Iº Festival Internacional de la Timba 2019

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

(Por siempre Formell)

Del 2 al 4 de agosto se celebró en La Habana Ciudad Maravilla del Mundo, celebrando su V Centenario el 1er. Festival Internacional de la Timba 2019, en saludo al cumpleaños 50 de Los Van Van y al V Centenario de la Ciudad.Participaron la mayoría de las bandas de salsa y timba nacional. Los dos mega conciertos más sonados fueron en el Salón Rosado de La Tropical y la calle 23 (la Rampa) el sábado 3 y, el de La Rampa se pospuso por lluvia para el lunes 5 en la calle de La Rampa (P y 23), donde Los Van Van se estrenaron el 4 de diciembre de 1969.Por supuesto que se organizó un taller “Legado de Formell”, en el centro El Sauce, donde se presentó toda la familia Formell, tres de sus hijos: Samuel (director), Juan Carlos (bajo) y Vanessa (cantante), hablaron de la historia familiar.

Tristemente en el panel dedicado a la timba y Juan Formell no estaban los verdaderos testigos que conocen de cerca vidas y milagros de Los Van Van y la timba cubana. Por suerte, afortunadamente, para contar esa historia se puso a la venta la 2ª. Edición del libro “Juan Formell y Los Van Van, la leyenda” de Rafael Lam.

Para aquellos que no podrán estar presente en el taller, y por adelantado, les hacemos un resumen de la salsa y la timba cubana, tomado del libro Los reyes de la salsa, de este redactor Rafael Lam.

¿QUÉ ES LA TIMBA?

No confundamos la timba con el pan con guayaba, el timbeque (baile de negros ruidosos), el barrio de La Timba o la rumba caliente de siglos pasados, tal como define Fernando Ortiz. La “nueva timba” es una música que marca su inicio en noviembre de 1989, con la gira por los barrios de La Habana, de NG La Banda, la cual impone un nuevo concepto, estilo, timbre y sonido musical. A partir de entonces, José Luis Cortés crea con NG La Banda una marca, una imagen, un empaque respetable.

Lógicamente tiene sus antecedentes en cuatro pilares: Juan Formell con el songo (mezcla de son, yoruba y el pop español, una fusión entre combo y charanga), Irakere (con un formato una front line de metales, golpe en el corazón del bombo y la fusión del jazz con la electrónica, la rumba y tambores batá). Revé con el changuí soneado y rumbeado en las orquestaciones atrevidas de Juan Carlos Alfonso. Adalberto Álvarez con el Son 14 en el renacimiento del conjunto sonero salseado, contemporáneo y más ritmático. Por último, como ya enuncié, en noviembre de 1989 (se cumplen ahora 30 años), NG La Banda hace la más grande revolución musical que haya existido desde 1960 hasta el fin de siglo.

Si queremos remontarnos más atrás de la década de 1960, menciono a otros antecedentes percutidos: desde 1961, los Tambores de Enrique Bonne, con 54 miembros, dieron nueva categoría a la conga con trompeta china y todo. En 1963, la irrupción del ritmo mozambique con Pello el Afrokán. En las fiestas masivas y populares, la línea conguera y carnavalera, con sus percusionistas, influyó mucho en la década de 1960.

Juan Formell me confesó en 1998, en el Festival Matamoroson de Santiago de Cuba: “quien absorbe, agarra, extracta y sintetiza todos los antecedentes de la timba es José Luis Cortés”, unos años después, en un homenaje a José Luis Cortés, Chucho Valdés reconoce también que “es José Luis, quien hace el aporte definitivo, quien universaliza la timba, desde su estancia en Los Irakere”.

Como vemos, la timba de NG La Banda es la culminación de un movimiento musical que venía gestándose años atrás, todo tiene un antecedente. José Luis Cortés (llamado “El Tosco”) es un negro de origen congo, hombre de barrio, –!a mucha honra!– rey de los tumbaos, los montunos, los coros, que se despoja del corsé jazzístico –politrítmico– de Irakere y lo funde con la sencillez bailable de Los Van Van (en ambas agrupaciones tocó José Luis). “El Tosco” impuso la música para bailar, por encima de los intereses de algunos de sus integrantes demasiados dependientes del jazz. “Cambiamos la música intelectual que nos iba a llevar al desastre, nos pusimos en la sintonía de la esencia de las tradiciones cubanas, así ganamos el juego”, dice el Corifeo de NG La Banda”.

Concepto

El primer especialista de música extranjero que comprendió la mecánica de la timba fue el estadounidense amigo de Cuba, Ned Sublette (músico, cantante y especialista de la cultura cubana). En 1991 publica en el influyente New York Times, un respetuoso artículo titulado: “En Cuba sí se baila al compás de la música” –reproducido en Granma Internacional, 27 enero 1991–, en el justo momento en que comenzaba el gran estallido del Boom de la salsa cubana. “NG La Banda goza de virtuosismo, desempeña el papel de orquesta de baile y de concierto; se vale de un antiguo truco: largos y pegajosos montunos, saludando en versos los barrios de la capital”.

El investigador colombiano César Pagano, en la revista 91.9, dic. 1996,  analiza el fenómeno timba: “Manolo Mulet recomienda mantener la cautela al observar la evolución de lo que para él es un  nuevo estilo, y que sólo el tiempo resolverá el enigma de que realmente la timba es un género nuevo de la música cubana… Encuentra ciertas dificultades técnicas, por su intrincada ejecución y orquestación, debido a la dificultad de la transmisión del baile y hasta razones políticas que impiden su propagación por el planeta entero…Posee una atmósfera delirante, vigorosa, con varios estribillos en una pieza que se prolonga como los conjuros africanos que se expanden hasta alcanzar una apoteosis grandiosa que incita a participar al público más exaltado a gozar de Cuba”.

Tan acertada fue esta definición que, en años, que –hasta estos momentos- ninguna agrupación extranjera ha podido tocar la auténtica timba, encontrar la patente, para dominar la insuperable base rítmica del “motor rítmico”, los poderosos montunos y tumbaos del piano, los pasajes alucinantes de los metales del terror. En Cuba, tuvieron que pasar unos dos años para que pudieran dominar el concepto de NG La Banda, solamente lo pudieron iniciar dos integrantes desertores de la banda. El fundamento se encuentra en Cuba.

NG logró una verdadera magia musical, rescata el éxtasis y frenesí colectivos de una música primitiva –vale decir auténtica y natural–, de atmósfera, de ambiente, de clima emocional; música para ser vivida, sentida y sufrida. Se desarrolló en el mundo más humilde, del barrio, del mundo callejero. Es una música de fusión: rumba, guaracha, son y mambo, aderezado con un toque de jazz, pop, rock, rap y el toque caribeño; una especie de funky cubano.

 El motor sonoro es como una máquina de ritmos modernos. Hay aportes en los tumbaos y montunos, muy exactos, que producen una dinámica, un agarre de tremendo atractivo. Esa profesionalidad de la base rítmica es un concepto aplicado a toda la orquesta. La agresividad de la masa orquestal –con pasajes asombrosos de los metales del terror– impresiona y atrapa al bailador con un ritmo nítido, fácil de bailar, pero difícil de imitar. La calidad y la precisión y ajuste de las cuerdas determinan un sello profesional, una responsabilidad del sonido, en el tempo y la métrica de la orquesta; “suena monolítica”, como dice Silvio Rodríguez.

 Los textos son crudos y agresivos, reflejo de los tiempos, una lírica distinta, una poesía que canta “la cultura del ritmo”, utilizando una definición del sabio cubano Fernando Ortiz.

EL BAILE

 Todo ritmo tiene un baile: La timba cuenta con un baile: libre, espontáneo, en solitario –como en África–, aunque muchas veces la dama se pone de espaldas al hombre y bate el llamado tembleque, con una velocidad vertiginosa (llamado el despelote). Tal parece que a los danzantes les ha cogido la corriente eléctrica de alto voltaje. Juan Formell expone que la timba es un ritmo heavy (duro), afro, distinto a la salsita blanca latina.

 ¿Qué aporta la timba?

La timba obligó a los nuevos músicos cubanos a dejar atrás el maleficio del jazz como la música del non plus ultra. Cuba es el yacimiento máximo de timbres del planeta. Demostró que la música cubana podía vencer el bloqueo de los circuitos de la industria musical. La triunfante timba inundó a Europa, Asia y Estados Unidos de Norteamérica. Hizo temblar los rascacielos de los newyores, desde el Lincoln Center o el Carnegie Hall. Cambió la concepción de los estudiantes de nuestros conservatorios: los alumnos comenzaron a preferir los tumbaos de Peruchín, Lilí Martínez y Rubén González a los preludios y estudios de Chopin y los clásicos europeos. La timba fue una moda y un concepto, arrasó con todo. Fue un fenómeno que nos dejó remozados como si asistiésemos a una verdadera revolución musical.

 Montuno fina

 La timba –como sucedió con el mambo de Pérez Prado– tuvo muchos detractores, que nunca faltan. Juan Formell considera que pocas músicas en la historia tuvieron tantos detractores. Estas controversias de alto voltaje –explica Leonardo Acosta– son comunes en la historia de los géneros bailables en Cuba. Se remontan al siglo XIX y tienen sus raíces en los prejuicios raciales contra las expresiones culturales afrocubanas”.

 Todo lo que hasta ahora he resumido es muy fácil redactarlo, pero una cosa es con guitarra y otra es con violín. Pruebe a fundir más de cuatro ritmos y trate de lograr que eso suene bien y sea algo renovador, triunfador y fenomenal.

De cualquier manera, el saldo es descomunal: cientos de agrupaciones nuevas, –muchas de ellas femeninas–, miles de músicos jóvenes, nuevas disqueras generando miles de composiciones y grabaciones de discos, salones nuevos como El Palacio de la Salsa. Giras por todo el mundo, Premios Grammy, record Guinness (“El son más largo del mundo”), un Team Cuba sensacional. Participaron en el despegue, bandas y directores geniales ya establecidos para la historia: Van Van, Adalberto, Irakere, Revé, Dan Den, NG La Banda, Isaac, Paulo FG, Manolín, Charanga Habanera, Manolito Simonet, Bamboleo, Yumurí, Arnaldo y su Talismán. “La música bailable, la salsa, la timba, no mueren, están en el corazón del pueblo cubano” (Juan Formell).

 

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