Cuba, en otro aniversario

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

Como todos los días, el reloj lo sacudió a las 6 y 30 de la mañana. Comenzó el rito de hacer café bien fuerte y acto seguido prendió la televisión para conocer lo que acontecía en la lejana localidad de Bayamo, oriente de la isla, desde donde era transmitido en vivo el acto central por el aniversario 66 del inicio de la revolución. Allí, junto al presidente Díaz-Canel, de 59 años de edad y orador principal por primera vez de este tipo de ceremonia, las más destacada en el santoral político del país, estaban algunos de los sobrevivientes de la arrancada a tiros –Raúl Castro incluido- , todos octogenarios y confiados todos, según dijeron, en que pese a las adversidades –Estados Unidos “nos quiere cortar la luz, el agua y hasta el aire”, afirmó el mandatario- , la isla mantendrá el mismo rumbo trazado después de la victoria. Instintivamente se rascó la cabeza blanca en canas y en silencio, mientras seguía lo que ocurría allá, se preguntó por qué sería él menos optimista.  Supuso que el conservadorismo se había arraigado en sus huesos al reportar por oficio el día a día nacional; que a los 73 años se había vuelto menos romántico, y hay que ser romántico para creer en utopías, y de pronto recordó que su vida, como la del país, había sido un torbellino desde aquel enero de 1959, cuando todo comenzó; torbellino al cual él y su país, aunque con heridas, sobrevivieron para seguir soñando, y también en silencio dejó escapar una sonrisa.

La administración de Donald Trump “ha comenzado a actuar con mayor agresividad para impedir la llegada de combustible”, dijo Díaz-Canel, coincidiendo con la entrada en vigor, igualmente hoy, de otras prohibiciones de Washington a fin de “ahogar la economía nacional”, según las palabras del mandatario cubano. El Departamento de Estado EU prohibió que los estadounidenses hagan negocios con dos hoteles e igual número de casas editoriales cubanas, con lo que elevó a 200 las entidades nacionales sometidas a similar sanción. “Las presiones sobre Cuba aumentaron mucho desde enero y seguirán aumentando, y hemos dejado claro que se debe a sus acciones en Venezuela”, de apoyo al presidente Nicolás Maduro, informó por su parte Elliott Abrams, a quien Washington ha nombrado “enviado especial” (¿?)  para el país suramericano.

La televisión transmitía en vivo, el calor aún no golpeaba a la región más caliente de la isla y el mandatario continuaba dirigiéndose a la nación. Washington “ha escalado el asedio que sufren todas las operaciones comerciales y financieras” de Cuba, dijo e informó que solo entre marzo de 2018 y abril pasado el bloqueo estadounidense dejó pérdidas por cuatro mil 343 millones de dólares. Balance que no incluye las afectaciones ocasionadas poco después de abril, cuando EU prohibió que compañías de cruceros estadounidenses tocaran puertos cubanos, como hacían desde el deshielo con La Habana iniciado por la anterior administración de Barack Obama. El turismo es la principal fuente de ingresos de Cuba y esa prohibición frenó la aspiración de alcanzar este año la cifra de cinco millones de turistas y recibir, entre ellos, a 500 mil estadounidenses. “Son estas restricciones las causas principales del desabastecimiento de alimentos y combustible”, prosiguió el presidente e instó a los cubanos a unirse en torno a su gobierno sin abandonar “el curso escogido” dsde 1959.  “Bajo presión, ¡no nos entendemos!”, le dijo a Donald Trump y profetizó: “El mundo verá lo que somos capaces de hacer y nos acompañará en nuestra resistencia”.

Cometió el error de no tomar el tiempo que duró el discurso –siempre lo hacía, consideraba que así le daba una precisión de color a este tipo de nota- y cuando se sentó a escribir, dejó a un lado dudas, emociones, preferencias, y experimentó serenidad.