Una nueva amarga lección

Por José Dos Santos | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La historia vuelve a darle la razón a un iluminado, soñador con un corazón tan grande que fue capaz de ofrendarlo por sus ideas, quien advirtiera que a ese enemigo, que llamó imperialismo, no se le puede dar «ni un tantito así». Ni al imperio ni a sus lacayos, enmascarados, solapados, oportunistas, arribistas y vendepatrias. Otros han pasado por experiencias recientes, por la vía leguleya, o a empujones parlamentarios; usando resortes engañosos y manipuladores, movilizando escoria social junto a confundidos y adversarios de clase; con mayoritarios medios de difusión serviles a poderosos intereses oligárquicos que los poseen; permeando y desmontando verdades con las falsas noticias de siempre que ahora llaman «fake news» y se amplifican a velocidades inusitadas mediante la comunicación instantánea y masiva que permiten las nuevas tecnologías; comprando votos y almas gracias a lo que les sobra, dinero, billetes que ellos mismos imprimen o le son dados desde el polo magnético natural de la reacción mundial, el «norte revuelto y brutal que nos desprecia» y sus cómplices de las similares latitudes.

Sólo con buenas intenciones, incluso obteniendo fantásticos resultados, palabras amables y conciliadores, actitudes civilizadas y hasta altruistas, transparencia democrática y deseos verdaderos de paz social no se logran mantener proyectos tan profundos, socialmente hablando, como el encabezado por Evo. Para colmo, él tuvo confianza en un esquema político tan corrupto como el de la OEA para validar su triunfo en unas elecciones, que tuvo muchísimos observadores internacionales que nadie después ha mencionado.

Ahora vendrán tiempos aún más difíciles que el vivido en las últimas semanas en Bolivia porque es de esperar que no queden impasibles los «pobres de la tierra» que echaron a andar con Evo y su proyecto popular.

En el país donde cayera Ché, su grito de redención se hace más urgente que nunca antes.