Robo Hood el Indecente

Por Mauricio Escuela | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

¿De qué hablamos cuando se dice que la indecencia es un flagelo?, no se trata de la restauración de la vieja moral, ya sea burguesa o feudal, donde los hombres y las mujeres tenían papeles bien fijados en el horizonte de la hipocresía y nadie debía apartarse de ese carro de la Historia, so pena de perecer. Varias novelas de la era moderna juegan con ese algoritmo, donde los personajes, luego de una peripecia alentadora en contra de los avatares del momento, caen en la desgracia y pagan con una vida en el desahucio. Decencia en esas obras era lo mismo que moral, y esta última equivalía a prejuicios, por lo que se trata de una noción que debe contextualizarse, situarse en la historia concreta que vivimos. Existe, no obstante, un concepto central, aquel que establece como normativas democráticas de convivencia la no injerencia en el otro. Y si la decencia queda pactada como una pauta común, se deberá respetar tal y como se entiende en ese momento de la historia, aunque haya espacios para el quiebre de esos paradigmas por ejemplo en las artes, o cualquier faceta vanguardista. Entonces cuando se habla del flagelo de la indecencia, se alude a esa capacidad desbordada de estos tiempos donde unos se meten en el espacio de los otros, rompiendo sus pequeños paradigmas de convivencia, de respeto por lo elemental en la vida. El hombre es él y su circunstancia, se trata de una existencia en conjunto, por eso se llama sociedad y no colectivo, grupo, ser individual. No es el retorno a los viejos valores a los cuales ya el tiempo les pasó factura, sino de unos que con mucha vigencia garantizan la cohesión a partir de la particularidad, del deseo de cada quien de respirar en un pequeño espacio de vida, donde valen las verdades grupales e individuales.

Así mientras unos oyen al Micha, otros van al Teatro Nacional, y ambas existencias son válidas, sin que rompan unas la dinámica de la otra. Hay por otro lado comportamientos, cuya esencia es solo molestar al espacio que sea, y los vemos en las redes sociales, a partir de troles, monstruos indeseables, enmascarados de oscura data y obra imprecisa. En este último escenario, sí cabe la palabra indecencia como una condena total y rotunda y no como un cliché a debate. Por este tipo de personas, el mundo es inmundo, o sea su contrario y tenemos que analizar que es el único que existe para vivir todos, al menos por ahora.

El indecente quiere robarse todo el oxígeno, visibilizar su barruntada, que las redes digitales y de vida mueran ante su presencia, a eso le llama “periodismo” o “justicia en nombre de la moral auténtica”, pero en realidad se trata del mismo paparazzi de siempre, solo que más roto, más al borde de ser barro, más a la deriva. En ese robo de identidades, de decencias ajenas, en esa compraventa, el indecente se erige él mismo como Robin (¿o Robo?) Hood de los nuevos “pobres en información” y los “salva” de un clic, con su nueva decencia basada en la invasión, en la indecencia total. De pronto es Julian Assange (en sus propias ideas distorsionadas) o algo así, este Robo Hood, este ladrón del espacio ajeno, este mercader de mentiras.

La decencia hoy es el respeto por las nociones de decencia y la indecencia, es el robo de esos espacios que tanto la ley como el consenso sí tienen en cuenta. A eso hay que ir, cuando se analice el flagelo, la marca, a las esencias que deben establecer el pluralismo real de una vida auténtica. No se trata de que se cierren canales novísimos de disfrute y consumo, sino de que esos no intervengan en lo que otros piensan, sienten, son, sobre todo porque por lo general el indecente es solo un comprador de turno, que piensa en llenarse a costa de la vergüenza ajena. Será bueno You Tube, pero no muchos de los que lo usan para denigrar, meterse en la casa ajena, ofender a tu madre, tus hijos, la novia, el amigo, chantajear.

El indecente es ese Robo Hood que te roba, esa es su esencia, y luego te dirá que es creador, que encarna un nuevo tipo de moral, un paradigma que viene a establecerse en el nuevo mundo de la comunicación. Los medios masivos, aquellos que antes estaban sujetos a las leyes y a veces las transigían o no, son ahora azotes en las espaldas de todos los ciudadanos, cuando tengan información susceptible de convertirse en viral, a cambio de unos cuantos clics-dinero. Ese indecente, perdió su esencia humana, y por lo general es un personaje que va a lo suyo, sin importarle si los valores que pregona son justos, establecen un equilibrio, garantizan una salud mental.

Lo verá mucha gente, pero eso no lo hará gente y muchos hasta lo verán y sentirán vergüenza por él, por ellos mismos, por todo, es la decencia que actúa como un ser en sí mismo.  Se trata del nuevo paradigma, el que muchos sufren a pesar de los morbos que los llevan hacia las redes, donde llueven las nubes radioactivas de un Chernóbil sin final, o que parece sin final. “Esto es palante y que pare el que tenga freno” dice el indecente, o vocifera, depende de la indecencia que suelte.

El Marqués de Sade se preciaba de ir contra la decencia de la época, pero sus obras, más allá de morbo, proponen un tipo de moral alternativa a la del tiempo, en cambio Robo Hood lo que hace es no colocarnos caminos, lleva tiempo robándoles a los pobres, para cogerse él mismo el dinero, la imagen, la ética, la decencia…

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