Cuba, la Red Avispa y Venecia

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Recuerdo aquella entrevista en 2011, cuando Olga Salanueva desgranó un puñado de sentimientos sin suponer que ocho años después la española Penélope Cruz la interpretaría en Wasp network”, thriller sobre una red de agentes cubanos establecida en el corazón del anticastrismo de Miami durante el decenio de los años 90 del siglo pasado. “Los últimos soldados de la Guerra Fría” los llamó el escritor brasileño Fernando Morais. “¿Hasta dónde va a llegar el ensañamiento?”, se preguntó ella en nuestro extenso diálogo en La Habana, en momentos en que su esposo René González –uno de los cinco agentes encarcelados-, estaba a punto de cumplir 15 años de prisión y había sido notificado que debería pasar otros tres de “libertad supervisada” en Miami “por no haber mostrado arrepentimiento”. Él y sus compañeros, también tras las rejas, insistían en que lo hecho estaba plenamente justificado. Bajo la dirección del francés Olivier Assayas, la película sobre la llamada Red Avispa de los servicios de inteligencia cubanos fue presentada el domingo pasado en la Mostra de Venecia, sumando en los papeles protagónicos, además de la española, al mexicano Gael García Bernal, el venezolano Édgar Ramírez, el brasileño Wagner Moura, el argentino Leonardo Sbaraglia y la cubana Ana de Armas.

Contó Salanueva aquella mañana que no olvido cómo conoció a González en La Habana en 1982 –ella era contable en una empresa estatal, él terminaba sus estudios como aviador-; se casaron al año siguiente y en 1996, con su hija mayor, Irma, viajó a Miami a solicitud de René, quien ya monitoreaba en secreto “los planes terroristas que fraguaban” en el sur de Florida “grupos de exiliados radicales”.

En 1997, esos grupos, comandados por el ex agente CIA Luis Posada Carriles –falleció en mayo de 2018 en Miami, donde residía plácidamente-, protagonizaron una ola de bombazos contra hoteles cubanos, con el saldo de un turista italiano muerto y una decena de heridos. En aquel momento, Cuba padecía la mayor crisis económica de su historia por la caída de su aliado soviético y el turismo internacional despuntaba como tabla de salvación. En aquel momento los cubanos entregaron al FBI buena parte de los informes de René y sus colegas a la espera de contener lo que nunca Washington contuvo.

Los tiempos cambiaron y Penélope Cruz –actriz que admiro- asegura ahora que sintió un interés inmediato cuando conoció esa historia propia de la Guerra Fría, aunque requirió un importante esfuerzo para comprender al personaje que interpretaba. “No pretendo juzgarla, solo entenderla” habría dicho en Venecia, según un medio español, mientras otro, francés, atribuyó la dificultad de interpretar a Salanueva a la férrea defensa que hizo la cubana de la revolución. “No comparto su extremismo, no soy de extremismos”, habría declarado la española.

¿Extremismo?

Tres días después de que su esposo René González se negara a colaborar con el gobierno de Estados Unidos –otros cinco agentes lo aceptaron para no cumplir largas penas de prisión-, a Salanueva la encarcelaron tres meses, la deportaron seguidamente y nunca más le permitieron ver a su marido en prisión.

“Yo tenía residencia legal, vivía con él y mis dos hijas, trabajando en telemercadeo y cuando lo meten preso estuve dos años más pasando muchísimo trabajo, pero en libertad, hasta que el 13 de agosto de 2001 lo visito en la cárcel, porque era su cumpleaños, y él me dice que le habían pasado una carta de la fiscalía, a través del abogado, invitándolo a ser testigo del gobierno, pero en el contenido de la carta le recordaban el estatus migratorio de su esposa y que tuviera en cuenta que eso se podía revocar (si no colaboraba). Tres días después me detienen a mí, es decir, ahí comenzó el chantaje”, relató la cubana.

Dos de los cinco agentes llevados a la pantalla grande regresaron a su país tras cumplir sus condenas y los tres restantes -Gerardo Hernández cargaba con la bicoca de dos cadenas perpetuas-, lo hicieron en diciembre de 2014 como resultado del deshielo pactado por los entonces presidentes Barack Obama y Raúl Castro.

Recuerdo que el libro del brasileño Morais –base de la película de Assayas- me lo prestaron y lo leí de una sentada, resta entonces conocer ahora la obra cinematográfica.

 

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