Muñequitos de trapo

Sergio Berrocal |Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Mueren los niños, que nacen para vivir, como muñequitos de trapo empapados de gasolina. Ni con Herodes ser un crio había sido tan peligroso. Ahora desaparecen tratando de atravesar un océano, cuando todavía no tienen edad para entender que el agua es profunda, asesinados por los malos de siempre –el espíritu nazi sigue existiendo—y también mueren de asco.El niño rey de la casa lo fue en los países más avanzados donde había dinero para comprarles babis para que fueran a la escuela. El niño ya no es rey de la casa. Los exterminan en cuanto pueden. Ya sea que sus padres los meten en una lancha que hace agua para que se busquen una vida mejor, al otro lado del mar, donde la justicia es un poco más justa que la que reina en sus países del Sahara, por debajo del Sahara, por encima, o en América Central. Qué más da. Hay mucho Herodes sueltos por el mundo y los chiquillos sus víctimas propiciatorias. Mueren en esas aguas del Mediterráneo que en esta época del año llenan de gozo a los bañistas, en países del continente africano donde incluso les ponen un fusil en la mano para que maten, porque matando su aprende. Otros están encerrados sobre todo en una tierra que fue de sus antepasados, Palestina, donde hoy reinan malvados soldados pertrechados para una guerra que ellos no quieren acabar.

Pero esos sacrificios de los niños aguados no siempre son vanos. Ahí tienen ustedes a Richard Gere subido en un barco que llevaba migrantes, grandes y pequeños, ¡y a él que más le da!, con su pañuelito al cuello y sus gafas para que no se le estropeen las pupilas de sus ojos ya machacados por los años. Pero ni siquiera esos muchos años de la partida de nacimiento nos hacen calcular el valor de la caradura. Porque si el actor, cada vía más viejo, se hubiese tirado al mar para salvar aunque hubiese sido a una foca y con un poco de suerte se hubiese hecho un rasguño en el dedo chico del pie izquierdo ya había razones suficientes para nombrarlo HOMBRE DEL AÑO. Pero se ve que con la edad se nos va la vergüenza gitana. Qué lástima que no le acompañase el Dalai Lama, que con su eterna sonrisa de a mí me importa todo un carajo, hubiese quedo precioso en la foto.

¿Cuántos son los que en Cisjordania viven para prepararse a morir, o en el mejor de los casos para enseñarse a usar tirachinas contra tremebundos fusiles de asalto que el generoso, el adorable tío Donald Trump regala a sus queridos israelíes para que se apoderen de todo aquel territorio donde hay incluso un muro de separación, igualito que el que el presidente norteamericano querría poner delante de la puerta de la esperanza de los mexicanos, guatemaltecos y otros desgraciados que se agolpan para entrar en Estados Unidos. Para entrar en la tierra del futuro, del futuro pasado porque el Señor Presidente no los quiere, huelen probablemente mal, y son pobres. ¡Qué horror! Nos invaden los miserables y Víctor Hugo ya no está aquí para defenderlos y convertirlos en hombres capaces de defenderse. Pero no quieren hacer la Revolución de Hugo, ni quieren arreglar el mundo. Solo desean poder vivir medio bien, con discreción pero con algo que llevarse a la boca sin tener que mendigar a través del mundo.

Llueve en Macondo. El mundo se derrite en París. Y qué más da.Los ricos siguen teniendo niños, pero niños robustos, bien criados con papillas energéticas de última generación. Y cuando la matriz no funciona se encargan a otra mujer, una más pobre por supuesto, para que lo críe en su barriga hasta que de a luz y lo venda a gente con monay, que es lo que cuenta.En algunos países de Europa los especialistas chillan como locas de Chaillot porque no nacen bastantes bebés y, entonces, quién va a trabajar, quien va a hacer una nación. Y las señoras pudientes alquilan vientres para tener el primoroso bebé que luego exhibirán ante sus amigas. “Yo lo traje de la India, ay, no sabes lo difícil…”Pero pese a que se crían bebés artificiales los niños siguen muriendo, a veces esposados como los malos de las películas cuando no han cumplido siete años. Trump, el hombre que manda en el mundo no quiere que contaminen su querida patria. Trabajo costó ya eliminar a los indios, los únicos nativos de los Estados Unidos. Quedan unos pocos, en reservas, escondidos, para turistas y películas osadas.

Esos niños muertos o con grandes esperanzas de morir también los hay en la Europa civilizada. En España, por ejemplo, el gobierno ha tenido que sacar una partida de dinero importante para que los niños en edad escolar puedan subsistir (comer, vamos) durante los meses de verano, cuando no hay clases. Porque mientras van a la escuela les dan de comer, pero con las escuelas cerradas ni un cachito de pan, oiga. Que se las arreglen. Y se ven o se veían anuncios, porque parece que la vergüenza ahora los esconde, donde una abuelita que cuida a sus tres nietos se sienta con ellos a cenar, algo muy frugal. Y cuando los niños ya han llenado sus barriguitas y ven que la abuela no se ha llevado ni un mendrugo de cuento a la boca le preguntan por qué no come. Y la pobre mujer, que está muerta de hambre, contesta: “La abuelita ya ha cenado”. Mundo imbécil que destroza la esperanza de un mundo mejor con niños nuevos, recién hechos, prestos para la educación para ser alguien. Pero no los dejan crecer. Entre las aguas del Mediterráneo que se los traga de vez en cuando, el hambre, la miseria y los soldados y soldadas israelíes, tan guapos ellos, tan bien vestidas ellas, tan bien alimentados ellos, con buenos filetes que les manda el tio Trump…

Antes se adoraba a Jesús niño, era un símbolo. Hoy los niños pobres, Jesús nació en un pajar, no sirven, no valen para nada. Estorbos que hay que liquidar.Y mientras tanto los poderosos del mundo celebran grandes reuniones para luchar contra la injusticia de que no ganan más todavía, de que no son más poderosos todavía.Matemos niños antes de que crezcan y nos puedan molestar. Ahoguémoslos en el mar, metámosles un balazo entre ceja y ceja, o dos o tres, derrumbamos sus casuchas en Cisjordania, matemos a sus padres o por lo menos encarcelémoslos. Hay que cortar la mala hierba.Amen que dijo el diablo apretándole las esposas en la espalda al chiquilín cuya mamá le había dicho que aquel país donde hablaban otra lengua era el paraíso.

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