Lo mejor del arte de la calle

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

En diversos ocasiones he publicado acerca de la conveniencia de llevar lo mejor del arte cubano a la calle, el pasado fin de semana, el presidente Miguel Díaz-Canel se ha pronunciado en ese sentido. En verdad el arte nació en la calle, en Santiago de Cuba, la pasada semana se celebró otro evento de El bolero en la calle. El bolero nació en las calles de Santiago, en los parques, cafés, serenatas, fiestas. Santiago, en los fines de semana pone el arte en las calles y parques, en la Plaza de Marte, en el Parque Céspedes. Quizás  haya que aprender las experiencias del arte calle de Santiago de Cuba. De eso también publiqué algunas crónicas de mis visitas a la hospitalaria ciudad. Esta práctica de crear el arte en la calle no es de ahora, es de larga data, de lejanos tiempos. El arte nació en las aldeas, cavernas, aldeas, plazas públicas, parques, dentro del pueblo.El teatro, sea su origen popular como la Commediadellárte italiana, cortesano como el Jon irlandés, ritual como el africano, religioso como los autos medievales europeos o, incluso divino como el Kathakali indio, el teatro y mucho del arte ha sido siempre la expresión concentrada de una cultura que arranca con los mitos populares callejeros, las leyendas, las costumbres, los modos de vida y las experiencias históricas de los pueblos. Incorpora y se apropia de todas las formas de expresión  y de comunicación humanas. Esa historia del artista que va por el mundo solitario, con la frente en llamas que describía en Europa Freiligrath es ya, historia del arte como adorno y exclusivismo de la torre de marfil en la aristocracia del arte. En los tiempos modernos el artista es un heraldo, un pregonero de los sentimientos más altos y profundos que brotan del alma humana en busca de expresión.

Levin I. Schucking, escribió que “es propio del temperamento artístico mitigar la desagradable sensación de un fracaso echando sin más la culpa a los otros, acusándolos de mal gusto”. Voltaire toma muy en cuenta el gusto público masivo y Chaucer tenía como la cosa más natural del mundo corregir sus manuscritos para adaptarlos al gran público en las calles, plazas y parques. Los libros, el teatro, la música, el espectáculo, el happening deben salir pronto a la calle. Jean Paul Sartre decía: “Los libros y el arte en general hay que consumirlos inmediatamente como los plátanos, para poder apreciar todo su sabor”. Hace mucho tiempo, más de medio siglo, a fines de los años 60, Rainer Werner Fassbinder trabajaba en Munich con su conjunto teatral ofrecía representaciones en sótanos, guardarropas y boleras. Y Pip Simmons formó una compañía para poner en escena una serie de obras haciendo el portable Theatre, una compañía que se representaba en lo que podríamos llamar espacios no teatrales. Peter Brook con un grupo internacional llevó su tropa a las aldeas africanas, haciendo un tipo de teatro inmediato, un nuevo lenguaje para un espectáculo que logra abolir todas las diferencias de raza, lengua y tradición cultural comprensible para cualquier ser humano, mas allá de las fronteras lingüísticas y culturales. Tenían el lema de que el teatro está en la vida y la vida en el teatro. La calle es un marco para la para la convivencia, el hábitat humano nace en la calle y crece en el barrio que ésta atraviesa. Hace 30 años exactos la Unesco se propuso revivir la “Memoria de las Calles” (memoria del mundo). La idea original fue de Robert Delpire, llevaron la vida de las calles a estaciones de metro, esquina de las calles y principales arterias. Eusebio Leal ha hecho mucho en ese sentido; pero La Habana va más allá del Centro Histórico, también tenemos La Rampa (L y 23), 23 y 12, Cuatro Caminos, Prado y Neptuno, San Rafael y Galiano. Hay que sacar el arte y revivir las calles de La Habana en este V Centenario y para siempre.Desde la etapa de la colonia, La Habana se llena de retretas, las que ocupan el lugar de nuestras vidas”, según describen los cronistas como J.L.M. Wood (1871).

Alejo Carpentier cuenta en una de sus conferencias la vida alegre que existía en la década de 1920, en la zona del Paseo del Prado, sobre todo en la zona de los teatros, en la Acera del Louvre. No olvidemos, lo he difundido hasta en los libros, una de las zonas más bellas y apreciables de todo el continente es toda el área que comprende el Paseo del Prado, desde la Fuente de la India hasta el Malecón. Recordemos la zona de los Paraguitas, entre el hotel Saratoga y el Capitolio, reconocido como los Campos Elíseos de La Habana. La Habana está llena de apropiados espacios para mostrar y revivir retretas o verbenas, exponer las orquestas charangas que provienen de la colonia y que muchos visitantes quieren ver y escuchar y no la encuentran por ninguna parte. En cualquier ciudad que visitemos la música está en la calle, en los metros, en Manhattan, en la Séptima de Bogotá, la Plaza de las Tres Culturas en Ciudad México, donde los mariachis no cesan de tocar. Unos músicos tocan para sobrevivir, otros por divertimento; pero todos van a las calles. Soy partidario de que la gente baile en ese amplio y bello Paseo del Prado, cuando toca, a veces, la danzonera de Ethiel Failde. Pero eso no puede ser de vez en cuando, todos los días tiene que mostrarse la música que tenemos que sobra y, a veces no tienen dónde presentarse. Nunca es más bello un pueblo que cuando baila, la gente vibra con la alegría que expanden los cubanos. Precisamente a eso vienen muchos turistas, a ver y compartir la alegría de los cubanos en su vida cotidiana.

Lo ancho de la ciudad, el sofocante calor, las dificultades del transporte, hace que mucha gente no acuda a los teatros. Nunca los teatros darán abasto a dos millones de ciudadanos que tiene la capital, sin contar la población flotante. Por eso hay que llevar el arte a todas partes. Crear espacios, habilitar nuevos lugares para la diversión masiva de los jóvenes y de todo el pueblo. Lo mejor del arte, debe ir a la calle, estamos de acuerdo.