Cocacola del olvido

Por Mauricio Escuela | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

En medio de la coyuntura económica que vive Cuba, no falta quienes den un grito de alegría, muchos de ellos viven allende el mar, detrás de las barreras de suministros del mundo próspero y capitalista que hoy nos obvia y oprime. Personas que hasta el año pasado, o menos, vivieron entre nosotros, fueron a la cola a comprar el pan a las siete de la mañana, pidieron un aventón en las caóticas paradas de ómnibus o cobraban 20 dólares al mes de salario, gente que alguna vez fue a un desfile por el primero de mayo, levantó alguna bandera o consigna, incluso que se comportaba de manera extremista con las opiniones críticas de otros compañeros. De esos Marcos Pérez hay muchos en Buena Vista, como dice la moralidad popular. También podemos expresar que no hay peor cuña que la del mismo palo, pues algunos de quienes opinan así, en el llamado exilio o emigración, ni siquiera eran personas críticas cuando vivieron entre nosotros, todo lo contrario, escondían sus opiniones siempre con la mira puesta en marcharse del país y entonces sí, desde allá, en el remanso de la abundancia, dárselas de expertos. Olvidan que a Cuba la componen infinidad de seres, la mayoría de ellos inocentes, ancianos, niños, personas desfavorecidas, que necesitan alguna esperanza y no que sus propios ex vecinos y hasta familiares los desprecien y aboguen porque Estados Unidos intervenga violentamente en el destino nacional o que ahogue la economía de la isla.

El actor Luis Alberto García por ejemplo, ha dicho en sus redes sociales que recordará muy bien a esos que se alegran de las desgracias de Cuba, cuando en medio de un apagón él tenga que abanicar a su nietecita. También recalcó que es inconcebible que allá afuera se apoye el hecho de que los bombarderos norteamericanos vengan un día y arrojen sus cargas sobre su indefensa y nada oficialista familia. García es uno de los mejores artistas del momento, con una carrera brillantísima, también se ha convertido en un crítico sagaz, que muy a menudo se busca enemigos dentro de las propias filas del gobierno, por sus constantes referencias a los errores de construcción política del socialismo. No estamos hablando, pues, de un militante incondicional, aunque sí, en mi opinión, de un hombre con un grado de honestidad, al menos el suficiente como para ser oído.

Lejos de eso, portales digitales llamados independientes arremeten contra García, que esta vez no les sirvió en bandeja de plata alguna línea crítica antioficial. Y es que para algunos, los cubanos solo tenemos una postura válida: la oposición feroz, no hay medias tintas, ni vacilaciones, o estás conmigo o contra mí. Curiosa forma de hacer política de parte de una fracción de personas que se erigen en adalides de la democracia pluralista y que basan, supuestamente, su accionar, en los puntales ideológicos más liberales.

Ese fundamentalismo los lleva a imponer, como línea única, la alegría ante la escasez de los cubanos en la isla, de manera tal que se normalice la indiferencia hacia el dolor de otros seres humanos, incluso familiares cercanos. Por ejemplo, este 8 de septiembre se convocó desde Miami a una marcha política, que se aprovecharía de las siempre tumultuosas manifestaciones católicas por el dia de la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba. Nadie o muy pocos siguieron aquel llamado, casi todos fueron a las iglesias y las procesiones debido a la fe religiosa. El mensaje de odio no se hizo esperar, por ejemplo alguien que vive en el norte, lanzó por Facebook un post, donde anunciaba que no hablaría con cubanos de la isla que no hubiesen portado un girasol y marchado contra el gobierno,  y estamos hablando de un ser que no lleva en los Estados Unidos ni un año y que hasta el otro día recibió el apoyo de muchos, mientras vivía en Cuba, en la misma situación precaria en que hemos prevalecido la mayoría.

A esa postura los cubanos le llamamos “la Cocacola del olvido”, o sea una especie de bebida mágica que se adquiere en los aeropuertos de Miami y que te borra de la mente el dolor por tus seres queridos, la solidaridad y cualquier valor colectivista, ya que supuestamente para sobrevivir en el monstruo te debes hacer duro, con una moral flexible y cambiante, según soplen los dólares. No todos los que se van son así, claro está, pero lo cierto es que la línea política que se ha impuesto en la emigración, al menos en la era Trump, es la que lleva al extremo las opiniones hostiles hacia el pueblo cubano, aquella que nos coloca como débiles e incapaces de sostenernos.

En Cuba hay necesidad económica, también existen personas críticas hacia determinados aspectos del gobierno, como el actor García, pero ello no justifica que los cubanos adopten posturas mediocres, de odio mutuo, para lanzarse improperios y apoyar medidas brutales que dañan a inocentes. En una emisión por las redes sociales, cierto engendro del mal, que no merece calificativos humanos, no solo se alegraba de la actual coyuntura, sino que ironizó con los apagones y hasta pidió a gritos que estos comenzaran a llover sobre la isla. ¿Hay que recordar que las interrupciones eléctricas afectan a los hospitales donde una madre da a luz u operan a un niño del corazón, donde se muere un paciente con cáncer en medio de horribles dolores?

Se puede ser opositor sincero, digo yo, pero no un vividor mediocre, semihumano, que cobra por atizar el odio. Vale que haya personas dolidas con el gobierno, pero no al punto de burlarse del hambre, el apagón, la escasez de medicinas y agua. ¿Dónde quedaron el debate político, la exposición de ideas y el pluralismo democrático? En un eructo de Trump. Y es que la era presidencial del magnate impresentable nos ha traido un ejército de troles cibernéticos, que realizan esa penosa labor de bárbaros no contra el gobierno, sino hacia un pueblo del que formaron parte.

Al parecer, una de las prioridades de Trump ha sido la producción en serie de la “Cocacola del olvido” y hay allá quienes no paran de beberla.

× ¿Cómo puedo ayudarte?