Una historia del Bronx

Sergio Berrocal Jr. |  Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Por aquel entonces yo vivía en una ciudad que muy poca gente conocía llamada Brasilia. En aquellos años y lejos del argumento de aquella fabulosa película dirigida por Robert De Niro “Una historia del Bronx”. Se puede decir que tuve la suerte o la desgracia, según se quiera mirar, de poder conocer a aquellos que hoy conforman el Club de la Jet Set del artisteo internacional. En aquel entonces yo era un simple estudiante de periodismo que cursaba en la facultad de comunicación social en la Universidad Nacional de Brasilia en la capital del país. En aquellos años noventa tenía la costumbre de reunirme con una pandilla de amigos de origen latinoamericanos que al igual que yo cursaban sus estudios en aquella tierra prometida. Seguramente hoy más de uno los denominaría como los hijos de papá que fueron a tierra santa lejos de los suyos en busca de aventuras; pero lo cierto es que allí se forjó lo que muchos estudiantes apodaron “el Clan de los consigliere”.Obviamente para quien no sepa de lo que va el asunto le sonara a alguna novela de Mario Puzzo o a algún clan mafioso, pero en la realidad no era así.  Lo que se denominó como “el Clan de los consigliere” fue un grupo de amigos metidos en el mundo tan particular de las embajadas que gracias a ello se empezaron a organizar en suelo brasileño lo que hoy se conoce como las fiestas latinas.

De hecho, la primera fiesta que se dio en aquella ciudad del sueño y que hoy está entre las manos de un loco extremista fue gracias un flaquito con gafas y pelo al viento llamado Marc Anthony, el cual era primo hermano de uno de los nuestros.Gracias a ello se nos abrieron muchas puertas y podemos decir que el mundo de la política fue una de tantos, aunque no la más importante.Pero sin embargo fue aquella noche que escuche a aquel tenor hablar de una bailarina de origen boricua que literalmente le tenía loquito.

Aquella boricua no era otra que Jennifer Lynn López, la misma que hoy se hace llamar JLO y va de diva queriendo emular a Aretha Franklin o Whitney Houston sin saber cómo hacerlo. Nativa de Nueva York y de ascendencia puertorriqueña aquella muchacha que presume de conquistas caribeñas y de su sangre latina no solamente vive enfrentada con Salma Haykes quien aún siendo el emblema de Veracruz es una ferviente defensora de la lengua castellana. Y sin embargo la López apasionada por la exquisitez de los habanos no solamente desconoce la lengua castellana, sino que no articula palabra.

Al menos que desde entonces haya aprendido algo de español, lo cual desconozco, como tan poco sé si tiene idea de dónde está España. Lo cierto es que la pequeña del Bronx apareció en televisión española hablando ingles sin pedir disculpas por no saber ni una papa de su propio idioma. A pesar de ello un pueblito de la costa española sureña cuya temporada de verano está en pleno auge ha encontrado la forma de concertar un concierto con la muchachita del Bronx.

Bajo una gira llamada “It’s my Party” la López se presenta en este pueblecito pescador después de haber cobrado supongo su pequeño caché que ronda una suma agradable. La mal llamada diva, quien llego al aeropuerto de Málaga en su Jet privado en compañía de sus bodyguard, debe creer que esto es el Madison Square Garden y que Kevin Costner la va a salvar del malo malísimo porque si no, no se entiende cómo llegó a esta pequeña aldea frente a África del Norte. Las malas lenguas dicen que el contrato se ha podido realizar con éxito porque el productor de Jennifer López reside en el pueblecito y otros dicen que los habitantes de dicha aldea quieren jugar a ser famosos. De hecho, los ediles y miembros políticos presumen que este concierto que será el único que la cantante esta dará en España. Sin querer importunar, señores. La chiquita no es Aretha Franklin, mejor haber llamado a Paquito el chocolatero. Al menos que esto sea una estrategia para situar al pueblecito de Fuengirola en el mapamundi.

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