Caballeros: peligran sus atributos

Sergio Berrocal | Sergio Berrocal Jr.

Acabo de enterarme que el enamoramiento sensual y manual de los hombres está a punto de caer en un pozo más profundo que el lago Titicaca. Pronto las señoras más progresistas no nos necesitarán más que para ir a la compra, y el lecho conyugal podría convertirse con el tiempo en una rareza e incluso en una costumbre del pasado. Fernando Sánchez Dragó es un escritor español muy conocido pero no solo por sus escritos. A los 83 años tiene una reputación de don Juan que ya nos gustaría a cualquiera de nosotros que somos más jóvenes. Las mujeres se lo rifan y esto que les digo es de una fuente fidedigna. En España todo el mundo le conoce por sus libros, cuenta como nadie, pero también los varones le tienen una envidia loca por sus éxitos con las mujeres. Se le caen como las moscas en un verano tórrido cuajado de matamoscas. La última tiene un poco más de treinta años y es intelectualmente una eminencia. El otro día me dio a conocer la última novedad que al parecer corre por las tiendas especializadas, el “succionador” de clítoris. Está entusiasmadísimo y dice que no falla. Se trata de un aparatito que las mujeres pueden usar solas o acompañadas y que succiona la parte más noble que ellas tienen ocultas en lo más íntimo de sus faldas. Lo novia, actual de Dragó me ha confirmado que es lo no va más: “El succionador está de moda – me cuenta–. Suma y no resta”. Y sigue afirmando que es la locura de toda mujer moderna. El aparatito consigue provocar las sensaciones divinas que los hombres no siempre consiguen.Con el succionador se llega al cielo en dos o tres minutos máximo, con opción a repetir inmediatamente y varis veces seguidas sin ningún problema, agrega muy segura. En estas condiciones, el macho puede quedar para hacer compras. Dragó dice que no, porque es un don Juan aunque tiene mucha confianza en la tecnología pero es evidente que si las señoras han encontrado realmente la forma de olvidarse de los hombres en la búsqueda del placer, estamos muertos.

Porque Dragó sabe de lo que le habla. Su novia actual, él es polígamo a su manera, me ha asegurado que el invento es algo más que extraordinario. “El succionador está de moda –dice– Es él quien lo maneja, a las mil maravillas por cierto. Nuestros polv… son de infarto”. Estoy convencido de que este aparatito es lo más peligroso que se ha inventado contra la virilidad del hombre y curiosamente llega al mercado cuando los movimientos feministas duros y puros, inspirados sin la menor duda en el que inventó aquella fea actriz en Hollywood que le costó la carrera a varios grandes de la pantalla. Como no creo en las casualidades, estoy convencido de que esto es un truco más para arrinconar al hombre, primero convirtiéndolo en un mero asesor-ayudante de los momentos cumbres de todas las parejas y luego para borrarlo del mapa y consagrarlo a las tareas del hogar.

Es posible, pienso, que las más generosas cuando quieran tener un hijo dejen que sus maridos o amigos sean los expendedores del alma llamada esperma, pero no es seguro que con las facilidades que ofrecen las clínicas de fertilización artificial, el alquiler de vientres y la adopción de siempre el hombre no tenga que acostumbrarse a llevar la cofia de las criadas pudientes.

Pueden reírse, ustedes que no están en Europa y viven en otros lugares del mundo y pienso a los machos latinoamericanos y precisamente más en los cubanos. Pero no se hagan ilusiones, hermanos. Los terribles aparatitos llegaran también ahí si es que ya no han llegado y puede que hasta los regalen, porque no hay duda de que esto es una operación que ni la CIA la pararía, para hacer que el hombre tenga que seguir cursos del hogar y aprenda todo lo que hace la mujer con mucho fastidio.

Machos del mundo, déjense de ir al gimnasio, de aprender y perfeccionar esas danzas latinas que tienen un no se qué que no es muy masculino y pónganse a estudiar para que cuando su amiga, su esposa o su novia de toda la vida le diga que quiere que pruebe con ella un aparatito muy mono que le han regalado. Salgan huyendo, llamen a la policía, a los bomberos o a una línea de ayuda a los machos. Porque seguro que van a tener que pelearse a trompadas con el succionador de clítoris que le va a comer la felicidad, por mucho que su acompañante le jure que no es más que un juego.

Oigan, machos del mundo. Cuando menos lo piensen estarán utilizando el succionador y cuando su señora se hay quedado dormida y feliz, usted tendrá el aparatito entre las manos sin saber qué hacer. Porque me aseguran que no tiene ninguna utilidad para el hombre. Lo único que le quedará será sollozar amargamente o rezar unos cuantos rosarios en espera que en el cielo no estén de acuerdo con el invento de las feministas. Claro, que siempre le queda el cambio de sexo o la transformación en hembra no operada. Usted verá. Pero luego no me escriba diciendo que no le había avisado.

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