Cuba y las visiones múltiples

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

Durante la visita a Cuba del papa Juan Pablo II en un mes como el que corre, pero de 1998, los chistes se dispararon en esta isla en la que cuando ellos desparecen los pelos se ponen de punta. “Juan Pablo y Fidel Castro –decía uno-  caminaban por el Malecón de La Habana cuando un inesperado viento huracanado hizo que el solideo del Santo Padre volara hasta el mar. Entonces Fidel se lanzó a rescatarlo y para asombro de todos caminó sobre las aguas. Al día siguiente, la insólita noticia fue reflejada de muchas maneras. “Castro está tan viejo que ya no puede ni nadar”, dijo el The Miami Herald; “El Papa hizo caminar a Fidel sobre las aguas”, apuntó el Osservatore Romano; “Fidel es Dios, caminó sobre las aguas”, aseguró Granma. El chiste es solo eso, y sin embargo tiene el don de ejemplificar las visiones que genera el día a día dentro y fuera de una isla diminuta que, paradójicamente, atrae la atención de muchos, cuando nos espabilamos a fin de seguir el camino después de despedir un año infame entre risas, con lo poco o mucho que se tuviera a mano, y enero se esmera en recordar que nada será fácil. El gobierno rejuvenecido, porque los octogenarios van en retirada, sabe que Trump seguirá insistiendo en el ahogo y busca levantar los ánimos, manteniendo el mismo rumbo; “estamos preparados para lo peor y no renunciaremos al socialismo”, aseguran los que lideran con la vista puesta en lo que pudiera ocurrir entre Estados Unidos e Irán luego de que el Emperador del Norte diera la orden de matar. Años antes, cuando Bush junior atacó a Irak, la extrema derecha cubano-americana le pidió que después de terminar con Sadam Husein le metiera mano “a los comunistas cubanos”, y hoy ese sector tiene sobre la Casa Blanca más influencia que nunca.

Pero mientras está por ver lo que vendrá, la cotidianidad aquí se mantiene signada por el desabastecimiento de muchas cosas necesarias por obra del ahogo y de un modelo económico que se renueva sin alcanzar la eficiencia, en medio de una burocracia mandona, escurridiza a la hora de pedirle cuentas, con la nefasta capacidad de convertir en mancha todo lo que toca, aunque los llamamientos a descabezarla abunden.

Para unos, todo esto es repetición de una vieja historia porque “el socialismo no tiene presente ni futuro”; para otros “es consecuencia de querer organizar la vida con la mayor justeza social posible”; y no faltan aquellos a quienes les importan un bledo esas interpretaciones y buscan triunfar a cualquier precio, aquí o más allá. Es enrevesada la vida en este país caribeño y cada quien la juzga a su manera en América, Europa o Asia a partir de sus vivencias, de su historia y sus culturas. No sé cómo podría haber sido este país sin más de medio siglo de persecución y presiones estadounidenses, no imagino lo que pudiera haber pasado si los que mandan en el mundo hubieran optado por el imposible de dejar a esta isla equivocarse y cargar sola con sus errores, en busca de caminos propios. No obstante, lo que cuenta es lo que hay y 2020 despunta gris, entre múltiples visiones.