Cuba, aumento de salario y desidia

Manolo Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Aquí hay chistes que además de generalizar la risa se asumen en serio. “El Estado hace como que nos paga y nosotros hacemos como que trabajamos”, dice uno de larga data, sintetizando otra de las ecuaciones dramáticas de Cuba, donde los empleados estatales son mayoría: bajos salarios, casi nulo poder de compra del peso nacional, en el que cobra la mayor parte, y alto costo de la vida. Sociólogos y economistas aseguran que de esas desproporciones parten la desidia y la improductividad desbordadas en un país que desde hace 60 años busca ordenar la sociedad sin que determinen los ricos, como es norma generalizada en el planeta. Para los que nunca creyeron en la utopía o se cansaron de creer por el camino, seis décadas son suficientes para decretar el fracaso absoluto de la aventura, y quienes por el contrario mantienen su apuesta saben que seguir adelante implica el empuje de muchos -de la mayoría- y que la desidia resta, no suma, cuando lo alcanzado es bastante menos que lo que falta y crece el interés de Washington por ahogar la alternativa cubana.

Y en busca de espabilar voluntades va dirigido el aumento salarial que entra en vigor este mes en el país –en ocasiones hasta tres veces más de lo que se percibe hoy-, que beneficia a 2,5 millones de cubanos, entre ellos maestros, médicos, científicos, barrenderos, fiscales, jardineros, periodistas y dirigentes. Los administradores del presupuesto estatal aseguran que todo ha sido calculado al detalle para cubrir el alza sin inflación, sin anular la salud y la educación públicas, ni las políticas de seguridad social vigentes. El titular de Economía ha dicho que no habrá aumentos de precios en los mercados minoristas, que se diseñan nuevas ofertas de producción y servicios –incluido el turismo nacional- y se aplicarán otras medidas, quizá hasta la instauración de algo parecido a una zona franca con precios competitivos, en la que los nacionales con divisas fuertes –sobre todo los usd que llegan como remesas- puedan comprar aquí lo que hoy gastan en mercados distantes como Panamá o México para después revender en la isla, haciendo de ese comercio su modo de vida.

Todo lo anterior, también han adelantado los que mandan, es el anticipo de una reforma general de salarios, precios y subsidios, así como de la eliminación de la doble circulación monetaria, es decir de pesos nacionales, en los que cobra la mayoría, y de pesos convertibles, que valen 24 veces más que el nacional, a los que acceden menos y determinan el alto costo de la vida.

¿Será suficiente este aumento salarial para despertar voluntades, cuando el alza todavía queda lejos de las necesidades cotidianas?.  ¿Serán inamovibles el desencanto y el cansancio ?.  La respuesta la desconocen hoy hasta los adivinos de lujo, pero aflorará, llegará de la mano del día a día como ocurre en cualquier parte. No obstante, de momento, la cotidianidad sigue apabullando. Cinco libras de tomates de ensalada rojos –estoy obligado a consumirlos por prescripción médica- me han costado 200 pesos (mi jubilación, también beneficiada por el aumento, llegará a 340 pesos mensuales) y adquirir dos neumáticos que le urgen a mi auto demanda unos cuatro mil 800 pesos (equivalentes a unos 200 usd), de ahí que, de momento, solo cumpla a duras penas con la dieta.

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