Cuba y 28 veces NO

Manuel Juan Somoza

La Habana

La política es del carajo cuando se pierde el rumbo ético, cuando se enmaraña lo evidente. Y habría que tener una gran dosis de ecuanimidad –quizá de sumisión- para no reaccionar si alguien te tiene puesto el pie sobre la cabeza durante casi 60 años y te dice, casi con cariño, que lo hace por tu bien. “¡No me defiendas compadre!”, habría replicado el mexicano Tin Tan, Germán Genaro Cipriano Gómez de Valdés y Castillo, uno de los más reconocidos comediantes en mi pasada juventud. Y eso más o menos es lo que ocurrió este jueves 7 de noviembre en la Asamblea General de la ONU, cuando la embajadora Kelly Craft le dijo al plenario que Estados Unidos mantiene su bloqueo a Cuba -la Cuba comunista, roja, sangrienta en el decir de medios como el ABC de Madrid- , porque Washington tiene relaciones con quien le dé la gana y “no es responsable de que el régimen cubano viole los derechos humanos de los cubanos y contribuya a la desestabilización de América Latina con su apoyo al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro”.

Hasta ese momento y durante dos días, desfilaron por el mismo podio desde el que habló de la señorita Craft unas 40 delegaciones pidiendo a EU, con delicadeza algunas, otras de manera áspera, que termine de una vez con esa política que según todas las resoluciones internacionales sobre Derechos Humanos califica como genocidio. Así lo hizo Finlandia, en representación de la Unión Europea; gobiernos que están muy distantes de la ideología política de La Habana, como la Argentina de Macri; y países aliados de los isleños como Rusia y China.

Pero obviamente, todos ellos están equivocados en el decir de Craft, porque lo “verdaderamente importante”, a lo que debería dedicarse la Asamblea General es a “condenar las violaciones de los derechos humanos por el régimen”, ya que de lo contrario, dijo y dejó perplejos a algunos, “habrá molestia”. La diplomática no especificó quiénes entonces estuvieron –y supongo estén todavía-  molestos, cuando al final de todo el maratón de discursos, 187 países, la inmensa mayoría de los miembros de la ONU, se pronunció contra la política que durante casi 60 años ha mantenido Washington. Israel, Brasil y el propio EU votaron por mantenerla (deben ser los molestos), en tanto Colombia y Ucrania se abstuvieron, ¡Diga usted!.

Es decir que una vez más desde 1992, la Asamblea General pide a EU que termine con su práctica. Pero ya sabemos que lo que opine la mayoría no cuenta mucho en el país que se vende como el más democrático de este planeta, donde Trump fue elegido presidente –para desgracia de medio mundo-  con la minoría de los votos estadounidenses.

A la señorita Craft le respondieron indirectamente algunos delegados, en tanto el canciller cubano, Bruno Rodríguez, lo hizo con nombre y apellido. Calificó de “cínicos” los pronunciamientos de la señorita –así me pareció vista desde La Habana-  y detalló que “los daños acumulados por el bloqueo durante casi seis décadas de aplicación alcanzan la cifra de 922 mil 630 millones de dólares, tomando en cuenta la depreciación del dólar frente al valor del oroy afectan a cada uno de los habitantes de la isla, sin distinguir edad, sexo o preferencias políticas. “Por casi seis décadas Cuba ha sido víctima del sistema de sanciones más injusto, severo y prolongado contra país alguno, pese a ello Cuba ha sido capaz de responder a los objetivos manifiestos del bloqueo por la eficacia del socialismo, la solidaridad internacional y el consenso de nuestro pueblo; ello es lo que ha permitido superar los graves desafíos impuestos. Cabría preguntarse si algún país industrializado lo habría logrado”, remató Rodríguez.

A favor está Trump, Israel y el Brasil de Bolsonaro. Esta vez se abstuvieron –no quieren líos ni con Dios ni con el Diablo- Colombia y Ucrania. Por lo que se pude concluir que si durante 28 años consecutivos la mayoría de los países del mundo ha dicho NO a esa práctica y esta no solo se mantiene sino que ha sido incrementada, a los del lado de acá no les quede más remedio que o bajarse los pantalones o seguir batallando con la soga al cuello. Da risa oír hablar de justicia y democracia.

 

 

 

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