Cuba y un suspense de fin de año

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

 

Todo puede cambiar en horas, o no, porque cuando de suspense se trata los cubanos han desarrollado capacidades inauditas; así fue durante muchas épocas de lucha clandestina y sigue siendo hoy hasta para poder importar un sorbo de combustible. “En silencio ha tenido que ser”, decía José Martí. En la mañana del viernes 6 de diciembre recibí una de esas informaciones que ponen en guardia. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, visitó el nuevo hotel Paseo del Prado de La Habana, me dijo una fuente. Sobre las 11 de la noche del mismo viernes, MILENIO-TV pedía confirmara la llegada de Evo Morales a la isla, porque en México ya se había informado su partida. Todo apuntaba a que por primera vez, desde que Morales se asiló en el país norteño, la capital cubana devendría centro de un intercambio político de trascendencia. Noticia, sin dudas. Pero el sábado y la primera parte del domingo transcurrieron entre la ansiedad y el corre-corre de toda búsqueda infructuosa. Granma publicó en su versión digital que Morales había viajado a Cuba para someterse a tratamiento con los médicos cubanos que la atendían en Bolivia hasta el golpe de Estado, según decían medios extranjeros, y citó a la la Secretaría de Relaciones Exteriores de México solo a fin de puntualizar que la visita será “temporal”. Ni los noticieros estatales de tv, ni Cubadebate, se dieron por enterados ese día. Silencio por todos lados, pese a que el mismo sábado Morales tuiteó desde aquí su agradecimiento por haber sido elegido jefe de campaña del Movimiento al Socialismo (MAS) –la mayor fuerza política boliviana-, con vista a las elecciones de 2020. Acerca de si Maduro estaba en la isla, ni TeleSur dio cuenta.

Doimngo,12:45, hora local. El hermetismo se mantiene cuando llega otra información sin que alcance a confirmarla. “Evo se va hoy”. Entonces ¿qué hacer?, cuando el oficio es informar, no inventar. Seguro que alguien tendrá la respuesta. A mí solo me queda suponer que La Habana ha sido sede de un importante balance tripartito y crítico de lo ocurrido, cuando la derecha está desbocada en la región a la sombra de Trump, y, sobre todo, de lo que está por ocurrir en cuanto a Evo, el MAS y los próximos meses en Bolivia. Parece lógica la disposición expresada por el entono de Morales de que el dirigente se acerque a su país a fin de dirigir la campaña del MAS y de que en Argentina este su próxima residencia después de que Alberto Fernández asuma la presidencia.

Quizá en las próximas horas haya algún trascendido aquí o allá; a los mejor se levante el velo, pero a esta altura del domingo solo me queda mantener el rastro, la ansiedad y las antenas desplegadas sobre lo que pudo ser y todavía, con certeza plena, no puedo asegurar que fue.

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