Cuba, Bolivia y Su Majestad, el rey de España

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Se incendió América Latina con el golpe de estado a Evo Morales. Cada quien, incluso los indiferentes, toma partido de acuerdo a sus creencias. La inestabilidad ha vuelto a las calles y a las plazas de Bolivia, como ocurrió casi siempre hasta que el indio asumió la presidencia hace 14 años, el mismo tiempo que lleva Ángela Merkel al frente de Alemania, sin que a nadie se le haya ocurrido llamar a un golpe. Y con ese telón de fondo, Su Majestad, el rey de España, hizo la primera visita oficial de un monarca ibérico a “la isla bien amada”, como la bautizaron sus antepasados tras desembarcar con caballos, lanzas y armaduras a fin de imponer al reino en esta parte del planeta. En la Plaza de la Revolución de La Habana, antes de reunirse con el mandatario Díaz-Canel (¿habrán hablado de Bolivia?), el rey y la reina hasta posaron para las fotos –esta visita más que sustancia es de imágenes- ante el rostro enorme fundido en acero negro de Che Guevara, como antes hicieron otros personajes que nada tienen que ver con Guevara, entre ellos Barack Obama. Pero sigo con Bolivia, donde sí hay sustancia con vista al presente y al futuro de la región, y dejo el análisis de lo ocurrido a los conocedores, o a los que dicen conocer de todo. Estoy muy lejos de aquella cotidianidad, aunque no me sumo a los que festejan o justifican otro golpe en la región. Sin embargo, como muchos, he seguido lo que ocurre allá desde antes de las elecciones del 20 octubre, cuando la oposición anunció a los cuatro vientos que no admitiría otra victoria de Evo y quizá, como pertenezco a una generación crecida entre tempestades, cuando veo lo ocurrido desde el domingo pasado viene a mi mente Salvador Allende, quien ante el bombardeo de los militares fascistas no renunció a su mandato, no pidió clemencia, no buscó asilo y murió en La Moneda. Ya sé que puedo estar equivocado, no sería la primera vez, pero asumo lo que está ocurriendo a partir de la conducta del chileno. Es muy pronto para acuñar el fin de la alternativa social, política y económica abierta por Morales, aunque este se exiliara en México; tengo la impresión de que estamos a las puertas de otra guerra civil, mientras aquí en la isla, el rey y la reina pasean, como suelen hacer los monarcas; este es “un viaje de Estado que queremos que tenga un contenido cultural (…). Nuestra idea no es venir a hacer política, porque el rey no hace política en España, dijo el embajador de Sus Majestades aquí, Juan Fernández Trigo, para bajarle el tono a las ilusiones.

No obstante, en las condiciones de acoso que vive esta isla, coincido con el escritor Leonardo Padura: “Es un acto con gran simbolismo por las relaciones históricas entre los dos países. Cuba es quizás (por razones también históricas) el más `español` de América, con unos vínculos que llamaría viscerales, familiares, profundamente culturales. Y en el momento tan tenso que vive el mundo una buena relación siempre es preferible que una tensa y distante, más con España”. El martes, por ejemplo, fue suscrito un Acuerdo para el Marco de Asociación País Cuba España 2019-2022 en Materia de Cooperación Internacional para el Desarrollo dotado con 57,5 millones de euros. Algo importante en un país donde cuenta cada euro o cada dólar.

Por oficio, se habrán dado cuenta, estoy siguiendo la visita de Sus Majestades, aunque tengo la roja puesta en México porque el tema Bolivia-Evo Morales, que sí tiene mucha sustancia, se lleva todo el espacio. Es así este oficio, la vida es así. Al Sur, estremecimiento social y vientos de guerra civil. porque en paralelo en el Chile de Allende siguen las peleas en las calles. En tanto, acá al Norte, en la mayor isla del Caribe, los reyes de España se pasean, mientras en Madrid un “vendedor de humo”, como le dicen algunos al presidente Pedro Sánchez, dice que formará “un gobierno de izquierdas”, cuando pudo haberlo hecho mucho antes.

 

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