Desilusión

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Es tan pequeñita y tan escurridiza que apenas se ve. La desilusión llega sin que te lo esperes y sin que te des cuenta se te ha colado en el hígado que, como ustedes no lo saben, es donde reside el alma de cada cual, la que manda nuestra vida.Todos hemos tenido tantas desilusiones que pocos serían capaces de contarlas. Desde que una mujer te echa al mundo, sin saber, pobrecita mía, lo que te espera, la desilusión es el padre nuestro de cada día, el que nadie puede evitar, la bofetada maestra que te deja como una vez vi a un boxeador en tiempos en que Alain Delon se interesaba por el boxeo.La primera y más terrible es cuando la mujer que te da el pecho, tu madre, el ama que en tiempos se alquilaba para alimentarte, te lo retira. Es como un orgasmo fallido. Si tuvieses fuerzas le retorcerías el cuello, pero todavía no puedes.El primer beso fallido, mal dirigido, te deja desilusionado y malherido porque no has sabido darle a la moza la voluptuosidad que ella pedía, y que ella conocía por otras experiencias mientras tú eras un novicio, con el prepucio cerrado. Luego, a medida que se crece, a medida que te haces un hombre o una mujer, o ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario, la desilusión es el refresco tibio de cada minuto que respiras,Tontamente, desilusionarse es cuanto se te ha acabado la ilusión, esa serie de cosas que tú creías que tenías en cartera. Hasta que te das cuenta de que no tienes nada. Que te levantas, te duchas y te preparas. Pero no había nada que preparar porque ya has pasado el tiempo de las ilusiones, o al menos así lo crees, y no te queda más que tirarte en el sofá y mirar al mar, que nunca te dará ninguna respuesta.

Pero es cierto que las ilusiones, lo contrario de las desilusiones, pueden manifestarse muy tarde en la vida, simplemente porque una amiga a la que no habías visto desde una eternidad, incluso la creías muerta en tierras lejanas, se te lanza al cuello. No lleva abrigo porque es primavera y el sol es prudente. Entonces sientes todas las vicisitudes de su cuerpo fundido en el tuyo. No es un simple abrazo, tan corrientes en algunos países, es la interpenetración de dos seres que no sabían que estaban hechos el uno para el otro.

Os separáis, y ella vuelve a echársete al cuello, con los dientes fuera de las convenciones, con los brazos que te quieren ahogar, porque no desean soltarte nunca más. Has vuelto a la vida. La desilusión se te ha acabado, ha huido la maldita y os tocáis, os palpáis como si jugarais a la gallinita ciega. Sus manos buscan cada rincón de tu cuerpo y las suyas tratan de romper el modelito de primavera de seda de no recuerdas que modisto que se pliega a tus deseos como si lo hubiesen hecho para eso.

Has vencido la desilusión, de un tiro en la frente.Misma escena, mismo lugar. Ella, la misma, la del abrazo rompedor, te ha visto y anda rápido hacia ti. Te abraza sin haberse quitado los guantes grises que te aprietan pero no te llegan al cuerpo. La sonrisa no es la misma que la tuya. El ilusionado eres tú. La has esperado tanto tiempo. Has esperado tanto de este encuentro. El encuentro final, el de la vida que tú ansiabas. Pero la desilusionada parece ella.

Y llegan las explicaciones. Su aliento te llega a la boca pero no hay pasión, ni siquiera una poquita de compasión.

–Cuánto tiempo –dice ella, siempre son ellas–. Sabes que me casé en Belices y tenemos tres hijos maravillosos, bueno, ya supondrás que todos los hijos son maravillosos. Habías desaparecido tan repentinamente aquella noche en Rio. Creí que no me querías, que ese era tu adiós. Hasta que Fernand, tu amigo, me dijo que habías tenido que volver a Europa sin avisar a nadie, un asunto muy complicado. Y pasaron tres años. Te busqué. Yo también, dijo él. Pero ella no oía. Había perdido, estaba desilusionada, profundamente desilusionada.

Ya ven que mi historieta tiene dos finales, uno felicísimo y el otro catastrófico. Hagan una cosa. O, mejor dicho, no hagan como yo. Elijan la buena solución. Cuando ella se lanza sobre él como para comérselo. Su ilusión ha vencido. La desilusión está tirada en el suelo, ko, y el árbitro ya ha contado.

Has vencido a la desilusión. Hasta el próximo asalto.

×

Hello!

Click one of our representatives below to chat on WhatsApp or send us an email to tonitoboxmail@gmail.com

× ¿Cómo puedo ayudarte?