Cuba y el enigma del futuro

Manuel Juan Somoza

La Habana

 

Muchas veces me han hecho las mismas preguntas: ¿Por qué los cubanos han soportado tantas carencias materiales y limitaciones individuales desde el triunfo de la revolución?, ¿por qué no se han revelado masivamente?, son las recurrentes. Las recientes toman en cuenta la nueva crisis económica que padece la isla, la explosiva situación en Venezuela, su principal aliado, y el golpe de Estado en Bolivia. Es cierto que este oficio permite llegar un poco más allá de lo que dicen los políticos; es verdad que cuando el periodismo se toma en serio la vida se va entre notas hechas a cualquier hora e intentos de entender el por qué de muchas cosas; resulta innegable que como los artistas plásticos observan la vida buscando luces, sombras y perspectivas únicas, quienes una vez se sumaron a la aventura de informar, tienen el hábito riesgoso de querer adelantarse a lo que podría ocurrir. Pero el oficio no es suficiente si se quieren descifrar los enigmas del presente y el futuro, aunque haya quien suponga que lo sabe todo. El ego –“ese pequeño argentinito que todos llevamos dentro”, se dice en broma-, siempre puede traicionar. No obstante, vuelvo a responder lo que he respondido, lo que pienso, sabedor de que la unanimidad de opinión es humo. Los cubanos se alzaron en armas contra España en la cola de América Latina, pero cuando lo hicieron desafiaron a las mayores fuerzas que la colonia concentró en esta parte del planeta. La Primera República nació con tutela estadounidense, multipartidismo y los demás atributos de aquella democracia. La Segunda, cuando Fidel y sus guerrillas bajaron de las lomas y brotaron triunfantes en las ciudades, aún se mantiene con partido único y otros mecanismos, en un tipo de organización social distinta a la generalizada en este continente.  La Tercera está por venir.

Desde 1959, aquí ha ocurrido de todo, hasta el riesgo de un bombardeo nuclear que se enfrentó entre rumbas, guarachas, chistes y esperanzas, con fusiles, escopetas, revólveres y machetes como si algo de eso valiera a fin de sobrevivir a un golpe atómico. El romanticismo mandaba por la convicción generalizada de que era el precio a pagar por un país más equitativo, y de cierta forma siguió mandando algún tiempo más. En los 80 y en los 90, el sueño se hizo difuso, nada era tan bonito como se suponía, y desde entonces, la alternativa se plantea así, o cambiar todo lo que hay que cambiar para que el proyecto cubano funcione con vista al bien de todos –sea cual sea su ideología-,  o regresar al esquema anterior a 1959, con la diferencia de que quienes comandarían el regreso serían EU y los potentados cubanos de antes,  devenidos estadounidenses cuando se refugiaron allá, quienes desde hace casi 60 años –incluidas sus descendencias-,  sueñan también con el regreso, como acaba de ocurrir en Bolivia, ahora con una autoproclamada presidenta interina –antes lo hizo Guaidó en Venezuela- , quien el 14 de abril de 2013 reveló sus entrañas en el siguiente tuit: “Sueño con una Bolivia libre de ritos satánicos indígenas (son 60 por ciento de esa población), la ciudad no es para los indios, que se vayan al altiplano o al chaco!!!”.

Las leyendas de una revolución como la que triunfó en la isla hace casi 60 años se han mantenido –“¡Aquí no se rinde nadie, cojones!”, dice una de las consignas vigentes, surgida de la guerra de guerrillas. Y junto al peso cierto de las leyendas hay resultados sociales que tocan a todo el mundo:  salud gratuita y generalizada –pese a que la masividad de médicos es peligrosa-; educación gratuita que llega hasta las ciénagas y permite a cualquiera aspirar a ser científico; electrificación casi total del país; subvenciones estatales a fin de proteger a los que menos ingresan, y otro largo etc…, sobre una economía estatal ineficiente y mandona. Por el poco espacio de que dispongo no abordo otro factor decisivo, la unidad de las fuerzas armadas en torno al proyecto cubano.

Todos esos resultados sociales, pienso yo, nutren el alma de la Nación al punto de mantener al país en calma, aunque todavía no funcionen los cambios económicos puestos en marcha. Reconozco que algunos de los que me han preguntado sobre el acontecer nacional tenían otras respuestas en el gatillo. “Es el temor al lobo ( Estados Unidos) que se ha encargado de machacar una y otra vez la propaganda oficial el que mantiene la estabilidad política y social”, dicen ellos.  Empero, lo que ocurre en Chile ahora, añado yo, indica que cuando la gente se cansa no hay lobo que les meta miedo.

Quién sabe, una vez más puedo estar equivocado, pero pienso que para que ocurran manifestaciones masivas contra el sui géneris proyecto social cubano, tendría que quebrarse, primero, el alma de la Nación y después revelarse las fuerzas armadas, y eso no está al alcance, al menos, de mi vista,.

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