Eva y Adán
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Se te enmarañan los recuerdos en la soledad de la isla africana, donde no oyes hablar más que de violaciones, abusos sexuales, como si el sexo no hubiese sido algo normal sin necesidad de la brutalidad que cuentan los periódicos, las majaderías de locos y las ganas de salir en los periódicos de otros.Eran tiempos en que no se oían esas cosas. Quizá algo ocurría y se ocultaba, pero donde tú andabas con otros jóvenes que os disponíais para despegar en busca de un aeropuerto donde plantar la cabaña del futuro, no se hablaba de sexo sino de amor. “Se ha quedado embarazada. Están muy enamorados”. No corrían la voz sobre esos abusos que ahora son seriales de televisión, titulares sensacionalistas de los periódicos, que escarban los detalles, como si tuviesen interés en que eso ocurriera.Había hombres y mujeres, parejas, novios, amigos, pero las atrocidades eran escasas, cosa de un titular de “France-Soir”, el diario sensacionalista de París.Las mujeres iban por las calles cuando ya el día se había marchado y no se encontraba casi nunca con un Jack el destripador aquel de los cuentos londinenses.¿Será que queremos hacer un mundo peor, feo, donde la represión sea necesaria, indispensable, donde gente como los sultanes que no dejan a las mujeres siquiera conducir un automóvil sean necesarios junto con individuos como Donald Trump, que ataca a un país y mata a uno de sus generales, el más popular, o que mete a sus tropas en un país como Siria donde todo es destrucción? ¿Será que alguien o algo han dado instrucciones para que el mundo sea un caos de sexo brutal, que nada tenga que ver con el amor, porque así se mata el querer, donde las mujeres tengan que temer ser descuartizadas y los hombres se dividan entre asesinos locos e inocentes que temen que les señalen?

Cuando Donald Trump fue elegido, ya había sucedido el célebre episodio de la Casa Blanca, donde otro Presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, Billy el niño, había tenido una aventura en su despacho con una muchachita agraciada y aparentemente inocente que dejó una mancha indeleble en su vestido del domingo. Estamos en 2020, año feo por sus cifras, y todos los titulares de la gran prensa están casi siempre mancillados por atrocidades sexuales. Da la impresión de que alguien o algo quieren que el sexo, que es el origen del mundo, la cosa más natural durante todos estos siglos, se convierta en el signo del diablo, del maligno. Que se borre de las mentes. Tal vez para evitar la natalidad, para impedir que el mundo siga su desarrollo normal.

Me aterroriza lo que sucede porque se trata como si fuera ya algo inevitable. Cuando nosotros éramos jóvenes, años sesenta, un hombre y una mujer se unían sabiendo lo que hacían.Hoy es casi un pecado pensar en aquella película “Un hombre y una mujer”, historia de una pareja, de un amor, de una necesidad de amar pero sin violencia, amenazas, gritería histérica de las televisiones que parecen capaces de pagar para que se produzcan las violaciones más espeluznantes.¿Quién quiere acabar con nuestra manera de vivir? Un hombre, una mujer. Sin más dramas, sin más Jack el Destripador. ¿Quieren impedir que un hombre se acerque a una mujer sin que ella llame inmediatamente a la policía por temor? ¿Quieren acabar con la pareja?

¿Por qué esa necesidad de convertir a los hombres en monstruos en potencia, aterrorizar a las mujeres para que ya no amen más? Para que dejen de amar. Para que una pareja no pueda existir más que delante de un juez.Qué tiempos aquellos que vivimos sin saber que hacer el amor era un pecado capital. Ignorando ellas que su amante, su novio, su querido, podía ser, era seguramente, un depredador que un día la mataría del modo más atroz.

Ella era la mujer y Él el hombre. Como en los cuentos religiosos. Eva dio a Adán una manzana que podría haber sido la de la bruja de los cuentos que envenenaba con sus frutas. Al contrario, cuando Adan y Eva, según la leyenda y olvidando a Darwin, comieron de la misma manzana nació el amor, se supo que el hombre y la mujer estaban hechos para vivir juntos, procrear, tener una familia, hijos que luego crearían otras tribus y harían progresar al mundo en el amor, aunque hubiese desavenencias.

Los filmes norteamericanos consiguieron que el mundo entero creyera que el mejor de lo remedio en la vida de un hombre y una mujer era el divorcio, la ruptura, los hijos divididos entre dos casas, lejos de sus padres, o quizá incluso odiando a uno de ellos. La separación de Adan y Eva la inventaron en Estados Unidos y la lanzaron como una solución ideal a través de miles de películas. Una gran parte de los protagonistas del cine estadounidense están divorciados, pero ellos magnifican la separación de lo que fue una pareja. ¿Han pensado que quizá las altas cifras de criminalidad que siempre ha habido en los Estados Unidos, que necesita para contenerla cientos de cuerpos de policía, vengan de esas separaciones contra natura?

Ahora añadimos la violación como norma y la tragedia está lista.

¿Y luego? ¿Qué pasará luego? ¿Cuándo hombres y mujeres prefieran los vientres de alquiler, las adopciones de chinitos o el silencio de las catacumbas? Todo se habrá acabado.