La Cuba de mis escrituras

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Hay días, noches y antenoches en las que uno quiere hacer un poquito el balance de sus vidas, de lo que ha vivido y tal vez de lo que pudo vivir pero no le dejaron. Pero sobre todo de lo que ha amado, de lo que le ha marcado a lo largo y ancho de esas vidas largas o cortas que al final parecen que no se acabarán nunca. Porque todos vivimos varias veces.Mi gran logro periodístico fue haber podido formar parte de la más importante agencia de prensa del mundo, la Agence France Presse (AFP). No creo que haya un solo periodista en el mundo que resistiría a la borrachera de sentirse huésped de esa casa. Yo lo fui durante cuarenta años menos unos meses según consta en el diploma que me dieron en tiempos del Presidente Chirac, diploma de honor del Trabajo, con medalla de oro, no se olvide. Es decir, que me consideraban algo así como un pequeño Stajánoc, el minero soviético que quedó en los anales, con estatua y todo, como el ejemplo del héroe del trabajo de la Unión Soviética. Cualquier cosa.Los diferentes puestos que ocupé en la AFP me permitieron conocer el extraño país que en aquellos entonces era Cuba. La primera vez estuve como enviado especial al Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y quedé prendado del país, lo cual me parece visto desde hoy la cosa más lógica del mundo. Y con la generosidad que les caracteriza, los cubanos, de algunos ya desaparecidos conservo un recuerdo imborrable, de otros menos, me permitieron que escribiera en su prensa. Empecé a colaborar con Orbe y el servicio cultural de Prensa Latina en tiempos de Maria Castaño, es un decir, claro. Pero era un tiempo antes, dígase unos años, antes de que el entonces Presidente de la agencia cubana Prensa Latina (PL), Frank González García, un tipo morrocotudo que no se tomaba nada en serio pero que apreciaba mi trabajo, hasta el extremo de citarlo a veces en conferencia de Redacción, me distinguiese. En un viaje que efectuaba por varios países hizo una insólita escala en Málaga, nada menos, para entregarme un maravilloso diploma, que desde entonces está colgado en mi despacho. Bajo la foto del Che y de Jorge Ricardo Massetti, el otro fundador de la agencia, reza: Reconocimiento al colega Sergio Berrocal por sus siete años de valiosa colaboración con Prensa Latina y su permanente solidaridad con Cuba. La Habana, 23 día del mes de xxx (borrado) de 2007.

Lo firmaban el Presidente González García y Anubis Galardy como jefa de Redacción de Cultura. Debo de decir que fue ella quien aprovechando mi primer festival de cine de La Habana, en 1985, me comprometió a colaborar, lo cual hice muy gustoso. Convenimos de las condiciones y trabajamos, algunas veces con tropiezos debido a mi intransigencia europea, que no quería comprender ciertas sutilezas del alma periodística cubana y otras veces, casi siempre, las cosas iban como la seda.Aprendí mucho con Anubis Galardy, que es una excelente maestra y que me había dado algunas lecciones prácticas de lo que es el periodismo pobre pero valiente en el Festival de Cine de Cartagena de Indias (Colombia), donde tuve que atarme los machos para que no me echara al mar. Yo llevaba muchos años ya en France Presse París pero mi colaboración con PL fue muy provechosa para entender el periodismo cubano.Creo que nada más que tuve amigos y ningún problema.En 2013, aprovechando otra estadía en La Habana, el que había reemplazado al generoso Frank González como presidente me dijo que íbamos a formalizar las cosas y me ofrecieron un contrato, que el 20 de marzo de 2013 firmé creo que sin leer porque había confianza. Fue oportunidad para conocer a un tipo fuera de serie, José Dos Santos López, que entonces era Director de Relaciones Internacionales y con el que sigo carteándome. Es probablemente uno de los mejores periodistas que he conocido en Cuba y sigue siéndolo. Fíjense que con casi mis muchísimos años escribe todavía sin parar para información y aprendizaje de los que le leemos.

Pasó el tiempo, creo que mucho tiempo, y un día me dieron la patada, es decir que me echaron, que prescindieron de mi preciosista escritura. Nadie me dijo formalmente nada pero mi firma desapareció de las publicaciones de PL. El caso es que desde entonces escribo en el diario digital que edita mi hijo Tony Berrocal nom (newsonmagazzine.com).Eso sí, de vez en cuando, más de cuando que de vez, Anubis Galardy me deja colaborar en la sección Firmas Selectas, donde escriben intelectuales de altos vuelos entre los que me siento un poco apretujado como cuando tomaba todas las mañanas el Metro en París. Pero bueno, se acabaron mis colaboraciones regulares con ORBE, donde me trataban con mucho cariño y yo intentaba darles lo mejor.

Y aquí termina el cuento. Porque como no soy Alicia ni ya existen los países de las Maravillas, esto es lo que hay.

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