Amar con C de Cuba

Sergio Berrocal Jr. | Sergio Berrocal Jr.

Decidió estirar los días aunque se preguntaba para qué porque nuestra sociedad liquida cuanto antes mejor el género humano. Pero se dijo que aunque no fuese más que por fastidiar a todos los rabiosos de la fealdad envidiosa seguiría hasta el último momento dándole a las teclas, aunque es cierto que hubiese sido más lindo escribir lo último con una Mont Blanc, a condición de que en ese momento no se le acabase la tinta. En el año de desgracia de 2011, el mundo se había convertido en un hervidero de vanidades, mentiras por arrobas, corrupción al por mayor, violaciones de los más elementales derechos humanos, como el de pensar, y, sobre todo, el de presumir de amar y peor de idolatrar la belleza femenina. Parecía que desde que las feas feministas de Hollywood (Estados Unidos, no lo olviden, no vayan a confundirlo con un suburbio de Madrid) habían jurado por todos los santos que desde ese momento, Año I de la Inquisición Sexual, los hombres tendrían que mirar a las mujeres de reojo, como si fuesen gays, sin tocarlas ni una mijita, ni a las sobrinas carnales el día de su dieciocho cumpleaños, aunque grandes actrices europeas (Catherine Deneuve por ejemplo) se rieran de tanta estupidez, el mundo estaba desequilibrado. Los hombres sonreían menos en el primer mundo, porque en el otro, allá por el mar de las tortugas, donde las mujeres te llaman “mi amor” (espero que sigan haciéndolo) quizá por pura cortesía pero con una sonrisa que quita el alma, pocas noticias se tenían de hombres más o menos conocidos y metidos en líos jurídicos por haber querido enamorar a una mujer.

Andaba la Europa de la Canciller Merkel y de tantas mujeres –mandaban ellas, ellas decidían, ellos obedecían con el rabo entre las piernas, y cuando decimos rabo…– que la revista norteamericana Facebook, extraña revista, extraña, concitó un buen día el interés de toda la audiencia porque un cubano, periodista importante, publicó una carta de amor que ni Romeo hubiese escrito mejor.

Todos reconocimos al Don Juan, lo felicitamos, lo aplaudimos por su valentía –imagínense que pensarían las feministas, sobre todo las menos agraciadas, ante tanta osadía amorosa—y ante nuestra sorpresa siguieron las cartas del mismo tono, cada vez más bonitamente apasionadas, con fotos de los protagonistas, los dos agraciados y dignos de una de esas telenovelas que tanto fervor suscitaban cuando no había Facebook ni otros adelantos gráficos.

Es cierto que Cuba es un país extrañamente encantador. Pero aunque rige una moral revolucionaria, hace ya 60 años dirán ustedes, que no parecía dar pie para que un periodista de primera fila lanzase a gritos su amor a la cara del mundo, porque fb se lee probablemente más que cualquier revista hasta en las islas Fidjis, fuese capaz de decir lo que pensaba, aunque se tratase de límpidos amores.

Para convencerse, échenle un vistazo al diario oficial del partido comunista cubano, Granma, y verán que el sentimentalismo no es precisamente su línea. Lo más osado que yo he leído en Granma fue cuando se reveló que la maravillosa escritora cubana Carilda Oliver Labra había enamorado, tiempos ha, a Ernesto Hemingway. Pero todo era en pasado, sin ninguna incursión en el presente que entonces vivía la bella poetisa –ya falleció, desgraciadamente—con una sonrisa que hubiese enamorado al mundo.

Y ahora, de pronto, cuando ya Fidel Castro no está para poner orden en todo, los europeos, tan enamoradizos, tan románticos, nos encontramos con un idilio de película de televisión en pleno Caribe. Vamos, que ni Hollywood lo hubiese inventado.

Entonces me parece que la gente, y sobre todo los cubanos –algunos compañeros se me hacen los despistados como si estuviese incitándoles a pecar, salvo una amiga extraordinaria, que ama tanto a su Cuba como creo que ama el amor—tiene que saberlo.

Cubanos de todos los países, lean por favor fb y busquen las cartas del romance cubano, con fotos y todo. No les cuesta un centavo y les va a demostrar que en ese país tan particular, es que no hay más que una Cuba, es que no podría haber dos Cubas aunque fuese voluntad del señorito Donald Trump. Seguro que en Miami no tienen a mano un romance tan bonito. Porque les recuerdo que el galán es nada menos que el periodista más importante de la Isla. De la amada no tenemos datos, pero sin duda que los reporteros de fb pronto lo averiguarán.

No bromeo un ápice. Les hablo muy en serio. Un país que permite que romances de esa envergadura corran por el mundo es un país bueno y generoso.

Por eso les decía, o por lo menos tenía intención de decirles, que en Cuba las feministas no tienen nada que hacer. Pues que viva Cuba, único territorio libre de la influencia de las feministas rabiosas.

Y a quienes se cachondeen por estas 800 y pico de palabras, les deseo los peores tormentos feministas.

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