Bolsonaro, el presidente que murmura a los periodistas

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Me parece que voy a tener que salir en defensa del Presidente de Brasil, el exteniente Jair Bolsonaro, porque ya se está exagerando con este patricio brasileño. No se tiene en cuenta siquiera que hace poco abrió de par en par las puertas de la celda que tenía apresado a su peor enemigo, el presidente de los izquierdistas, nada menos que Luis Inácio Lula da Silva. Hay que tener en cuenta que el señor Bolsonaro no está acostumbrado a dirigir un país tan enorme y tan complejo como Brasil y que es demasiado blanco para un lugar donde hay casi tantos negros como blanco. Es que, visto desde mi isla africana, no puedo darme cuenta seriamente de la realidad del problema. Entonces ahora parece que se mete con los periodistas a los que trata poco más o menos como a perros extraviados en su boudoir una noche de juerga.Dice incluso una encuesta de la Confederación Nacional de Industrias que la popularidad presidencial es en estos momentos de 56 por ciento negativa. Bueno, ¿y qué? ¿Acaso Donald Trump tiene siquiera popularidad? Y mírenlo alegremente preparándonos un incendio de Oriente Medio donde van a quedar menos chilabas que koalas en Australia. Cuentan que todo comenzó porque un periodista, es que son lenguaraces y no saben callar, se metió con algunos negocios de uno de sus hijos. Y con lo que se quiere a un hijo, el hombre, el presidente, el ex militar, el presidente que habla más y más rápido que los discos de la Deutche Grammophon, no pudo aguantarse y dirigiéndose al impertinente le escupió esta frase: “Usted tiene una increíble cara de homosexual”.

La verdad es que no me parece tan grave ahora que se lleva tanto en algunas profesionales presumir de gay, que es lo mismo que maricón u homosexual. Yo creo que el Presidente quiso decir simplemente que en Brasil no hay solo blancos y negros. También se permite la existencia de los homos. Además, es un personaje que tiene las ideas muy claras y muy españolas en cierto sentido, cuando añadió que antes de ver a un hijo suyo maricón prefiere verlo muerto. Es puro García Lorca. No, no me vayan a decir que el señor Bolsonaro no sabe quién es el poeta más grande de España. Pero ya cuando se le ha pasado un poco la raya del pantalón ha sido cuando ha prohibido la entrada de cualquier periódico en el Palacio Presidencial de Planalto. Debe de aburrirse un rato, a menos que haya reemplazado la prensa nacional por el Times (¿hablará inglés?) y lo que quede de Play Boy.

Pero incluso aquí su razonamiento es justo: “Los periódicos envenenan”. Me parece una reflexión justa. ¿Qué padre no le ha quitado de las manos a su hijo pequeño un cacho de periódico que estaba metiéndose en la boca y le ha dicho algo así como: ¡caca. Niño, caca!?Hay que agregar también que el Presidente Bolsonaro exagera cuando dice que los periodistas son una especie en peligro de extinción y que habría que vincularlos con el Ministerio de Medio Ambiente. Vamos, que todos los periodistas brasileños, y agrego los extranjeros que se encuentran destacados allí, son unos puñeteros koalas.

Qué quieren que les diga. Me pasé tres años de corresponsal de la Agencia France Presse en Brasilia y nunca ningún presidente me trató de maricón, de koala o de alguna cosita así.El primer presidente con el que tuve que vérmelas fue el muy culto y muy cachondo Fernando Henrique Cardoso, que tenía algo de negroide y de mujeriego que traía locas a todas las periodistas con faldas de Brasilia. Era una delicia de hombre, que sabía más que todos los corresponsales extranjeros juntos. Y estuvo de presidente ocho años porque cuando terminó su mandato de cuatro años dijo que necesitaba otros cuatro. Y como los electores le querían se los pusieron en bandeja.

Aunque en cierta ocasión en una multitudinaria rueda de prensa me dirigí a él tratándolo de Voce (tú) –yo acababa de llegar y andaba un poquillo flojo de brasileño—soltó una carcajada, como todos mis compañeros y ni siquiera me dijo que tenía cara de homosexual.

También teníamos trato cotidiano con otro personaje que llegaría a ser el sucesor de Cardoso, el izquierdista Lula, que suspiraba por la presidencia, y que era el tipo más morrocotudo del mundo. Hablaba casi más que Cardoso sin que el frenillo que tenía en la lengua le impidiese hacer frases kilométricas y no soltar la palabra hasta que se llevaba la copa de vino chileno a la boca. Porque era un tío muy cordial y alguna que otra vez cenamos juntos con los demás compañeros de la prensa internacional.

Es por esto por lo que me extraña que Bolsonaro no haya aprendido de sus mayores a tratar a los periodistas. Porque aunque ser maricón tenga un cierto chic en Europa, en América Latina todavía no se aprecia mucho. Otro presidente, que había dejado de serlo, y al que traté mucho fue Itamar Franco (presidente de 1992-1994). Era entonces un sesentón un poquillo pasado y con un gracejo andaluz. Se pirraba por las mujeres y en un acto multitudinario un reportero le fotografió al lado de su acompañante, una autentica belleza. La foto dio la vuelta al mundo porque el indiscreto flash del fotógrafo había revelado que la dama… no llevaba bragas.

Si al día siguiente hubiese habido elecciones presidenciales, estoy seguro de que le hubiesen elegido por aclamaciones. A Itamar Franco no a su bella acompañante, claro.Una tarde en el Parlamento estuve a punto de perder los pantalones cuando quise entrar para seguir uno de sus discursos. Dado el gentío que había, un guardaespaldas del ex presidente me agarró por una manga de la chaqueta y otro, del otro lado de la verja, por los pantalones. A punto estuve que entrar en calzoncillos en el venerable hemiciclo. Pero era tarde de tormenta porque a Itamar sus enemigos estuvieron a punto de descalabrarlo al hacerlo caer de la tribuna. Era la única forma de que se callara.Por eso, me abochorna que ahora haya un presidente en Brasil, Jair Bolsonaro, que no se da cuenta de que si de los periodistas dependiesen ya lo hubiesen enviado a salvar koalas a Australia, él que tanto ama el medio ambiente.