¿Periodismo?

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Fernando Ravsberg es un periodista que publicaba un digital en Cuba hasta que, por razones evidentes pero que ellos solo saben, el gobierno cubano le retiró su acreditación como corresponsal extranjero, con lo cual le quitaba el derecho a trabajar en este país. En una entrevista que he leído en una de las numerosas publicaciones que sobre Cuba existen en el mundo digital, Ravsberg ofrece interesantes declaraciones pero, sobre todo plantea lo más grave que pueda plantearse hoy cuando los medios de comunicación son infinitos y mal definidos y a veces confeccionados por gente que no tiene la menor idea de periodismo.Y llegas pronto a la conclusión de que ni los gobiernos, como el cubano que le sacó de la circulación al quitarle su acreditación, saben qué es realmente el periodismo y menos cuáles deberían ser sus bases de trabajo y sus obligaciones. Desconocen ese modo de empleo que trae cualquier juguete chino. No basta con escribir cualquier cosas, falsa o auténtica, para eso están las lecciones que da el presidente Trump y sus afines, hace falta un soporte, medios económicos y un público.El público lee cualquier cosa. Una de los mejores ejemplos es FaceBook (editado en Estados Unidos, a menos que sea en Sebastopol) que está en manos de todo el mundo puesto que se incluye en los teléfono portátiles. Es un logro importante. Aunque cualquiera puede opinar y escribir incluso con faltas de ortografía, me ha sorprendido que valiéndose de las agencias de prensa consigan dar a veces informaciones con más rapidez que otros medios acreditados. No inventan nada, saben utilizar el material de agencias como France-Presse y Reuter y de diarios como Le Monde. Quienes lo hacen son profesionales. Ya el resto, es un mercado persa. Pero el caso es que vivimos en plena confusión. Nadie sabe con certeza qué es periodismo. Para unos es la publicación, generalmente en los digitales, ya que el papel cada vez tiende más a desaparecer, que ganan en rapidez a cualquiera, incluso a las sacrosantas radios.El problema es que a estas alturas de un confusionismo buscado y conseguido nadie sabe exactamente como definir esa mágica palabra, periodismo. Fernando Ravsberg apunta que la prensa cubana no es una prensa de Estado sino una “prensa partidista”. “Si hubiera prensa estatal existiría un organismo que la gobernara o un Ministerio de información, por ejemplo. Los medios de prensa los dirige el Partido (se refiere al Partido comunista Cubano, cuyo órgano oficial es precisamente el diario Granma)”. Pero la prensa partidista es exactamente igual que la prensa gubernamental. Hay que decir lo que escriben a quienes mandan y no salirse del guión. Partidista tiene una connotación más política y menos fácil de escamotear. Todas las publicaciones de la Iglesia Católica son, por supuesto, católicas y se atienen a lo que manda publicar el Vaticano. No hay la menor divergencia. Ser comunista o católico en este caso es lo mismo. Cuando el general Francisco Franco ganó la Guerra Civil (1936-1939), en España se instauró una UNICA Escuela Oficial de Periodismo. Todo aquel que quería ver su nombre en un periódico español tenía que haber cursado ahí sus estudios “partidistas”, “gubernamentales” y “sacramentales”. Sólo los corresponsales extranjeros escapaban a esta regla porque, evidentemente, por muy listo que fuera, Franco no podía mandar ni siquiera influenciar en la prensa de fuera de sus fronteras.

Ocurrió que muchos de los que cursaron periodismo lo hicieron por razones ajenas a la vocación, pero el gobierno necesitaba titulados para regentar sus diarios y radios, que eran todos. Con el tiempo se instauró un curioso mercado. Muchos de los “periodistas” de la Escuela Oficial, reconocibles por un carnet oficial copioso donde se reseñaban todos los movimientos profesionales, “alquilaban” sus títulos para que el o los no titulados pudiesen publicar revistas. Ellos figuraban como directores pero la redacción la dirigía otro señor que por razones varias, en general convicciones políticas, se habían negado a que Franco les enseñase qué era el periodismo. En una revista muy prestigiosa de la que fui corresponsal en París, “Gaceta Ilustrada”, noventa por ciento de la redacción estaba compuesta por periodistas hechos por sí mismos, en general estupendos escritores, que llevaban la mayor carga de la Redacción. Eso sí, sus nombres no podían figurar de ningún modo en el lugar que hubiesen ocupado de haber ido a la Escuela. Ni siquiera en un reportaje.

Con el tiempo, el franquismo, en el que había excelentes periodistas que tampoco estaban de acuerdo con la vía única, la de la Escuela Oficial, pero que la habían aceptado como un mal menor, abrió la mano y yo pude ser corresponsal en París, de “El Alcázar”, diario franquista por sus contenidos pero de una calidad infinitamente superior a otros soportes del régimen como podía ser “Arriba”. Y se llegó a dar el caso desternillante de que un día las redacciones españolas acogieron a bastantes periodistas argentinos que habían llegado huyendo de la dictadura argentino y con Franco apenas enterrado pasaron a formar parte algunos durante cierto tiempo de los periódicos oficiales del régimen. Cuando se sabe que la mayoría de aquellos exiliados eran por lo menos de izquierdas, sino salido directamente de las filas de los guerrilleros que combatían a Rafael Videla, da risa. Porque Franco estaba como quien dice de cuerpo presente y la prensa seguía en manos de franquistas en su inmensa mayoría. Y lo estuvieron durante años en el caso de algunos títulos.

Casos como este se han dado en muchos países, sobre todo comunistas, donde el gobierno no concebía que la prensa pudiera gestionarse fuera de su influencia directa y definitiva. El caso de Cuba es muy curioso. Sesenta años después de la Revolución, yo me atrevería a decir de la prensa oficial que esencialmente “Granma” es un diario oficial y comunista y la verdad es que no lo oculta ya que se anuncia como Órgano Oficial del comité Central del Partido comunista de Cuba. No puede acusarse al gobierno, sea cual sea, de querer engañar a la gente.Aquí yo estaría de acuerdo en agregar que es un diario oficial y partidista. Pero el órgano de prensa a nivel global es la Agencia Prensa Latina (PL), fundada, dicen, por Che Guevara y Ricardo Masseti. PL es un ente totalmente gubernamental con la diferencia de que tiene por misión oficial extenderse en el mundo, cosa que no logrará jamás porque es precisamente otro órgano marcadamente comunista y que elige cuidadosamente sus informaciones. He colaborado y a veces sigo haciéndolo con Prensa Latina, donde suprimieron mis crónicas en la sección Orbe por razones que ignoro, porque mis artículos más revoltosos y anticomunistas trataban de Frank Sinatra o de Yvonne de Carlo. Simplemente por el capricho de un director que no sabe lo que tiene entre manos, y que quizá es la razón por la que le dejan dirigir, me fulminaron después de haberme considerado una estrellita, y lo digo sin pelos en la lengua porque no soy nada modesto. Todos los periodistas modestos que he conocido eran generalmente malos escribientes que no deberían de haber entrado jamás en una redacción. Entonces, ¿qué es el periodismo? Lo que ustedes y la dirección del periódico quiera. Estados Unidos, que nos enseñó a los europeos y otros aborígenes casi todo sobre el periodismo, tiene excelentes periódicos pero que de vez en cuando se saltan las normas más elementales de la objetividad a la torera cuando se trata de intereses políticos. Lo vimos durante la elección de Donald Trump, que tenía a toda la prensa más importante contra él y que defendían a capa y espada a Hillary Clinton, porque era demócratas. Y ello por una razón muy simple. En su infinita grandeza de infantilismo, los norteamericanos, hasta los más profesionales y los cerebros de las universidades más cotizadas, están convencidos que los republicanos son la derecha que diríamos en Europa, lo cual no es del todo cierto. Tras la derrota de la Clinton, daba pena ver a grandes especialistas del marketing político demócrata rasgarse las pestañas de lágrimas por no haber sabido juzgar el impacto popular que las palabrotas, no se pueden calificar de otra forma, de Trump, el perdedor designado, podía tener en la clase baja norteamericana, la que no asiste a los cócteles en Washington.

Creo sinceramente que periodismo es una forma de dirigir la opinión, y cada periódico, radio o televisión tiene su manera de ver las cosas y, por lo tanto, de presentar las informaciones.Cuando en 1993 se armó la tremolina en Cuba con la película “Fresa y chocolate”, en la que por primera vez se defendía a los homosexuales de una forma que ponía a uno de los protagonistas, que encarnaba a un joven comunista, al borde de la mariconería, pensé que aquella noche yo dormiría más tranquilo que el encargado de dar cuenta del caso en “Granma”. Porque se trataba de un acontecimiento cuyas repercusiones llegarían a los cinco continentes y no de una película más o menos subversiva como se habían visto tantas.

Aunque nadie ignora que el comité Central del Partido comunista cubano no puede estar estrictamente compuesto por machos bravíos, y que algún que otro homosexual y más otro que uno anda por allí, estoy seguro de que les hubiese gustado que la “prensa” cubana hubiese echado abajo el triunfo mundial de “Fresa y chocolate”. Reconozco que, por mi juventud en cubanía, me quedé de piedra cuando Alfredo Guevara, el patrón del cine cubano, me confesó en su suite del Hotel Nacional, que él había permitido hacer aquella película que en otros momento se hubiese considerado peligrosísima, porque Fidel Castro estaba de acuerdo para que se diese ese paso.

Y supongo que los principales miembros del Comité Central sabían por adelantado lo que Guevara me confesaba gustosamente, no es que yo se lo hubiese sacado usando de mis dotes de gran periodista europeo, a cosa hecha, en un rincón de su suite.Estaba claro que Fidel Castro quería poner sobre el tapete de la calle un tema social de envergadura que podía tener, como las tuvo, repercusiones en el mundo entero. Fue la primera vez que una película producida por Cuba fue seleccionada por los señores seleccionadores para los Oscars, que no son precisamente residuos de lo que McCarthy hizo con los cineastas supuestamente comunistas del cine norteamericano.

En estas condiciones, yo diría que la tendencia de un periódico se define en función de sus intereses, que pueden ser a menudo circunstanciales. Es decir, que pueden perfectamente cambiar de rumbo según las circunstancias.Porque el poder de la prensa no es infinito. Con toda sus argucias, y alguna que otra mentira, y pese a que el propio presidente de los Estados Unidos les ha ayudado con sus impertinencias, meteduras de pata como la de asesinar a uno de los hombres más importantes, el general iraní Soleimani, y otras barrabasadas, Donald Trump sigue en la Casa Blanca, en espera de que le juzguen…, la prensa norteamericana, la más poderosa del mundo, no lo ha echado a la papelera. Por lo menos hasta esta noche en que escribo estas cosas.

Las escuelas oficiales no han servido ni servirán nunca para formar periodistas. Puede que se aprenda a ser lacayo de una manera de pensar, pero nada más.Sesenta años después, cuando la guerra está en los periódicos, Cuba cuenta con excelentes periodistas, que lo demuestran a menudo, pero con pésimos dirigentes que querrían quizá que escribieran con un largo entrecomillado.Lo quieran o no lo quieran el Partido Comunista y quien ande detrás, el periodismo cubano ya es difícil de amaestrar, aunque pueda parecerlo leyendo a veces “Granma”. Y es lástima que esos dirigentes, que quizá estarían mejor dirigiendo regimientos durante la zafra, no se den cuenta del tesoro que tienen en sus manos.La prensa cubana tiene que ser capaz de que todo el mundo la crea ya sea escribiendo en “Granma” o en un digital como hacía Fernando Ravsberg. Y si quienes le quitaron la acreditación tuviesen una pequeña idea del futuro se lo devolverían en una ceremonia a la que podría invitar a esa prensa extranjera que tanto ha hecho por Cuba en el mundo.

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