Europa roída por la desigualdad

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Se avecinan las Navidades y en este idílico continente europeo, con 28 países apiñados en la mal llamada Unión Europea, la desigualdad social sigue su camino hacia las organizaciones caritativas, que hacen un trabajo genial, y en los grandes almacenes donde compramos el caviar, salmón y otros aperitivos, hay gente pidiendo a la puerta para los bancos de alimentos, de donde salen algo de comer para los que no tienen más que hambre.Generosamente solemos dar un paquete de arroz o de garbanzo, según el precio, porque buscamos lo más barato, mientras nos llevamos para casa todos las delicatesen existentes. Pero nos quedamos con el alma tranquila. Estas navidades, los pobres podrán comer la mierda que nosotros no queremos. Pero gracias a nosotros.Pero mientras tanto la Unión Europea y los gobiernos de gente sin piedad que los componen prepara sus propias Navidades y los rusos ya no saben dónde pescar tanto caviar. Hay que alimentar a los funcionarios que nos atracan cada día con más impuestos y gastándose a manos llenas nuestros dineros con las estupideces que se les ocurre. La última ha tenido lugar en Madrid, capital de un país donde el número de niños que pasan hambre lo cuentan las estadísticas, donde se echa a la gente a la calle por no poder pagar un alquiler y donde se roba a destajo.En la capital ha tenido una vez más una de esas sesiones sobre el medio ambiente, es decir para que el mundo no se nos caiga encima, y una vez más es un fracaso monumental. Ni Donald Trump se ha acercado para carcajearse de semejante teatrillo que tanto les gusta a los europeos. Eso sí, unos listos se han traído a una muchacha sueca que con una tribu de mamá y compañía se ha dedicado a dar lecciones y la pobre apenas debe de saber leer y escribir.Pero esta es la Europa de este fin de año. Mientras en un país como España, que sigue sin gobierno gracias a los chanchullos de los políticos, los recaudadores de impuestos no dan abasto para asaltar a la gente ya que hace falta mucho dinero para mantener a tanto político que viven maravillosamente con el dinero del contribuyente.

La verdad es que no dejan títere con cabeza esos recaudadores de impuestos a los que combatía Robin de los Bosques. Imagínense que hasta le han pedido dinero de impuestos no pagados o lo que sea a un premio Nobel, el peruano Mario Vargas Llosa, que ahora es español, y que últimamente da mucho que hablar no por sus libros sino por sus estupideces. Como aparentemente se aburre ha arremetido de nuevo contra unos y otros, diciendo que en Chile no hay hambre, y algunas organizaciones le acusan de volver a guerrear contra Cuba arreglándoselas para que los cubanos no puedan vivir en paz.

Mario, Marito, fue en sus tiempos un izquierdista de tomo y lomo –todavía no era rico– y en Cuba se le agasajaba y él agasajaba a Cuba pero con tanto caviar que ingurgita en sus cenas madrileñas, porque ahora tiene una novia española que debe de tenerlo más derecho que las velas de los buques escuela, se aburre el pobrecito mío y dice mamarrachadas.

Ya no recuerdo si Mario estuvo en la reunión esa madrileña del medio ambiente, pero genios como el cantante Alejandro Sanz, conocido por sus simpatías hacia el régimen norteamericano, debió decir tantas pavadas que los periódicos le abuchearon. Otro participante fue ese delicado actor llamado Javier Bardem, que tiene una cara de bruto que asusta, también quiso figurar en la tribuna y entonces va un periódico y descubre que su coche preferido, con el que se pasea, es el que más contamina en el mundo. Y qué más da.Vivimos como ya les digo un fin de año para vomitar tres veces por día, incluyendo los domingo y días de guardar.Y es que tenemos que llegar a la conclusión de que seguiremos así mientras nuestra Europa siga compuesta por una mayoría de gente con poder y maldad.

El dinero manda en el mundo entero pero ya en Europa estamos en plena decadencia moral. Los ricos ricos son, los políticos tienen cada día más poder y no hay quien pueda con ellos. Sencillamente porque no hay ningún partido dispuestos a combatir la desigualdad. Todos tiran para casa y la pobreza se extiende cada día más. En París, las tiendas de campaña proliferan para que los emigrantes puedan morirse más lentamente. Pero en otros lugares de Europa, ni eso. Se les deja a la antigua usanza. Que duerman en el frio con cuatro cartones y mucha imaginación.Mucha gente, más de la que ustedes pueden imaginarse, sobrevive en esta Europa que fue un continente de película gracias únicamente a Cáritas, Cruz Roja y otras organizaciones caritativas.La Europa de las películas agradables se acabó. Ahora como mucho existe una Europa de cine realista.

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