Abrazaditos

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Pasaba horas y horas pensando en cómo conseguir que alguien le diese un abrazo ¿Será que ya no se lleva? ¿Será que con la locura de las envenenadoras feministas abrazarse es un pecado, un gesto suficiente para presentar ante un juez como un delito de agresión sexual? Llevaba mucho tiempo pensándolo pero desde que Woody Allen no había podido estrenar su última película porque le acusaban de haber tenido relaciones con alguien muy cercano a él, desde que Plácido Domingo había dimitido porque le acusaban de agresiones sexuales cometidas supuestamente hace un montón de años, estaba asustado. Y recordó que un día, en una fiesta de pueblo, un niño se cayó. Acudió un facultativo de la ambulancia de guardia y lo curó pero guardando sus distancias, era más que evidente. Lo lógico hubiese sido haberle atendido y luego haberle abrazado para quitarle el susto, como harías con un hijo, pero el hombre parece que no se atrevió ni a quitarse los guantes.

Dios de los cielos, suponiendo que existas, ¿adónde hemos llegado?Hace algún tiempo en Europa cuando dos hombres se abrazaban un poco más efusivamente de la cuenta en seguida los trataban de homosexuales. Curiosamente, las mujeres siguen besuqueándose y apretándose en abrazos grandiosos en la calle, en un café, en cualquier sitio, y nadie llama a los guardias.Con lo bello que es un abrazo, en el que te quedas pegado a la otra persona, qué más da el sexo, como para comunicarle tus penas y tus alegrías, tus fuerzas y tu flaqueza.La verdad es que yo no tengo quien me vaya a abrazar en la calle. Tuve una amiga que adoraba los abrazos largos y profundos, en cualquier parte donde se hallara. Encontrarse con ella era entrar en un ballet dirigido por Gene Kelly teniendo como fondo los Campos Elíseos. Era la locura del abrazo, pero falleció. La echo de menos.

Recuerdan los besos en la boca que los líderes soviéticos daban de una forma bastante chocante para nosotros occidentales a cualquier autoridad occidental? Se tomaba a broma pero nada más. Creo que Putin, que debe de ser un hombre recatado y sin duda temeroso de las feministas rabiosas, da la mano. Aunque vi una foto en la que le ponía una mano a un jefe de Estado occidental en una pierna. Pero sería por descuido, aunque vaya usted a saber.

Ernest Hemingway, que nunca fue un gran pensador o por lo menos se guardaba sus pensamientos para él, dijo en cierta ocasión, o tal vez lo escribió, que un hombre puede ser destruido pero no derrotado. Me recordó al jeroglífico de la fórmula que los cubanos utilizan para definir la esencia del periodismo: hay que ser objetivo pero no imparcial, según dejó dicho Fidel Castro.

Yo llevo años que noto que van destruyéndome, poco, muy poquito a poco, pero al mismo tiempo me doy cuenta de que hace ya muchos años, veinte por lo menos, que me derrotaron.Tal vez no hubiese sido así si hubiese vivido en un medio en el que la gente se abraza con calor, con verdadero amor por menos de nada. Pero yo no he conocido esas cosas. Besos en la frente, después de la comunión o de cualquier ceremonia, y, sobre todo, apretar la mano, y no demasiado fuerte porque puede querer llevar otras intenciones. Cuando alguna vez me encuentro con una amiga, la beso en las dos mejillas, pero con la parquedad de la moralidad de monjitas de los pobres. Hace mucho tiempo que se acabaron aquellos interminables abrazos que en general iban acompañados de expresiones de alegría.

La Santa Inquisición ha vuelto. Si un fotógrafo sorprende a alguien conocido besando a alguien igualmente célebre y con una mano que roza un pecho por casualidad, estás jodido, medio muerto. Aunque hay infinidad de mujeres de verdad, inteligentes, no feministas que son todo lo contrario, y se ríen de aquellos achuchones, recientemente en un pueblo de España una autoridad municipal, con prestigio y probablemente sin ficha en la policía política o feminista, comparecerá ante un juez por haber querido besar a una guapa colega en una recepción, es decir en medio de una multitud. Una broma que al parecer se la había gastado de siempre. Pero los tiempos políticos han cambiado. Un abrazo de derechas no es como un abrazo de izquierdas. Y la mezcla de parentescos políticos está descartada.Conocí a un médico en París que tenía las manos destrozadas porque cada vez que estrechaba la mano a un enfermo, algo clásico en Francia, se refregaba con alcohol de 90 grados. Nunca supe si lo hacía por miedo a los microbios o porque todo contacto con otra persona le repugnaba.

Pero, oigan, ¿un abrazo, sobre todo en invierno, con un buen abrigo de parapeto?…

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