Nota pública a un amigo

José Dos Santos | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Nunca nos hemos estrechado la mano o dado un abrazo pero siento que somos amigos de mucho tiempo, de esos que cada vez quedan menos no porque la humanidad sea hoy peor que ayer sino porque el tiempo pasa su inexorable guadaña para irnos segando el alma de gente linda hasta que nos lleva la nuestra. Es de los más fieles que me restan porque casi a diario sabemos uno del otro y nos reconfortamos (o no) con leernos recíprocamente lo que se nos ocurre o escurre entre los dedos. Hoy lo he sentido “en baja”, como decimos los cubanos y aunque él no lo es se esfuerza por entendernos y casi me obliga a inventar estas líneas. Y lo hago en una jornada en la que han estado muy presentes mis “fantasmas”, como les llamo a mis recuerdos íntimos de los que ya son sólo eso, seres cobijados en mi memoria, y aunque me siento tentado a relacionarlos, al menos los más recientes, me abstengo por temor a la omisión injustificada o hacer la relación demasiado extensa y sólo con sentido para mis muy allegados.

Pero más que para acompañar o sumarme al ánimo deprimido me siento ante el teclado, (enfrentando súbitos e ínfimos cortes energéticos, como han sucedido en esta mañana, sin respaldo para impedir que perdiera líneas ya escritas y no salvadas) con la voluntad de trasmitirle, una vez más, la necesidad que tenemos gente como nosotros, por temperamento, profesión e historia, de continuar destilando nuestro adn de ser humano pensante a través de lo que escribimos para contribuir, desde nuestras concepciones y experiencias, a que lo por venir sea mejor que lo vivido. El mundo de hoy está lleno de actividad, nada apacible por suerte porque moriríamos antes de tiempo de aburrimiento. A los que llevamos al menos medio siglo viviendo a través de las noticias, como nosotros, no nos alcanza el tiempo ni el cerebro para estar al tanto de todo lo que sucede y menos aún comprenderlo a fondo. Como somos de los que no nos hace falta recibir un periódico u oír una radio para saber su contenido, casi zozobramos a cada instante por navegar en ese océano inconmensurable que las nuevas tecnologías han abierto al saber humano.

Hoy nos pone a pensar Chile (con una insurrección popular largamente gestada), Bolivia (con un Evo que ganó pero…), Cataluña, Ecuador, Honduras, Brexit, Snowden… y mi-nuestra Cuba, más allá del nuevo viaje presidencial, (no tan fugaz como el que hizo a México). Con eso hay entretenimiento para rato, si fuéramos diletantes de café con leche (sin ofender, ni a los que le gusta esa combinación ni a los que de ellos pueden nacer buenas ideas). Como gente de acción (gastados por el tiempo pero aún vivos en la mente) necesitamos producir, a diario. Y esa es mi meta, la que recomiendo y mi amigo a distancia sigue: no dejar pasar un día sin hacer algo útil; que el final de cada jornada deje un saldo positivo de existencia.

Desde joven me llegó muy profundo una canción que mi generación coreó, y yo con ella a pesar de yo no ser amante de memorizar los textos de la música de moda, más allá de El Bodeguero, de la Aragón. Hoy, casi medio siglo después, la recuerdo como colofón de esta nota:

De Antonio Machado y Juan Manuel Serrat

Caminante no hay camino

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse…

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar:

(Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…)

Golpe a golpe, verso a verso…

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.

Al alejarse le vieron llorar.
Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…

Golpe a golpe, verso a verso…

Cuando el jilguero no puede cantar,
cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
(Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…)

Golpe a golpe, verso a verso…
Golpe a golpe, verso a verso…
Golpe a golpe, verso a verso…