. Prieto y Rodríguez están acusados de ser los autores materiales de una protesta insólita, hiriente y carente de dignidad, teñir con sangre de cerdo 11 bustos del Héroe Nacional, José Martí. Todo ello en La Habana, en la madrugada del 1 de enero, cuando buena parte de los cubanos no pensaban en dormir, mientras despedían el año de la mejor manera posible y cuando además se cumplían 61 años del triunfo de la revolución que encabezó Fidel Castro. El héroe fue ultrajado, los autores filmaron lo que hacían y de inmediato las imágenes desbordaron las redes sociales, con llamados incluso a una sublevación interna. Durante los días siguientes, crecieron los pronunciamientos del grupo desde Miami. “Queremos enviar un mensaje a la dictadura. Estamos cansados de bajar la cabeza. Y al pueblo el mensaje es claro: Llegó la hora”, dijo un vocero. En tanto en la isla se disparó la irritación – “el empingue”, suele decirse mejor- entre los que aprenden desde niños a honrar a quien desde sus luchas por la independencia en el siglo XIX es como un llamado permanente a la ética y a la pelea. Una semana después, el gobierno anunció la detención de Prieto y Rodríguez –ambos residentes en la isla-, y en la noche del martes 21 de enero desplegó en la TV desde filmaciones en vías públicas de cámaras de seguridad hasta fragmentos de los interrogatorios.

En esa emisión trascendió que por las mismas causas fueron detenidos después Guillermo Mendoza Torroella y Jorge Pérez García –también radicados en el país- , en tanto se acusó a Ana Olema Hernández Matamoros como “infame cabeza de la mafia anticubana radicada en La Florida”, Estados Unidos. Los investigados dijeron y Prieto y Rodríguez Baró admitieron haber recibido 600 dólares enviados por Olema Hernádez para apoyar su singular rebelión, y que en febrero pasado ambos realizaron varias pintadas en lugares públicos de la capital contra el proyecto de nueva Constitución que se debatía por aquellos días. También se dijo que en 2019 Olema envío a Rodríguez mil usd en remesas a través de la Western Unión, que este, una vez más, compartió con su carnal. En paralelo, Baró reconoció sin asombro de sonrojo consumir y traficar marihuana y cocaína. “¡Candela!”, habría exclamado una de mis hijas.

La réplica no se hizo esperar. “El sistema (el socialismo cubano) no tiene ningún tipo de credibilidad. Es una difamación en su totalidad” lo que se ha informado en Cuba, dijo en su defensa este jueves Olema Hernández desde Miami. Según El Nuevo Herald, “Hernández considera que Clandestinos se le salió de control al gobierno cubano, que prohíbe y persigue cualquier tipo de disidencia organizada”. ¿Y esta es la “disidencia organizada” ?, pregunto yo.

Quizá por oficio o por apego crónico a la desconfianza o por vivir en un mundo en el que la manipulación manda, suelo tomar con pinzas y valorar con hechos los pronunciamientos oficiales. “Ese tema no le interesa a los mexicanos”, respondieron incluso mis editores de allá. Sin embargo, cuando supe de los personajes de esta especie de amarga locura, recordé a unos cuantos de aquellos que nunca alcanzaron el amanecer por enfrentarse, de verdad, con dignidad y a tiros a la dictadura de Batista o por rechazar de igual manera aquella invasión organizada y armada por los yanquis, y entonces fue muy poco lo que puse en duda.

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