Julien Assange, hombre del Año

El diario Le Monde acaba de nombrarle hombre del año. Es lo menos que podía hacerse.El periodismo es el más bello de los oficios y el más traidor. Lo mismo tienes una firma adorada por el mundo entero que te conviertes en un proscrito. Esta es la historia del australiano Julian Assange por quien toda la gente decente que pudo saber gracias a él lo que nunca habría sabido debería rezar un padre nuestro todas las tardes. Assange se arriesga a terminar en un Guantánamo de los mucho que tiene Estados Unidos y no volver a ser más una persona. Yo no sé si no preferiría un tiro en la nuca como se hacía más adecuadamente en otros tiempos donde existían regímenes sin ninguna fachada de democracia. Cuando WikiLeaks, inventado por el australiano, dio a conocer al mundo, por su intermedio, las atrocidades, embustes y de todo cometido por casi todos los gobiernos del mundo, y cuando Estados Unidos puso su maquinaria represiva en marcha, Assange se refugió en la embajada de Ecuador (cosa curiosísima) y allí estuvo de 2012 hasta que en 2019 el traidor de turno en ese país le negó el asilo y las autoridades británicas le metieron en una de sus cárceles, que dicen son tan deliciosas como las que se ven en las películas, donde sigue en espera de ser extraditado a Estados Unidos, algo que no le desean ni sus peores enemigos.

Sin duda que una vez llegue a manos norteamericanas, el periodista australiano sabrá lo que los yanquis aprendieron en la catastrófica guerra de Vietnam que perdieron pero donde aprendieron el suplicio de la gota de agua que cae sin parar sobre el reo y otras preciosidades. Sin duda será para ellos una forma de “ejemplo”.

Ese tipo de tortura que tiene una variante más pacífica que yo bautizo la del desprecio –es decir, el individuo castigado, desaparece profesionalmente del mapa—la han sufrido muchos compañeros occidentales. Es algo parecido a lo que practicaba en tiempo del absolutismo monárquico en Francia. El sujeto era expulsado de la Corte y órdenes eran dadas para que se hiciera como si no existiese, como si no hubiese existido. Por supuesto que mis escritos sobre la monstruosidad que le espera a Assange no va a sacarlo de apuros. Era un simple recordatorio.No sé si Assange tiene muchos amigos, esos que se ven cuando hay duelo, no los de las fiestas. Pero incluso los que no le conocemos más que en la foto tenemos la obligación de desearle la suerte que merece la gente muy, muy valiente.

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