Cuba, “cuatro caminos” y muchas causas

Vivian Núñez | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

El triste espectáculo de un gran mercado tomado por asalto por una multitud incontrolable no es común en Cuba. La referencia más reciente de algo parecido se remonta a la década del 90 del pasado siglo, cuando el país vivía la mayor crisis económica de su historia contemporánea tras la desaparición de la aliada Unión Soviética.Entonces fueron apedreadas algunas tiendas y sustraídos sus artículos –de ahí surgió la idea de mostrar en los comercios y vidrieras zapatos de un solo pie, por si había robo- hasta que Fidel Castro llegó al lugar y encabezó una contra-manifestación en su apoyo, donde dicen testigos que estaban algunos de los mismos que antes tiraban piedras y rompían vidrieras.Ahora el vandalismo en el Mercado de Cuatro Caminos, el pasado 16 de diciembre, el mismo día de su reinauguración, es, en mi opinión, más peligroso y muestra síntomas mucho más dañinos, teniendo en cuenta, además, que oficialmente la isla no está en crisis.

En un país en el que desde hace meses muchas tiendas son casi un estado de ánimo, en las que, como me dijo una vecina, “solo hay latas de frijoles que no hay quien se las coma”; donde encontrar, por ejemplo, mantequilla, puré de tomate o café es motivo de euforia familiar, reunir en un solo sitio, con previo bombo y platillo en los medios estatales, productos deficitarios en el resto del país, es una idea que no se le ocurriría ni al más temerario funcionario de la CIA de Estados Unidos. Se parecía Cuatro Caminos en realidad a las imágenes habituales del noticiero de la televisión estatal en esos años 90, cuando era el único lugar –imaginario, claro está- donde se encontraban viandas, vegetales y carnes.

A diferencia de los 90 del siglo pasado, en 2019 conviven junto a la propiedad estatal, la privada y la cooperativa. Conviven avaladas constitucionalmente, pero al parecer no del todo asimiladas por sectores del poder. Solo así se explica los impuestos enfadadísimos a los trabajadores privados, el mar de inspectores que los rodea y la reapertura masiva de restaurantes y comercios estatales, que duran operativos solo meses.

Los dueños de restaurantes y cafeterías –no los administradores de los establecimientos estatales- tienen que ir a mercados como el de Cuatro Caminos a adquirir lo que necesitan para sus negocios; ahí tienen que ir también los que duermen en un colchón roto y vieron en tv varios nuevecitos; ahí van igualmente los vagos y especuladores –no pocos en la zona donde está enclavado el mercado-, los mismos que irrumpen en los ómnibus ingiriendo bebidas alcohólicas y vociferando, los mismos que revendiendo en el mercado negro ganan en pocas horas lo que un cirujano no ingresa en un mes.

De la falta de educación y decencia –caras negras del acontecer nacional- habló Raúl Castro cuando era presidente. Se inició entonces una campaña que, como ocurre mucho en Cuba, se fue diluyendo hasta desaparecer.

Pero por encima de los discursos y las campañas está la realidad. “El hombre piensa como vive”, dijo un viejo y muy socorrido filósofo. Pregúntenle entonces qué piensa al cubano de a pie, a ese que vive en la precariedad, cuando lo incitan a comprar en Cuatro Caminos.

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