HP

Por Mauricio Escuela | Maqueta Sergio Berrocal Jr

No, no se trata de una fórmula química, sino de las iniciales que usamos los cubanos para calificar a cualquiera que demuestre una carencia total de valores y una conducta dañina hacia los demás: HP (léase hijo de puta). Con perdón de las decentes meretrices, que hacen su trabajo por vocación y que no tienen la culpa de una progenie tan malévola, podemos decir que el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es un HP. Su discurso más reciente en las Naciones Unidas demerita a una organización como esa, que encarna las aspiraciones más nobles de la humanidad, allí la cara naranja y grotesca del mandatario soltó una sarta de prejuicios que iban desde la superioridad supuesta de su país sobre el mundo, hasta el derecho que tienen los norteamericanos a decidir qué es o no correcto, qué es o no verdad (como el cambio climático por ejemplo). Trump y Bolsonaro negaron que la desaparición de determinados valores ecológicos vaya a dañar a la Tierra, de hecho este último dijo que los científicos se equivocan al calificar a la Amazonía como pulmón del planeta. Posturas muy coherentes con el pacto que el gobernante brasileño tiene con las empresas privadas que hoy incendian y deforestan la mayor reserva natural de oxígeno del mundo. Y es que Bolsonaro al parecer, como su papi Trump, quiere sustituir el O2 por el HP.

Ya he vivido tres administraciones norteamericanas y esta cuarta solo me convence sobre la necesidad que tiene la política mundial de un cambio drástico, pues cuando pensé que Bush Jr. era el más inepto, allí estaba Trump, sí, como el dinosaurio de Monterroso, despierto luego de la larga siesta de los ocho años de Obama. Y resulta que mientras el saurio de la Casa Blanca despotricaba en Naciones Unidas, los demócratas de la Cámara de Representantes se decidían a pedirle un impeachment (juicio político) al presidente, lo cual sacaría del juego al actual timonel del poder ejecutivo norteamericano. “Cuatro años más de Trump son extremadamente peligrosos para el mundo”, aseguró una semana antes el ex presidente Jimmy Carter.

Nancy Pelosy, dirigente demócrata de la cámara declaró que Trump ha traicionado su juramento como mandatario, lo cual lo inhabilita para el ejercicio ciudadano del poder. La trama apunta a cierto chantaje que el mandatario le hizo por teléfono al Jefe de Estado de Ucrania, a quien le dijo que no le enviaría más ayuda militar si no le develaba información que ensuciara el prontuario de Joe Biden, presunto candidato fundamental de la bancada opositora de los demócratas para las elecciones del 2020. El saurio de la Casa Blanca despotricó desde Twitter, pero al parecer recibió indicaciones de su equipo de prensa de que lo mejor era develar toda la conversación con el presidente de Ucrania, y así evitar que corriera la teoría del rumor. Pelosy no dio tiempo, lanzó la convocatoria al impeachment la víspera, con el apoyo de la mayoría de la cámara.

Trump barruntó desde Twitter y dijo ser víctima de una cacería de brujas, ya que los opositores negaban los supuestos logros de su gobierno. Es cierto que como macroeconomía Estados Unidos ha crecido y que disminuye el desempleo, pero por un lado eso hay que agradecerlo más que nada a la pasada administración de Obama, que tomó medidas enérgicas para salir de la crisis que los republicanos generaron en el 2008 y por otro, el actual ejecutivo tiene un prontuario de fraudes políticos que hace tiempo lo inhabilitan para el cargo, pues ha violado todas las normas que su poder le permite, yendo más allá de lo decente en el tratamiento de las minorías y la disolución del estado de derecho en cuanto a  libertad de prensa y la transparencia gubernamental. Ni hablar del caos de política exterior, que sume a los Estados Unidos en un laberinto.

Sin embargo, algunos de la prensa cubana independiente aducen que Trump es nuestro Reagan y que realizaría con Cuba lo mismo que aquel con la Unión Soviética. Una increíble fórmula que cree que la historia se permuta y que los modelos funcionan de manera exacta en uno y otro campo sociopolítico. Muy lejos está la actual bestia naranja de cualquier predecesor, ya que su estilo de mando se caracteriza por la guerra a las instituciones y el capricho personal, una forma que el magnate conoce bien por haberla usado como dueño de empresas. Un segundo mandato de Trump, con las premisas que él trae, significaría alguna guerra de proporciones planetarias y consecuencias inmedibles, así como la ruina de los Estados Unidos como nación federativa, ya que uno de los puntales de la Casa Blanca hoy es el fraccionamiento cultural interno como irrespeto hacia los grupos que componen al país receptor de emigrantes.

Un dato curioso, mientras crece el rechazo hacia Trump en los Estados blancos y anglosajones de la unión, los asesores de campaña del mandatario hacen hincapié en ganar la Florida, de ahí el caos más reciente de la política exterior, con la amenaza de un bloqueo naval hacia Cuba. Cabrían muchas preguntas en torno a por qué en el sur aumenta el apoyo de algunos latinos hacia alguien que los desprecia.

¿Complejo de Estocolmo o vocación de HP? Cosas del Orinoco, que yo no tiendo, ni usted tampoco…

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