El sello de la Aragón

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

El cantante estrella de la Aragón Pepe Olmo me dijo en su casita del Cerro: “En la Aragón todo estaba bien hecho, por eso me quedé todo el tiempo allí”.Con ese sonido único triunfaron en la era más musical de su tiempo, en el momento en que proliferaban fabulosas agrupaciones: Arcaño, Antonio maría Romeu, La Ideal de Joseíto Valdés, Fajardo y sus Estrellas, La Sensación de Rolando Valdés, La Sublime de Melquiades Fundora. Por otra parte, sonaba el son de los conjuntos como Arsenio Rodríguez, La Sonora Matancera, El Casino, Los Jóvenes del Cayo, Cubavana, Roberto Faz, Rumbavana.  Y también dominaban los lujosos salones las jazz bands: Riverside, Cosmopolita, Hermanos castro, Casino de la Playa, la orquesta de Tropicana, Benny Moré, el Rey. Todos los países de América tienen su orquesta emblemática que los representa, Cuba cuenta con la gran Orquesta Aragón de Cienfuegos, la Charanga eterna, la sinfónica criolla en miniatura, la orquesta que con su realeza musical atravesó el danzón,  mambo, el cha cha chá, el rock and roll, el pop, el rock, el yeyé, el beat, la salsa, la timba y hasta el reguetón.  Se codearon en Cuba con Benny Moré, Miguelito Valdés, Abelardo barroso, Miguelito Cuní, Roberto Faz, Fernando Álvarez, Pacho Alonso, Celio González, Tito Gómez, los grandes todos.

Llegaron a los mejores escenarios del mundo, desde el Olympia de París, Carnegie Hall, el Lincoln Center de Nueva York. Sala Chaikovski de Moscú, Poliedro de Caracas, Minas de Chuquicamaca, Jardines de Guinea. En África fueron reyes y en América ídolos de multitudes.

De la Aragón siempre hay mucho que hablar y todavía quedan muchos secretos y misterios. Lograron –como Benny Moré- hacer simple, un proceso altamente complejo. Todo ello con mucha sabrosura típicamente cubana. Ninguna orquesta pudo superarlos con ese glamour, con ese “touché”, como dicen los franceses. Fueron las luces de bengala del decenio (1953-1963), una etapa musical de celebración. Las canciones interpretadas por la Aragón eran como cantilenas, madrigales, lied, sonaban a escuelita de música. Las versiones de la Aragón son inigualables, por ejemplo, el bolero de Pedro Junco Nosotros lo han cantado desde Plácido Domingo hasta el baladista Luis Miguel, pero nadie le ha dado ese toque especial que le dio la Aragón. Nosotros es un bolero, pero la Aragón lo grabó en ritmo cha, matizando, en alguna medida, la tragedia de la canción creada por un hombre con la enfermedad de tuberculosis.

 Observemos las versiones inigualables de la Aragón: Los tamalitos de Olga, Noche azul, Silencio, Angoa, Bodas de Oro, Esperanza, Bombonchá, Almendra, La gloria eres tú, Noche de ronda, Ya no alumbra tu estrella, El organillero, Cachita, Calculadora, El baile del suavito, Cuatro vidas.

¿CUÁL FUE EL MISTERIO, EL SECRETO DE LA ARAGÓN?

 El timbre, el cuño, el secreto mágico de la Aragón es lo más importante, detrás del éxito multitudinario de una orquesta o un cantante, siempre hay un fundamento, un misterio. Ese es el misterio que durante años estudié, con la ayuda de Lay, Richard Egues y algunos de sus hijos.

 En realidad la Aragón logra lo que llamamos un Tutti –un todo, un Ensamble orquestal de la sinfónica en miniatura-: Toda la orquesta sonaba con, ajuste y  exacta precisión, con el soneo en el cha cha chá.  Armonía en los violines, piano “martillado” al estilo novedoso del cha cha chá por Pepito Palma. Bajo soneado de Joseíto Beltrán. Paila de Orestes Varona, con su peculiar toque de abanico “chorreao”, alado del centro hacia afuera. El güiro de Panchito Arboláez, en forma “aragoneada”, maraqueado,  como cantando: “!Aragón, Aragón!”.  La flauta mágica, sobrenatural de Richard Egues, con sus difíciles pasajes de notas agudas posibilitadas por el alto nivel técnico que logra un estilo “quinteado”, como lo haría Beethoven con la Quinta Sinfonía, pero a lo cubano. Egues y Arboláez daban el aire soneado que magnifica el cha cha chá.

Las voces muy dulces –al unísono-, muy pastosas, nada engoladas del viejo estilo. Tenían la savia callejera, pero con mucho refinamiento, con cierta aristocracia. Lay poseía un timbre fuerte, seguro y afinado, mientras que Bacallao era el falsete o voz prima potente. Aunque cuando Bacallao se agotaba, Lay hacía el falsete. Rafael era como la miel al timbre de las voces, una manera de decir diferente. Olmo era la voz de melcocha (pastosa) que recreaba la melodía con un estilo propio y natural. Llegaba a poner la voz en notas agudas hasta el “mi” (Ven Morena) y algunas notas las llevaba a fa y sol, algo asombroso a las voces de charanga en esa época.

Para que nadie pudiera imitarlos o superarlos, crearon ese estilo único. Ponga usted un disco de la vieja guardia de la Aragón, observará que se trata de  algo más que una orquesta, fue un sonido, un concepto, un timbre de una época. Ellos aplicaron, más una técnica escolar, inventaron su propia técnica, de ahí la dificultad de imitarlos. Cada músico –con el paso del oficio de tantos años y tantos bailes- inventaron su propio truco (tricheries le dicen los franceses), que es muy válido; sabemos que todo arte se sirve de determinados trucos o habilidades, según demuestra el teórico del arte alemán Arnold Hauser.

¿De qué manera usted podría imitar a estos músicos que crearon su mecánica personal –su carpintería, como dice Gabriel García Márquez- durante décadas y décadas? Cada músico crea su librito y eso es lo que se llama un estilo. El estilo es imprescindible, es el hombre, el artista que tiene algo que afirmar. Tiene que ser natural, claro, suave, deleitoso. “El que no tiene estilo propio, tampoco tiene carácter”, enunciaba Schopenhauer.  “El estilo –escribió Azorín- no es una cosa voluntaria. El estilo es una resultante…fisiológica”. Desde luego es cierto también lo que decía Horacio, “el esfuerzo renueva y perfecciona el temperamento del artista”. El estilo, más que hacerlo todo bien, es una cualidad. Equivale a ingenio, talento ideal y formal. Existe el estilo natural y el artístico. No hay arte donde no hay estilo, ni estilo donde no hay unidad, producto de una inteligencia ordenadora. El estilo es la manera de manifestarse un artista, ante sí mismo y ante los demás, según nos decía Martín Alonso.

Cuando usted ponga sus discos de la Aragón con aquellas antológicas canciones: Los tamalitos de Olga, Noche azul, Silencio, Angoa, Bodas de Oro, Esperanza, Bombonchá, Almendra, La gloria eres tú, Noche de ronda, Ya no alumbra tu estrella, El organillero, Cachita, Calculadora, El baile del suavito, Cuatro vidas, El bodeguero, Que rico tilín, Param pam pam, La gloria eres tú, Cuatro vidas, Maloja, Chaleco, Los pescadores de varadero, El trago, Nosotros, Señor juez, Los fantasmas, Yo tengo una muñeca, El organillero, Ay, José, Osiris. Esas eran como canciones de cuna que nos calmaban el ímpetu de la juventud de aquellos tiempos, era la sinfónica de los pobres.

 La Aragón interpretó: boleros, danzones, fox-trot, pasodobles, chotis, cuplés y llegó hasta el pop y el rock (a lo cubano). Canciones de compositores de la talla de: Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig, Antonio María Romeu, Ignacio Piñeiro, Ñico Saquito, Orestes López, Rafael Hernández, Agustín Lara, Pedro Junco, Joseíto Fernández, Enrique Jorrín, José A. Méndez, José A. Fajardo, Rosendo Rosell, Rafael Hernández, Juan Almeida, Rolando Vergara, Silvio Rodríguez, Félix Reina, Tony Taño, Piloto y Vera, Orestes Varona, Pepé Delgado, María Aurora Gómez, Marcelino Guerra, Eliseo Grenet, Jorge Zamora, Dagoberto González, Juanito Márquez, Urbano G. Montiel, Ela O´ Farrill, Rubén Rodríguez, Senén Suárez, Rafael Ortiz, Víctor Lay, Felo Bacallao, Pedro Aranzola, Cuates Castilla, Víctor Zamora, Jacobo Rubalcaba, Rodulfo (no Rodolfo) Vaillant, Arsenio Rodríguez, Portillo de la Luz, Virgilio González, Ñico Rojas, Rafael Lay, Richard Egües y muchos más.

            Estuvieron por los escenarios del mundo, desde el Olympia de París, Carnegie Hall, el Lincoln Center de Nueva York. Sala Chaikovski de Moscú, Poliedro de Caracas, Minas de Chuquicamaca, Jardines de Guinea. En África fueron reyes y en América ídolos de multitudes. Llegó a ser la orquesta representante de la cubanía en el mundo, viajaron por todo el planeta.

            Después de hablar estas cosas de la Aragón, lo mejor poner las pilas de la reserva y escuchar una lluvia de canciones, en los arcones de la nostalgia, como si estuviéramos frente al Partenón de los grandes momentos de la Aragón, si no tienes estas canciones en tu discoteca, computadora y I phone, entonces tu reserva musical no está completa. Después de la Aragón hay que descorrer el telón.

 

 

 

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