Cuba y lo coyuntural

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Los cubanos tienen la costumbre, lo llevan en los genes, de reírse hasta de los sustos. En las peores circunstancias se multiplican los chistes y cuando eso no ocurre, cuando no corren de boca en boca, hay que temer y persignarse. La isla padece hoy otra de las muchas crisis que ha vivido en estos 60 años y la jodedera se ha expandido en las redes y en las calles. Llevar 60 años yendo por un camino distinto al trillado cuesta muy caro, ya sea por ignorancia, por los límites de cualquier utopía social o porque los que quieren decidir siempre  la vida de todos los mortales desde el ala oeste de la Casa Blanca –y de hecho lo hacen-, no admiten que se abran otras sendas y acuden al ahogo día a día, hora a hora. Desde el miércoles pasado los cubanos conocen de manera oficial –lo informó el presidente por tv- el origen y el alcance de lo que venían padeciendo por la disminución de trenes y ómnibus urbanos en servicio, por la falta de gasolina en expendios habituales, o debido a la ausencia de climatización en hospitales, comercios estatales y otras dependencias, cuando el calor sigue atolondrando hasta a los indiferentes.

Por presiones de Washington fallaron las negociaciones con las navieras que transportan combustible de Venezuela y no se estabilizarán los arribos hasta octubre, por lo que hay que ajustarse el cinto del ahorro, dijo el mandatario y como haría cualquier otro gobernante de centro, de izquierda o hasta el marrullero y anticomunista Winston Churchill. (1874-1965), le puso límite al agobio. “Esta situación es coyuntural”, proclamó y en cuestión de segundos los medios oficiales multiplicaron el calificativo hasta el agobio, como suelen hacer siempre, y el “coyuntural” se volvió humor.

“Estoy en apagón coyuntural”, me comentó por teléfono un amigo, poco antes de que el sábado fuera yo en busca de papel higiénico (“pa´limpiar el canal siete,” le dicen los jodedores evocando la época en que en los juegos de azar el 7 equivalía al orificio más inmundo de los humanos y otras criaturas) , no encontré el necesario artilugio en tienda alguna, y en la última la dependienta me dio ánimo o se río de mí, no sé, al consolarme de esta forma: “No se preocupe, la falta es coyuntural”.

Los humoristas por cuenta propia se apoderaron del coyuntural al punto de llegar elaboraciones como esta: En una gélida región de Mongolia fue encontrado congelado y con vida el 27 de mayo pasado, envuelto en pieles y con 200 años de edad, según cálculos conservadores, un monje budista en estado de meditación, quien portaba entre sus manos un pergamino escrito con caracteres de chino antiguo que decía: “Despiértenme cuando se haya acabado la coyunturalidad en Cuba”.

Hay crisis y, por suerte, se mantiene el buen humor entre los cubanos. Si desapareciera, temamos.

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