Otro Fidel

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La primera vez que pisé La Habana, hace cosa de 35 años, lo que más me impresionó fueron los niños que me encontré yendo al hotel, todos uniformados, limpios como una patena, sonrientes con dientes blancos y cuidados. No estaba en París sino en un país del Tercer Mundo donde en aquellos momentos no había dinero para impresionar al turista. Me encontraba en una ciudad donde la búsqueda del sustento cotidiano era la mayor preocupación de los cubanos y donde se ganaba muy poco y todo era dificilísimo. Un poco como ahora, pero algo peor. Los niños no los habían preparado para enternecer a los turistas. 35 años después, Cuba es el país donde, según estadísticas internacionales, los niños están mejor cuidados. No es propaganda. Es así. Cada vez que ponía los pies en La Habana, el mismo espectáculo de una limpieza y hasta elegancia rigurosa en esos chiquillos que iban a clase. Quizá porque les habían enseñado que sería un camino largo, ya que en Cuba estudiar es una de las cosas más visibles. El analfabetismo está erradicado y es raro no encontrar un joven educado e inscrito en una escuela, una facultad. Cosas de Fidel Castro. Han pasado sesenta años de la Revolución y los estudios parecen ser sagrados, por aquello de que una persona formada vale por muchos. Al mismo tiempo, las dificultades económicas en 2019 están muy presentes e incluso en profesiones como el periodismo o la medicina, salir adelante todos los días no es fácil. No sé si los niños míos, aquellos que me dejaban con la boca abierta de envidida, siguen yendo a la escuela tan bien arreglados, peinados, con una sonrisa que embelesaba. No sé, por supuesto, qué ha sido de ellos. En todo caso el más pequeño ya es hombre, probablemente estudia, quizá ya hasta tenga un oficio y alguno será tal vez hasta periodista, porque el periodismo se lleva mucho en Cuba aunque ejercerlo ahí es de aúpa.

Quiero pensar en que hay países fuera de Europa, de este manicomio de 28 países –ya habrán agregado alguno, no se preocupen, esto es un paritorio donde casi nadie habla la misma lengua—países en los que se piensa que el niño será un día un hombre. Esa impresión la tuve en Cuba pero quién me dice que no me equivoqué, aunque no me gustaría. Lo que más indigna al mundo con Cuba es que en esta isla comunista, que fue revolucionaria con Fidel Castro, la educación ha sido y creo que sigue siendo uno de los principales objetivos con la salud. Educar es vencer. Yo estoy convencido de que en esta Europa nuestra, no hablo de los países nórdicos y otros “civilizados”, se trata consciente o inconscientemente de que los jóvenes no vayan muy lejos en sus conocimientos porque así se les puede explotar sin problemas. Es el caso de España, donde multitud, auténticos avisperos de muchachos recién graduados cogen el primer vuelo barato para buscar fortuna fuera. No es el caso de Francia donde la educación es primordial, eficaz y digna de elogio. Si me he referido a los niños cubanos es porque me pregunto si entre los que andan por ahí habrá algún día un espíritu revolucionario como el que surgió en la época de Fidel que puedan formar una nueva nación, porque la que dejó Fidel ya está cometiendo y chupando todos los errores de los países occidentales. Me pregunto si un día, cuando yo ya esté detrás de Jesús corrigiendo su próximo editorial, veré una nueva Cuba y una nueva Revolución cubana. Si habrá surgido entre tanto crio un tipo con las agallas, la inteligencia y el carisma de Fidel Castro. Y que corrija los errores que ahora se están cometiendo.

Y sobre todo que no deje convertir La Habana en Las Vegas o algo peor. Qué lindo sería aterrizar de nuevo en La Habana y encontrarse con una Revolución de verdad, la que forjó Castro, con todos los adelantos que la modernidad haya dado para entonces. Y con gente nueva, de donde hayan desaparecido todos los viejos chochos y algunos jóvenes inútiles que no dejan que el periodismo cubano se desarrolle más que en una dirección. Y el periodismo es esencial para la buena salud de una nación y para su credibilidad en el exterior.

Sería el hombre más feliz del mundo, pero ya no lo veré. Tuve la suerte de que Fidel me dijera unas cosas en una noche cerrada de La Habana, tuve la gran suerte de ver un país que desde luego no era en lo que se está transformando, donde había gente con muchas ganas de enseñar la Revolución y de no abandonarla nunca. Dios te bendiga, Fidel. Espero que hagas nuevas migas con mi amigo Jesús.

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