Cuba y la despedida

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Se acerca otra despedida y dudo que haya alguien en Cuba que emparente el adiós con la nostalgia. 2019 boquea y lo que habrá que desentrañar desde enero tampoco se anuncia estimulante. Los bueyes seguirán reemplazando a los tractores, el ahorro de electricidad forzado por falta de combustible se mantendrá, así como el alto costo de la vida, las colas, y el desabastecimiento de productos y alimentos de primera necesidad, según dejan entrever el presidente y sus ministros. “Trump quiere vencernos, y ¡NO LO VA A LOGRAR!”, aseguran.Los que viene es algo parecido a lo vivido en este año infame a punto de expirar, y no vale la pena reseñar penurias, estamos en diciembre. Es preferible aferrarse a lo que al menos aquí encierra de alegría cada fin de año. Las calles y los comercios no brillan por los adornos navideños que desbordan calles y comercios en otras partes, y sin embargo la gente disfruta lo mucho o lo poco con que cuenta. Pese a las prohibiciones de Estados Unidos, los que viven allá se las arreglan para venir a festejar con amigos y familiares colapsando aeropuertos, y pese a la escasez de casi todo, los de aquí, al menos este mes, dejan a un lado las penurias.

José Antonio Ballester, pensionado de 74 años, está alertado de que el 20 de diciembre llegará una de sus nietas y que cinco días después desembarcará su hija Gabriela, y aunque aún no ha encontrado ni el tradicional turrón de jijona ni las uvas que se importan, curado de espantos, ya se siente bendecido. Nicanor García, 50 años, acaba de liquidar el negocio privado en que se aventuró, por falta de ganancias y los muchísimos obstáculos de la burocracia administrativa que sobra –quizá lo único que sobra-, y no obstante lo incierto del mañana, ha adornado su casa y de un lado al otro compra lo que encuentra a fin de cenar en familia el 24 y esperar al año echando a la calle los concebidos cubos de agua a las 12 de la noche, para sacar de las entrañas lo malo que acumuló estos 12 meses. Y Dalia Suárez, 30 años, se estrena como ingeniera en la empresa estatal de telecomunicaciones con la que soñó de adolescente y le entrará al 2020 como la más feliz de las cubanas.

El último mes de todos los años tiene un sabor especial en esta isla caribeña, en este ajiaco de culturas, en este territorio -es sabido- que se encuentra en el mismo centro del camino preferido de los huracanes. La gente se saluda con afecto aunque en enero vuelva a fajarse de palabra por cualquier motivo; los amigos desaparecidos reaparecen para darle unos cuantos toques al Havana Club con siete años de añejamiento, como mínimo, o al Jamenson que se encontró en el último momento, porque también el whisky está a la baja en los mercados. Y los niños, bueno los niños son como el mayor tesoro del país y saborean cada instante sea o no el último del año.

2019, por suerte, se nos va entre las manos y se va para no extrañarlo. Después se verá qué hacer, de momento es tiempo de bondades, de fiestas y de jaranas más que de recuentos, porque el saldo de los recuentos ha marcado cada día.

× ¿Cómo puedo ayudarte?